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domingo, 6 de noviembre de 2011

Fire in Two Hearts--cap--19-FIN


Miley había acertado de lleno y casi se sentía decepcionada de que todo hubiera sido tan fácil.
-Entonces, ¿has sido tú la que has enviado esas fotografías?
-En efecto -asintió Selena con frialdad-. Aunque debes saber que, fuera de esta habitación, lo negaré delante de todos. Pero te has interpuesto en mi camino y estoy harta de que Nick juegue conmigo. Hace dos semanas me prometió que se divorciaría de ti para casarse conmigo, pero ahora me ha dejado de lado por... cuestiones de dinero, claro.
-¿Cuestiones de dinero?
-Al no haber firmado un acuerdo prenupcial, si se divorciara de ti, perdería la mitad de su fortuna.
Miley dudó. No había sabido nada sobre su posición en el divorcio hasta que Lucas Grabell se lo había aclarado. Y aquella mañana, en el despacho de Nick, había visto cómo un hombre deseoso de quitársela de en medio se había convertido súbitamente en el mejor de los amantes.
-Tengo que añadir -prosiguió Selena - que he sufrido mucho viéndome obligada a tener que ocultar nuestra relación hasta que Nick consiguiera hacerte renunciar por escrito a tus derechos. Pero entiendo perfectamente que un hombre tan acaudalado se resista con uñas y dientes a verse desposeído por una esposa avariciosa.
-Pero, por lo que veo, no has sido capaz de esperar a que yo renunciara a todo.
-Estoy cansada de tener que mentir a todo el mundo -explicó Selena -. Ha llegado la hora de que la gente se entere de la verdad.
-¿La verdad sobre tu noviazgo de dos semanas con mi marido en San Esteban?
-Nuestra relación empezó mucho antes de que tú te marcharas, si ese dato te interesa. Además, vino a visitarme a los Estados Unidos –Miley recordaba esos viajes perfectamente-. Esas dos semanas en España no son las únicas que hemos pasado juntos. No quiero herir tus sentimientos, pero si quieres conocer toda la verdad, debes saber que ayer estuvo conmigo durante la siesta. Tenemos un apartamento en Atenas donde nos reunimos casi a diario.
-¿ También hay pruebas fotográficas de esos encuentros?
-Si las necesitas, las habrá.
-Estoy segura de ello -repuso Miley sacando sus ampliaciones y depositándolas sobre la mesa que las separaba. Selena no se dignó a mirarlas, convencida de que eran las mismas fotografías que ella había enviado.
-Selena , no eres más que una convincente manipuladora -anunció Miley-. Adoras la mentira y te divierte jugar sucio con los sentimientos de las personas. Manipulaste a Demi para poder viajar a España. Manipulaste a mi madre con tu fingida hospitalidad. Y ahora quieres manipular a toda la alta sociedad griega. Nick ensalza tu capacidad de organización, lo cual no es precisamente un cumplido para una mujer enamorada, ¿o sí? -Selena se puso rígida-. Sin duda, eres capaz de montar una gran fiesta -se ensañó Miley-. Sin embargo, cuando Nick me ve a mí, me insulta y me amenaza, pero cuando hacemos el amor, ambos perdemos por completo el sentido de la realidad y nos instalamos en un paraíso que tú nunca conocerás. Después, nos dormimos abrazados. No así -puso un dedo en una de las fotografías-, cada uno en un extremo de la cama.
Selena ni se inmutó. Ahora que Miley  había atraído su atención a las fotografías, le mostró otra.
-Gracias a Dios -prosiguió Miley-, Nick conserva aún todos los dedos -dijo señalando el punto donde uno de ellos faltaba, en una mano que supuestamente acariciaba el vientre desnudo de Selena , apoyados en la barandilla, sobre la cubierta del yate-. Además, si hubierais estado los dos de pie, tu cabeza habría llegado hasta la mitad de su pecho, no hasta la barbilla. Por si no lo sabes, debo advertirte que eres una mujer bajita. Cuando se hace un montaje fotográfico, hay que asegurarse bien de que no quedan cabos sueltos, como, por ejemplo, esta barandilla que se interrumpe de repente sin ninguna razón aparente. Has jugado bien tus cartas, Selena , pero has olvidado un pequeño detalle: yo soy fotógrafa y sé distinguir lo verdadero de lo falso.
Selena se mantuvo impasible, lo cual sorprendió mucho a Miley, que estaba convencida de haber aportado pruebas suficientes como para que esa maldita bruja se viniera abajo.
-Eres más tonta de lo que pensaba, Miley-dijo-. Siempre he sabido a qué te dedicabas, y estas fotografías nunca han pretendido pasar por verdaderas. De hecho, era necesario que fueran falsas para desencadenar un auténtico escándalo. Solo pretendía darlas a conocer y, después, sugerir que las habías preparado tú misma con el fin de afianzar aún más tu posición durante el divorcio. Estarás de acuerdo conmigo en que eres la persona mejor cualificada que conozco para hacer algo semejante.
Miley se quedó atónita ante la serena seguridad de esa mujer. Aún estaba convencida de tener la sartén por el mango y, probablemente, era incapaz de ver la realidad.
-Existe un pequeño impedimento para que tu plan siga adelante, Selena , y es que yo no tengo la menor intención de divorciarme.
-Pero... ¿estás segura de que Nick te quiere o piensas que solo desea proteger sus intereses financieros?
-La quiero -dijo una voz aterciopelada.
Las dos mujeres levantaron la vista y se encontraron a Nick apoyado sobre la jamba de la puerta, como si llevara en esa posición largo rato.
-Adoro a Miley cada minuto del día. Y me parece que tú vas a tener que enfrentarte a un serio problema, Selena. ¿Nos vamos? -añadió mirando a Miley.
Ella no lo dudó ni un instante y lo siguió. Pero Selena no estaba dispuesta a ceder tan rápidamente.
-El hecho de que esas fotografías sean falsas no significa que no nos hayamos acostado juntos. Díselo, Nick, cuéntale cómo fueron las noches que pasamos juntos en el yate. Explícale que tu madre la considera una fulana y que tu hermana Demi no la puede ni ver. Díselo. Dile que toda tu familia sabe que tuvo un idilio con otro hombre mientras vivía contigo y que todos sospechábamos que el hijo que iba a tener no era tuyo.
Miley se quedó de piedra mientras sus húmedos ojos buscaban la verdad en la mirada de él. Deseaba que dijera una sola palabra a la que poder agarrarse, pero él había palidecido y se mesaba los cabellos con dedos temblorosos. Se negó a mirarla.
-Vámonos de aquí -repitió Nick con tono ronco.
Pero había llegado otra persona. Era Demi, con el rostro tan pálido como el de su hermano.
-Selena, detente -suplicó Demi-, no entiendo cómo...
-No me importa que lo entiendas o no. Tus hermanos han abusado de mí y no estoy dispuesta a tolerarlo.
-¿Mis hermanos?
Selena había perdido por fin los papeles y estaba mostrando la parte más agria de su carácter.
-Me he pasado toda la vida viendo cómo tus hermanos te mimaban hasta la exageración -prosiguió  Selena-. No tienes ni idea de lo que supone verse constantemente rechazada. Mi padre me ha rechazado siempre porque no era el hijo varón que deseaba. Tu hermano me rechazó cuando terminó de jugar conmigo...

-Selena, yo nunca...-intervino Nick. -tú no! ¡Troy! Troy me rechazó hace cuatro años. Me dijo que éramos demasiado jóvenes para saber lo que era el amor. ¡Pero yo sí sabía lo que era el amor! Esperé y esperé en Estados Unidos a que viniera a buscarme, pero no lo hizo -dijo con amargura-. iA cambio, viniste tú, trayéndome el saludo de tu hermana y de tu madre, pero no el de Troy! Así que volví a Atenas para ganarme su amor, pero cuando llegué ya se había prometido en matrimonio con Gabriela. Sufrí lo indecible, pero al cabo de unos días, me acordé de ti, que llevabas mucho tiempo en España con el corazón roto. Y pensé: ¿por qué no nos consolamos juntos? Y tú te lo pensaste, lo sé. Puedes mentirle a tu mujer todo lo que quieras, pero yo sé que pensaste en casarte conmigo. Incluso avisaste al tío Takis para que te preparara el divorcio! -Así que Takis ha roto el secreto profesional –murmuró Nick. -¡No! ¡No he hablado de este tema con nadie! -Entonces, ¿cómo sabes que no había acuerdo prenupcial? -preguntó Miley incisivamente. Selena se quedó sin saber qué decir, buscando en su mente imposibles mentiras que la sacaran del apuro. -Creo que esto ya ha llegado demasiado lejos -dijo una nueva voz que pertenecía al padre de Selena -. Supongo que ya te has ocupado de que ningún periódico publique esas fotos, Nick-inquirió apesadumbrado. Nick asintió con una ligera inclinación de cabeza-. Entonces te ruego que abandones mi casa. El señor Christophoros parecía haber decidido que su hija ya había hecho demasiado daño en un solo día. Hicieron el viaje en completo silencio. Demi parecía atónita y abatida y Nick la llevó a casa. Cuando salió del coche, se volvió un momento y dijo: -Lo siento, Miley, jamás pensé... -Déjalo para más tarde, Demi, Miley y yo tenemos que hablar a solas. -iPero todo ha sido culpa mía! -sollozó su hermana-. Siempre la he animado a que se casara con uno de mis hermanos... -Son cosas de la adolescencia, no le des mayor importancia –repuso Nick. -¡Le dije que odiaba a Miley! Le dije muchas cosas y ella las ha utilizado para manejamos a todos. No sabéis lo culpable que me siento... ¡Pero os aseguro que no sabía nada de su historia con Troy! -insistió Demi. -No fue nada importante, se vieron un par de veces mientras tú estabas en la universidad, pero a Troy no le gustó que ella se mostrara tan posesiva con él y la olvidó. Ella se lo tomó muy mal y su familia tuvo que llevársela a Estados Unidos para que se calmara -explicó Nick-. y te sugiero, Demi, que no le hagas ni el menor comentario a Troy, no creo que sea el momento adecuado. Demi entendió y se acercó a Miley para despedirse. -¿Crees que tú y yo podremos empezar de nuevo? -preguntó, poniendo una mano sobre su brazo. Miley se mantuvo en silencio. Todo el mundo quería empezar de nuevo, pero... ¿cuántas mentiras y cuántas verdades tendría que escuchar durante los próximos días? ¿Cuándo podría volver a confiar en todos ellos?
Sin embargo, levantó la cara y sonrió a Demi. -Por supuesto -dijo mientras Nick encendía el motor del coche. Su hermana se apartó, pálida y nerviosa. Miley tuvo el tiempo justo para cerrar la puerta antes de que el coche partiera a toda velocidad-. ¿Se puede saber qué es lo que te pasa? -lo reprendió, enojada por su forma de conducir. -Si piensas ponerte a llorar, prefiero que lo hagas en un lugar donde pueda consolarte. -No voy a ponerme a llorar. -Eso cuéntaselo a alguien que no te conozca como yo. ¡Nunca me he acostado con ella! –gritó mientras conducía salvajemente-. Me gustaba, pero ahora sé que tiene el corazón envenenado -dijo mientras se mesaba los cabellos con una mano. Miley agarró el volante instintivamente-. No hace falta que hagas eso, no quiero tener un accidente. -Pues aminora la velocidad. El coche frenó en seco a poca distancia de la casa con gran estrépito e Miley estuvo a punto de estamparse contra el parabrisas. Las emociones se sucedían con rápido descontrol: furia, angustia, enfado, incredulidad y frustración. -¿ Quién te crees que eres, Nick? Primero me insultas en tu sala de reuniones, luego me sigues por todo Atenas, cambias de opinión sobre el divorcio y todo el mundo habla de que has decidido volver a casarte, aunque tienes que seducirme primero para salvar tu fortuna. Y, finalmente, tengo que enfrentarme con esas fotos y con esa mentirosa. -Es una mentirosa, lo sabes. -Es cierto, pero... ¿piensas que no ha conseguido hacerme daño? -preguntó Miley, dejando que las primeras lágrimas corrieran por sus mejillas-. Me da la impresión de que estamos viviendo la misma tensión queme llevó a huir de aquí hace tres años. -¡No es eso! -¡Pues tiene el mismo sabor amargo! Creo que ya he perdido todo interés por ti... -¡No sabes lo que dices! -¡Explícame esa historia del amante del que me habría quedado embarazada! Se hizo un imponente silencio y una Merced plateado se detuvo junto a ellos. Theron y Monique iban en él. -¿Pasa algo? -preguntó Theron-. ¿Podemos ayudaros? -¡Sí! -gritó Miley, metiéndose en el asiento trasero del Mercedes-. ¡Vámonos! Theron estaba estupefacto, pero hizo lo que se le pedía. Nick vio desaparecer a Miley anonadado. ¿Cómo se las arreglaba siempre esa mujer para largarse en cuanto aparecía un problema, dejándolo plantado como si él fuera el egoísta más grande del mundo? Porque lo era, le dijo una voz interior. Había apostado por jurar que jamás se había acostado con Selena sin reparar en la importancia del resto de los temas. El acuerdo prenupcial. el hijo no deseado... ¿Pensaba quedarse ahí parado mientras ella terminaba de hacer su equipaje? Debía haberse vuelto loco. pensó, arrancando impetuosamente el motor de su coche. Se dirigió al dormitorio de invitados y la encontró allí, mirando por la ventana con los brazos cruzados, esperándolo se dijo con satisfacción. -Nada de lo que esa mujer ha insinuado es verdad. Jamás he pensado que me hayas sido infiel. El único contrato matrimonial que tú y yo tendremos tendrá que ser escrito con mi sangre en mi lecho de muerte. Puesto que no pienso abandonarte hasta que la muerte nos separe. Y yo no te perseguí te seguí como un perrito faldero y loco de amor por ti. Nick se quedó parado delante de ella. Tenía que explicarle todo. Ella estaba al borde del llanto. -Yo creí que Troy había seducido a Selena y luego la había abandonado sin miramientos. Sentí tanta pena por ella, que la visitaba cada vez que iba a Washington. Pero ahora Troy me ha dicho que ya entonces era una manipuladora. Yo estaba equivocado respecto a ella y lo siento... Ella ahogó un sollozo. -¿ y lo del padre de mi hijo? Te quedaste mudo. -Mudo de dolor, porque ya había oído esa historia con anterioridad. Fue Takis quien lo sugirió. -¿Takis? ¿Ha sido él también el que ha encargado las fotos? La tensión había empezado a disiparse. -Espero que no. Pero yo he sido igualmente manipulado por esos liantes. Creí en ellos y me equivoqué ¿Sabes cómo me siento? -Como un auténtico *******, supongo -dijo ella lanzándose en sus brazos, llena de un amor que no podía negar-. He pasado un día horroroso. -Eso vamos a solucionarlo inmediatamente -repuso él, llevándosela a la cama. Harían el amor, ¿por qué no? Era el mejor antídoto contra las dificultades. Al cabo de un par de horas, duchados y con la confianza recobrada, bajaron las escaleras para encontrarse que la terraza estaba llena de visitas deseosas de apoyarlos en un momento tal difícil. Allí estaban Monique, Theron, Demi y Troy con Gabriela, tomando tranquilamente un refresco. Todos los saludaron jovialmente y los invitaron a tomar asiento. Al cabo de un instante, llegaron Mandy y Ethan Rayes con una caja de botellas de champán. -Para dar la bienvenida a Miley-anunció Mandy. -Los rumores vuelan -susurró Miley en la oreja de su marido, pero se sentía feliz. La tarde se convirtió en una auténtica fiesta y, cuando todos se hubieron retirado, Miley parecía algo sorprendida. -Parece que nos hemos hecho muy populares en poco tiempo. -Demasiado populares. Pero ahora me debes algo que pienso cobrarme. -¿El qué? -La venganza por no haber confiado en mí esta mañana. 
FIN

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ESPERO QUE LES HAY GUUSTADO NO OLVIDEN DEJAR SU COMENT Y AMM Q MAS LAS AMOO CHIKISS SON LAS MEJORES Y AMM Q MAS SOLO ESHOOOPP ASII ME ACABO DE CAER DE LA CAMA Y ME DOLIOO AWW POBESIITA DE MII JEJEJ XAAUN BESOTES MUAACK

V$S
A&C

Fire in Two Hearts--cap--18


-Yo... , sí, así es -balbució Miley, llevándose una mano al collar, atónita ante lo que acababa de oír mientras Demi parecía haberse convertido en una petrificada estatua de sal.
-Solemos referimos a ellas como «las antiguas reliquias familiares» -anunció Nick, sin sentir piedad alguna hacia su hermana.
Demi inmediatamente comprendió que él estaba al tanto de la historia que ella le había contado a Miley con el único fin de atormentarla. Se dio cuenta de que iba a tener muchas cosas que explicar la próxima vez que se encontrara con su hermano a solas.
Por suerte para Demi, el maítre anunció que la cena estaba servida y todo el mundo empezó a moverse para dirigirse al fastuoso comedor. Mandy tomó por el brazo a su marido y Theron le ofreció el suyo a Monique, regalando así un momento de intimidad a Miley y Nick.
-Parece que Theron aprecia la compañía de tu madre -comentó Nick con soltura.
-Ni me hables -repuso Miley-. Estoy demasiado furiosa como para escucharte.
-¿Por qué? ¿Qué te he hecho? -preguntó él con fingida inocencia.
-No me has hecho nada, pero sé que eres malo por naturaleza. Deben de ser los genes.
-Eso me demuestra que comprendes por qué mi hermana es como es -comentó él con jovialidad mientras impedía que ella se soltara de su abrazo-: No voy a dejar que vuelvas a salir corriendo, agapi mou.
-A veces te odio -afirmó ella alzando la barbilla-. Te has estado riendo de mí mientras me colocabas las supuestas «reliquias».
Nick soltó una sonora carcajada. Miley estaba que echaba chispas y él la adoraba cuando se encontraba en ese estado.
-Lo del pirata venezolano era pura fantasía. Y ahora cuéntame cuál es la historia que Demi te endosó en su día sobre esas famosas «reliquias familiares».
Pero Miley  rehusó contestar, sorprendiéndose a sí misma. ¿Por qué se detenía cuando había llegado el momento de vengarse? ¿Tendría todo ello algo que ver con la evidente vergüenza de Demi y con la sincera mirada de disculpas que le había dirigido antes de desaparecer entre la multitud?
-Tengo hambre -dijo para cambiar de tema, aunque estaba segura de que esa noche no iba a ser capaz de probar bocado.
La insinuación cumplió su cometido. Nick entendió que no pensaba iniciar una discusión sobre su hermana hasta que pudiera comprobar por sí misma si Demi había madurado a lo largo de los últimos tres años como su última mirada de arrepentimiento permitía sospechar.
-¿Por qué venezolano? -preguntó de repente-. ¿Por qué no español o francés... ?
Él rió de nuevo, echando la cabeza hacia atrás. La gente se detuvo para mirarlo, pero él no hizo el menor caso, besó a su mujer en la boca y la arrastró hacia el concurrido comedor.

En una de las mesas redondas, los esperaban Monique, Theron, Mandy y Ethan Rayes. Mandy monopolizó la cena relatando con gracia todos los detalles de su romance con Ethan. Rieron y disfrutaron de la comida y la bebida, sobre todo Monique, que estaba pasando uno de los mejores momentos de su vida, caballerosamente atendida por Theron en todo momento.
Después de la cena, la gente empezó a regresar poco a poco hacia el salón, y Nick fue llevando a su esposa, firmemente agarrada por la cintura, de grupo en grupo, para que todo el mundo pudiera saludarla personalmente e intercambiar unas palabras de cortesía con ella. Quería dejar bien clara la solidez de su matrimonio, al tiempo que sorprendía a todo el mundo conversando con su esposa en griego. Al final de la velada, todos los presentes sabían que Miley hablaba y entendía el idioma local. La intención de Nick era obligar a la gente a pensarse dos veces lo que decía sobre su esposa delante de ella antes de cometer un error imperdonable. Hubo gente que se tomó la noticia con manifiesto desagrado y Nick tomó nota mentalmente de quiénes eran para no invitarlos a las reuniones sociales que pronto empezaría a organizar en. su casa. Sin embargo, otros se mostraron complacidos. Esos sí serían invitados a formar parte de su futuro círculo social.
También hubo gente a la que no pudieron abordar porque mantenían ostensiblemente las distancias. Takis Konstantindou fue uno de ellos. Al igual que Demi... y Selena Christophoros. En el fondo, Miley sentía pena por Selena . No tenía que ser nada fácil presentarse en aquella fiesta, donde iba a quedar bien claro que los rumores sobre el supuesto divorcio de Nick para casarse con ella eran falsos.
-¿No crees que deberíamos acercamos a saludarla? -preguntó Miley, al descubrir que su marido también miraba en aquella dirección.
-¿Para qué?
-Debe sentirse muy incómoda,  Nick, los rumores tienen que haberla afectado tanto como a ti.
-La mejor manera de acabar con un rumor es no hacerle caso. Además, parece que Selena ya cuenta con el apoyo incondicional de mi madre y de mi hermana.
Era verdad, se dijo Miley. Aunque aún no se había atrevido a pensar en ello, la realidad era que la familia de Nick seguía sin aceptarla y lo demostraba colmando de atenciones a su rival.
Miley se separó de Nick para salir a la terraza a tomar un poco de aire fresco y allí la encontró Mandy.
-Quiero advertirte, Miley -dijo nada más llegar-. Ten cuidado con Selena Christophoros. Parece una joven simpática y tranquila, pero esconde una personalidad diabólica. Es una hábil manipuladora. Fue ella la que convenció a Demi para que regresara a Atenas para ayudar a Thea con los preparativos de la boda de troy mientras se postulaba como la sustituta ideal. Así fue como consiguió pasar dos semanas a solas en el yate de Nick, preparando la gran fiesta de inauguración de la urbanización de San Esteban. No me extrañaría lo más mínimo que hubiera sido ella también la que ha propalado los rumores de que tu marido pensaba divorciarse para casarse con ella. Hará todo lo que esté en su mano para quitarte a ick. Y su tío Takis la apoya incondicionalmente.

-¿Takis y Selena  son parientes? -preguntó Miley, sorprendida.
-Son uña y carne. Las familias griegas son muy leales.
-¿Qué te está diciendo esta pilluela? –preguntó Nick cruzando la puerta de la terraza para ir a abrazarse a la cintura de su mujer y morderle el lóbulo de la oreja.
-Las cosas que se dicen las mujeres no son aptas para los oídos de los hombres -contestó la «pilluela»-. Y tú, mi querido primo, debes estar muy contento de cómo te han salido las cosas. No lo olvides -añadió alejándose con un ademán de despedida.
Miley y Nick observaron su marcha que tenía como destino final el brazo de su marido, que la recibió con una sonrisa.
-Ha sudado tinta para conquistarlo -le confió Nick-. Me da la impresión de que aún no se cree lo que le está pasando.
-Yo pienso que es un hombre con mucha suerte -dijo Miley, que siempre había apreciado mucho a Mandy.
-Hum..., yo también lo soy -dijo él inclinando la cabeza para besarla.
-No lo hagas -rogó ella con una sonrisa-. No quiero perder la poca dignidad que me queda delante de todos.
Pero él rió y se interpuso entre la balaustrada de la terraza y ella para que nadie pudiera verla desde el interior. Miley miró complacida sus ojos sonrientes.
-Te amo -dijo, sin habérselo propuesto.
Él respondió tomando una amplia bocanada de aire y tensando los hombros mientras sus caderas se ajustaban a las de ella.
-¡Vaya momento que escoges para decírmelo! -gritó.
Ella empezó a temblar porque la confesión que acababa de hacer la comprometía demasiado. Se sintió desnuda y vulnerable; temerosa de volver a dejarse herir por ese hombre con el que se había casado. Unas cálidas lágrimas resbalaron por sus mejillas.
Pero él tampoco estaba en paz consigo mismo, su expresión denotaba que estaba librando una fuerte batalla interior. Miley se hubiera conformado con un simple «y yo también», pero Nick no parecía capaz de articular palabra.
-Puedo retirar lo que he dicho -aventuró Miley.
-No -graznó él-. Solo quiero que te-esperes a que yo pueda...
Miley se sintió desamparada. Eran dos adultos haciendo el ridículo, expuestos a las posibles miradas de reprobación de un centenar de personas. Debería habérselo dicho en casa, pero ya no podía evitar el desastre. Las manos de él la atrajeron con firmeza, incontenibles.
-¡No me beses! -exclamó ella.
Miley sintió cómo una oleada de calor le recorría todo el cuerpo. Saber que él estaba tan excitado la volvía loca. La música sonaba en el salón, abriéndose paso entre las conversaciones. E Miley se dio cuenta de que, si no lo impedía a tiempo, iba a acabar tirada en el suelo con el pesado cuerpo de ese gran hombre sobre ella.
-Ahora todo el mundo está convencido de que eres una princesa educada y primorosa, pero yo sigo teniendo que batallar con la maldita bruja que llevas dentro. Esa bruja que es capaz de llevarme hasta el límite sin previo aviso.
-Continua insultándome -lo retó ella empezando a enfadarse-. No lo puedes evitar.
-No, no lo puedo evitar. Desde que regresaste a mi vida con ese par de piernas que le quitan el hipo a cualquiera, no he dejado de sentirme como un adolescente enamorado que no sabe qué hacer.
-¿Te atreverías a repetir que estás enamorado?
-¡Siempre he estado enamorado de ti! Incluso durante esos tres años atroces.
-Me pediste que volviera para divorciarte de mí.
-Era una excusa.
-Ya habías elegido a tu segunda esposa.
-Soy una persona arrogante, ya lo sabes.
-Supongo que esa es la razón de que yo haya tenido que mencionar la palabra «amor» en primer lugar.
-Me pones de tan mal humor que estoy a punto de tirarte por la barandilla.
-¡Tírate tú primero! ¡Y espero que te rompas ese arrogante cuello!
Un sonido los sacó de la discusión. A Miley se le cayó el alma a los pies en cuanto vio a su suegra. Cualquiera que tuviera ojos podría jurar que habían estado peleándose. Thea se les acercó con cautela y preocupación, mirándolos de hito en hito. Miley gimió en silencio, deseando que se la tragara la tierra.
-Siento molestar -dijo Thea con formalidad, antes de detener la vista sobre su avergonzada nuera-: Estoy preocupada por tu madre, Miley. Theron la ha sacado a bailar con el andador y creo que su entusiasmo la está fatigando.
Miley comprobó de un solo vistazo que la preocupación de Thea tenía fundamento. El anciano Theron estaba bailando con su madre, que manejaba el andador con graciosa soltura. Ese hombre estaba cortejando a Monique alegremente y sin el menor recato. Y ella se divertía de lo lindo, pero incluso desde la distancia que las separaba, Miley pudo ver cómo las huellas del cansancio empezaban a hacer aparición en su bello y aún juvenil rostro.
-Voy para allá -dijo Miley. Pero Nick la detuvo.
-No, déjamelo a mí. No se lo tomará tan mal si es un hombre quien le pide que se siente a charlar un rato -explicó, depositando un beso sobre los labios de su esposa antes de entrar en el salón de baile.
De pronto, Miley se encontró a solas con una mujer a la que no agradaba y que, además, era su suegra. Ambas mantuvieron un silencio tenso que Thea decidió romper:
-Mi hijo aprecia mucho a tu madre.
-Sí -repuso Miley, algo más calmada, observando cómo Nick hacía girar a su madre una última vez antes de acompañarla hasta un sofá-. Y mi madre lo adora.
Thea alzó la nariz, dispuesta a marcharse.
-No, quédate, por favor -rogó Miley impulsivamente.
La madre de Nick detuvo el paso e Miley sintió una aguda presión en el corazón. Había llegado el momento de retomar los asuntos familiares, de darles un nuevo giro. Por el bien de Nick, sabía que tenía que tender una mano amistosa hacia Thea.
-Os estabais peleando de nuevo -dijo ella.
-No nos malinterpretes -replicó Miley-. En realidad estábamos cortejándonos -explicó encogiéndose de hombros con una sonrisa-. Siempre nos pasa lo mismo, discutimos hasta que se enciende la pasión y luego nos amamos salvajemente. ¡Pero comprendo que te preocupen nuestras peleas -concedió finalmente para mantener viva la llama de la conversación.
Thea se tomó su tiempo para asimilar la fresca confesión de Miley, luego suspiró y pareció que se quitaba un peso de encima.
-Supongo que ya sabías hablar griego durante el año que pasaste en Atenas.
-Sí.
-Entonces, es posible que hayas oído comentarios poco halagüeños sobre tu persona.
-Efectivamente.
Se hizo un silencio y luego Thea se apoyó sobre la balaustrada.
-Mi hijo te ama -dijo con calma-. Ya mí solo me importa su felicidad, pero las peleas... me dejaban muy mal sabor de boca.
«Y a mí», reconoció Miley, recordando la época en que la chispa del amor había quedado sepultada por la incomprensión y la falta de entrega.
-Cuando te marchaste, sentí un verdadero alivio, pero Nick se quedó destrozado. Estaba tan deprimido, que tuvo que marcharse a España para que nada le permitiera recordarte. Te echaba de menos.
-Yo también lo echaba de menos.
-Sí, lo entiendo. Nick quiere que seamos amigas. Y a mí también me gustaría, Miley.
Ella sonrió, aunque el tono de Thea indicaba que la historia de su futura amistad no prometía ser un camino de rosas. Pero, en ese momento, bastaba con que su suegra hubiera puesto a prueba su orgullo para mantener una conversación íntima con ella, y se dispuso a devolverle el favor.
-Hace tres años yo era demasiado joven para comprender muchas cosas. Vuestro estilo de vida me resultaba ajeno y me sentía demasiado vulnerable y rebelde como para aceptar los consejos de nadie. Esta vez será diferente -prometió solemnemente mirando a Thea a los ojos.
Su suegra asintió con la cabeza, pero no dijo nada. Ambas sabían que habían firmado un cierto compromiso de buenas intenciones. Cuando Miley se dispuso a volver a la fiesta, Thea la detuvo:
-Siento mucho lo del bebé -dijo con seriedad-. Tuviste que sufrir mucho porque sé que nadie de la familia te ayudó a superar tan terrible pérdida.
Era la pura verdad e Miley no supo qué responder. Su suegra pareció comprender y, después de dudar un instante, regresó a la sala de baile.
Nick apareció al cabo de un momento e Miley se preguntó si no las habría dejado hablar a solas a propósito.
-¿Te encuentras bien? -preguntó con tono preocupado.
Ella asintió y se acercó a él, metió los brazos por debajo de la. chaqueta y se agarró con fuerza a su espalda.
-No vuelvas a permitir que me marche jamás.
-Nunca -prometió él.

Abandonaron la fiesta poco después y no hablaron mucho durante el trayecto de regreso a casa. " En cambio, Monique no paró de parlotear sobre Theron y sobre los planes que habían hecho para salir juntos a hacer un poco de turismo al día siguiente.
-¡No me lo puedo creer! –exclamó Miley, mirando a Nick mientras se preparaba para meterse en la cama-. iMi madre ha seducido al hombre más rico de Atenas!
-Mi tío es un conquistador nato.
-iPero si tendrá unos setenta años...! No puede estar pensando en serio que mi madre...
-Debes saber que yo comparto la misma sangre -la interrumpió Nick en tono de advertencia, enarcando una ceja. Ella se había quitado la ropa y solo llevaba las «reliquias familiares»-. ¿Serás capaz de dejar que te haga el amor cuando yo cumpla setenta años y tú... ?
-iNo te atrevas a mencionar mi edad! –protestó ella.
Esa noche hicieron el amor durante horas, felices de haberse recuperado el uno al otro, felices de haber afrontado los problemas del pasado, felices de poder comenzar de nuevo. Una vez superadas las interferencias, solo quedaban el amor, la confianza y el deseo.
La mañana amaneció soleada y en la terraza encontraron un servicio de desayuno para dos. Monique iba a desayunar en su habitación para poder arreglarse cómodamente de cara a su cita con Theron. Cuando llegó el momento de marcharse a la oficina, Nick la miró con tal deseo, que ella no pudo evitar sonreír. Theron llegó a la hora acordada y saludó a Miley con la perfecta cortesía de un hombre de su edad y clase. De alguna manera, se las arregló para que Monique aceptara llevarse consigo la silla de ruedas, lo que le valió un enérgico gesto de aprobación por parte de su bella hija. Una vez a solas, Monique pidió a Alisse una segunda taza de té y se recostó en la silla, tratando de decidir qué haría mientras Nick atendía sus negocios
Llevaba los mismos pantalones de deporte de color caqui con una camiseta amarilla. Esa camiseta era la última prenda limpia que quedaba en su maleta, por lo que tomó en consideración la posibilidad de salir de compras. Estaba aún cavilando cuando Alisse llegó con un sobre que ponía su nombre y que había sido entregado en mano.
Si hubiera estado más alerta, podría haberse imaginado que aquel inesperado sobre solo podía traer problemas, pero se sentía relajada y satisfecha de la vida. Pensó que sería una sorpresa de Nick, aunque solo hacía media hora que se había marchado.
Pero lo que cayó en sus manos le borró la sonrisa de golpe. Después de haber echado un primer vistazo, soltó las fotografías como si estuvieran envenenadas y se puso instantáneamente en pie, golpeando la mesa del desayuno a su paso. Cuando se oyó el estrépito de la porcelana rota, ella ya había echado a correr despavorida, temblando de cólera y angustia.
ALISSE se encontró a Miley desmadejada sobre el suelo del cuarto de baño situado junto a la terraza, con la cabeza apoyada sobre la taza del váter sobre la que había vomitado.
-¡Kiria, está usted enferma! ¡Llarnaré al médico!
-¡No! -gritó Miley con desmayo-. No -repitió más calmada-. Ya estoy mejor, ha sido un corte de digestión. Lo único que necesito es echarme un rato en la cama, de veras.
Se incorporó dificultosamente ante la mirada preocupada del ama de llaves. Salió del baño dando tumbos y se encaminó hacia las escaleras, pero enseguida supo que allí no se encontraría descanso y se dirigió hacia la habitación de su madre. De vuelta al seno materno, se dijo.
Estaba segura de que Alisse iba a llamar a Nick, entendía que formaba parte de sus obligaciones. Pero nick no necesitaba ser informado. Un poco antes de que Miley recibiera el sobre, él ya estaba abriendo uno similar frente a la mesa del despacho de su oficina. Mientras ojeaba las malditas fotografías, el teléfono empezó a sonar. Era el  padre de Selena , que también había recibido otro sobre. Apenas había colgado el teléfono, cuando recibió otra llamada, esa vez de su madre y, a continuación, la de un periodista del diario sensacionalista de mayor tirada de Atenas.
Nick estaba ya de camino a casa cuando Miley aún no había llegado a la habitación de su madre. Su teléfono móvil sonaba sin parar, pero lo silenció y lo arrojó al asiento trasero, junto a las fotos. Quienquiera que fuese la persona que intentaba contactar con él, tendría que esperar, porque toda su atención estaba puesta en la certeza de que Miley habría recibido el mismo regalo envenenado. Iba a toda velocidad y el frenazo que dio delante de la puerta de la casa levantó nubes de polvo. Alisse lo esperaba frente a la puerta con un teléfono móvil en la mano.
-¿Dónde está mi mujer? -preguntó escalando los primeros peldaños.
-En la habitación de su madre, kyrios -lo detuvo ella.
Nick cambió de dirección, cruzó el vestíbulo con determinación y entró en la terraza, en dirección al anexo. Pero allí estaba la repugnante .prueba de que Miley había sido alcanzada por el mismo francotirador. La mesa volcada, la porcelana rota y, en medio de todo el desastre, las fotos. Rugió de ira y se detuvo un solo instante para recoger el contenido del sobre. Entró en el anexo y se maravilló de lo cómodamente que se había instalado Monique, a pesar de que el equipo de fotografía digital de Miley ocupaba mucho espacio. Pero no tenía tiempo para pensar en los demás, puesto que su objetivo yacía en posición fetal sobre la cama. Alguien lo iba a pagar muy caro.
-Miley -la llamó suavemente. Pero ella no reaccionó. ¿Esperaba acaso que él se pusiera de rodillas para pedir perdón? «Jamás», pensó, tirando las fotos sobre la cama-. Son falsas -anunció-. Espero que me creas.
Ella no se movió y él deseó saltar sobre ella para demostrarle que nunca habría sido capaz de hacer una cosa como esa.
-¡Miley! -clamó-. No hay tiempo para dramatismos. Tú eres una fotógrafa profesional. Conecta el equipo y demuéstrame cómo han sido capaces de realizar un montaje tan realista. Necesito tener las pruebas para castigar al culpable.
-Márchate -murmuró ella.
Con un suspiro de impaciencia, Nick se inclinó para tomarla por la cintura y levantarla. Una vez sentada, le apartó el cabello de la cara. Estaba tan pálida como una pared y sus ojos miraban extraviados.
-Escúchame.
Pero ella hizo caso omiso y empezó a golpearlo, gritando los peores insultos que se veía capaz de proferir. Él esperó a que perdiera las pocas. fuerzas que aún le quedaban. Finalmente, ella lanzó un suspiro quejumbroso, se puso en pie y tomó las fotografías.
-¡Me has mentido! Me dijiste que ella nunca había significado nada para ti, pero... iMira! ¡Ahí estás, sobre la cubierta de tu yate, desnudo, abrazándola por detrás como solo lo haría un amante!
-Nunca. ..
-¡Y mira esta! ¿Te atreves a negar que estabais los dos desnudos, tomando el sol sobre la cubierta del yate? Jamás podré perdonarte...
Nick agarró la mano que sostenía las fotos y se las quitó.
-¡Debes creerme cuando te digo que son falsas! -rugió.
-¿Falsas? -preguntó Miley con la mirada arrasada en lágrimas. ¿Qué importancia podía tener que fueran falsas cuando ya se habían quedado indeleble mente grabadas en su mente? El daño estaba hecho-. Te creí cuando me dijiste que ella no...
-Pues sígueme creyendo. Y empieza a pensar con la cabeza en vez de con el corazón.
-¡Mi corazón está muerto! ¡Tú me lo has arrancado!
-El melodrama no va a resultar de gran ayuda, agapi -dijo él con un suspiro y cierta condescendencia. Al menos, había conseguido que ella volviera a la vida.
-Me marcho de Atenas hoy mismo.
¿Echando a correr para huir de los problemas otra vez? Pues ten cuidado, porque soy capaz de dejarte marchar. No quiero pasarme toda la vida bajo sospecha.
-¿Por qué te enfadas conmigo?
-No estoy enfadado contigo, sino con el autor de estas fotografías. No eres la única que ha recibido copias -le explicó dando detalles-. Este asunto es muy serio, Miley. Alguien quiere hacernos daño provocando un escándalo y yo necesito tu ayuda, no tu desprecio.
Nick se acercó hasta el ordenador y comprobó que todos los enchufes estaban en su sitio.
-Tú conoces este artefacto mejor que yo. Dime qué tengo que hacer para que se ponga en funcionamiento.
-No se usa desde hace tres años, puede estar estropeado.
-¡Inténtalo, al menos!
Miley estaba empezando a comprender que Nick iba en serio. Movió sus temblorosas piernas y se acercó a él, manteniéndose en guardia. Tocó un par de interruptores y la pantalla se iluminó.
-Y ahora, ¿qué?
-Escanea las fotos, amplíalas y busca detalles que no concuerden. Esas fotos son solo un montaje.
-¿Seguro?
-¡Sí! ¡Seguro! ¡Y me gustaría poder disfrutar de un poco de confianza!
-Si vuelves a gritarme, me marcho -lo amenazó ella fieramente.
-Pues deja de mirarme como si fuera una serpiente venenosa replicó recuperando las fotos y dejándolas junto al ordenador.
-Dices que son falsas -murmuró ella, ampliando la primera foto.
-Quiero que me demuestres que lo son.
-De momento, no me parecen falsas, pero si lo que dices es cierto. ..¿quién tomó esas fotos? Cualquier persona entendida en el asunto puede hacer un montaje, pero necesita partir de unos originales.
-¡Demi! -exclamó Nick.
-¿Nick? No puedo creérmelo. Ella te adora. Y, además, no tiene nada que ganar en este asunto.
-Quiere vengarse -dijo él mientras la foto de la pantalla se ampliaba-. Siempre ha deseado que alguno de sus hermanos se casara con su mejor amiga, pero los dos la hemos decepcionado.
-No puedo creerlo.
-Una tarde vi un fotógrafo en el dique tomando fotos del yate. Esas deben ser los originales. Estoy casi seguro de que ha sido Demi la que ha pagado por este trabajo. iQuiere que te divorcies de mí y que a mí no me quede más remedio que casarme con Selena  para poner a salvo su reputación!
-Todo eso no tiene ni el menor sentido -protestó Miley-. ¡Nadie llega a tales extremos para favorecer a una tercera persona!
-¿De qué tercera persona hablas? ¿De Selena ? A ella la están manipulando igual que a nosotros. Escucha lo que pienso: Demi manda repentinamente a Selena a España para sustituirla y organiza todo este tinglado, en previsión de que nuestro divorcio no llegue a consumarse.
Nick pensaba que podía explicarlo todo a su manera, pero Miley recordó la conversación mantenida con Mandy sobre Selena y sus sospechas tomaron otro camino. Se concentró en la pantalla y, al cabo de unos segundos, encontró la primera discrepancia: en una de las fotos faltaba un dedo de la mano de Nick. Aumentó el tamaño de esa zona y mandó la copia a imprimir. En la misma foto, observó que la línea de la barandilla del yate se interrumpía sin razón alguna. Ya no cabía ninguna duda: las fotos eran falsas, tal y como Nick aseguraba.
-¿Quieres que siga con las demás?
-No, a no ser que tú desees convencerte aún más -respondió él con una frialdad rayana en la descortesía.
Miley suspiró, se merecía ese trato, al fin y al cabo, no había confiado en él cuando se lo había pedido. Había necesitado ver las pruebas por sí misma.
-Supongo que ahora querrás vengarte de mi falta de confianza.
-Más tarde. Pero lo vas a pagar muy caro -dijo recogiendo las copias y disponiéndose a salir. Ninguno de los dos se permitió una sonrisa. Las fotografías, falsas o verdaderas, habían dañado su relación e Miley se preguntó si alguna vez iban a poder superarlo.
-Nick ... -lo llamó Miley cuando estaba a punto de salir de la habitación-. Demi sabe que soy una fotógrafa profesional. Recuérdalo cuando te enfrentes con ella.
-Y eso... ¿qué quiere decir?
-Nada. Solo te pido que no la juzgues mal antes de hablar con ella, puede no tener la culpa le advirtió, sin añadir nada más. No estaba segura de sus sospechas y no quería arruinar la buena imagen que Nick tenía de Selena.
En cuanto él se hubo marchado, ella imprimió sus propias copias. El coche de él acababa de salir del aparcamiento cuando ella ya estaba llamando a un taxi. La mansión de los Christophoros era muy parecida al resto de las que se diseminaban por la colina. Llamó a la puerta y se dejó acompañar por una criada hasta una pequeña salita de espera. Selena se tomó su tiempo antes de aparecer e Miley empezó a perder los nervios. Sintió cómo el estómago se le contraía involuntariamente, provocándole una oleada de náuseas. No sabía si había  hecho bien acudiendo a esa casa, ni siquiera estaba segura de sus sospechas, pero sabía que, culpable o no, había llegado para ella el momento de enfrentarse a su rival.
La puerta se abrió Miley  se giró para mirar a Selena cara a cara. Ella iba vestida con un discreto vestido azul cielo y su apocada expresión no encajaba con la supuesta posibilidad de tener que enfrentarse con una esposa celosa y ansiosa por hacerla pedazos. En realidad, daba la impresión de que Selena  era la esposa ofendida.
-Tenemos que abreviar -dijo Selena -. Mi padre llegará a casa dentro de un momento y estoy segura de que no le gustará encontrarte aquí. Ahora que ya sabes la verdad sobre Nick y yo -prosiguió con una calma poco natural-, ¿podemos pedirte que desaparezcas de una maldita vez y nos dejes vivir en paz?















Fire in Two Hearts--cap--17

-A España. A un lugar llamado San Esteban. Llevaba la dirección de mis empresas desde el yate anclado en ese puerto y aprendí a sobrevivir solo, olvidando mi vida pasada en Atenas.
-¡Deberías haber venido a buscarme! -exclamó ella, propinándole un puñetazo en el hombro.
-Lo hice, cada noche, en mis sueños -confesó él palpando su vientre. No llevaba nada debajo de la camiseta.
-Eso no bastaba.
-Pero ahora tenemos un montón de tiempo para reencontrarnos -dijo él, penetrándola, sin preliminares.
Ella sollozó de placer porque estaba preparada para recibirlo, volvió la cabeza y lanzó la boca desesperadamente sobre sus labios. Rodaron por la cama apasionadamente. Cuando el rapto de deseo se colmó y ambos recuperaron la calma, Nick se puso en pie con el cuerpo de ella aún colgado de su cuello y, así abrazados, se abrieron paso hasta la ducha, donde iniciaron una nueva contienda amorosa.
Luego, Miley desapareció prudentemente en dirección a la habitación de invitados, dejándolo solo. Nick se desperezó e hizo un último esfuerzo para superar su letargo amoroso antes de vestirse. Después de recoger la caja de terciopelo negro, se dirigió al encuentro de su tormentosa esposa. Si ella volvía a atacar sus defensas, no irían a ninguna parte, se prometió.

ENTRÓ en la habitación, golpeando ligeramente la puerta para advertir de su presencia. Miley se miró en el espejo, dudando si lo que veía en él le gustaba o no. Había elegido un vestido de seda de color verde jade que se ajustaba a su cuerpo sensualmente, sin ser demasiado descarado, al menos eso esperaba. Las sandalias de tacón alto eran del mismo color. ¿Habría conseguido dejar atrás a la muchacha provocativa sin hacer demasiadas concesiones a las ideas tradicionales de la alta sociedad griega sobre materia de buen gusto?
-¿Qué opinas? -le preguntó a Nick con un leve rastro de ansiedad pintada en sus bonitos ojos.
El no contestó y ella se dio la vuelta para mirarlo. Lo que vio fue un hombre que podría satisfacer las fantasías más elevadas de cualquier mujer. Había descartado el típico traje oscuro a favor de una chaqueta blanca, pantalones negros de seda y una pajarita negra. Su apariencia era tan formidable, que Miley sintió cómo el centro de su feminidad volvía a emitir las pulsaciones que preceden al clímax. Sus ojos negros la miraron de arriba abajo con expresión posesiva.
-Estás impresionante -dijo él por fin-. Perfecta.
«Y tú también», pensó Miley mientras Nick se acercaba con la caja de terciopelo negro que ella reconoció de inmediato con un súbito temblor nervioso.
-Ya... ya has ido por ellas -balbució.
-¿Te refieres a las reliquias familiares? -repuso él en tono de guasa-. Como ves, aquí están -añadió pulsando suavemente el botón de apertura. Durante un instante, permitió que ella admirara las joyas de esmeraldas engarzadas con diamantes sobre platino que tanto le habían gustado antes de que Demi osara denigrarla: «¿Te ha regalado esas antiguallas? Mi madre siempre se ha negado a ponérselas. Pero, incluso así, son demasiado elegantes para ti».
Los largos dedos de Nick sostuvieron el collar en alto.
Date la vuelta -ordenó.
-Yo... -musitó ella, incapaz de volver a tocar esas preciadas joyas-. No las quiero, te las he devuelto porque...
-Llevamos dos días dándonos una segunda oportunidad -afirmó él con expresión sardónica- y esto forma parte de nuestra reconciliación. Te las devuelvo. Van maravillosamente con ese vestido, ¿no crees?
-Sí, pero... ,
El collar brillaba entre sus dedos e Miley lo interrogó con los ojos de forma precavida. El contacto visual con él la hizo sentirse perezosa y estuvo a punto de pedirle que volvieran a la cama y olvidaran la fiesta.



-¿No crees que llevar esas joyas hoy sería como abofetear a tu familia en plena cara antes de que tengan tiempo de asumir que he regresado? Quizá sería mejor esperar un poco...
-Nada de esperas. El hecho es que has vuelto y, cuanto antes lo comprendan, mejor. Tú eres mi preciosa esposa, yo te regalé estas joyas y quiero que las luzcas. Así que date la vuelta.. .
Ella obedeció, dejándose convencer por sus palabras. El collar se acopló a su cuello como si lo hubieran hecho a medida. Él presionó los labios contra su nuca, le dio la vuelta para admirar el efecto y quedo deslumbrado. Después, alargó una mano, tomó el brazalete que hacía juego con el collar y lo encajó en su esbelta muñeca. A continuación le llegó el turno al anillo, que él colocó en su dedo anular, junto al anillo de boda, con una mirada intencionada.
Miley se estremeció de deseo cuando él le tocó con maestría los lóbulos de las orejas para quitarle los sencillos aros de oro y sustituirlos por los impresionantes pendientes de esmeraldas y diamantes que completaban el magnífico conjunto. Él estaba muy cerca y emanaba un aroma irresistible. Miley apenas pudo contener las ganas de besarlo, desnudarlo y regresar a la cama. Pero cambió de opinión y se dirigió hacia el espejo con un suspiro. No tuvo más remedio que dar la razón a Nick nadie podría negar que las esmeraldas y los diamantes combinaban perfectamente con el color verde jade del vestido. Buscó la mirada de él en el espejo.
-Sigo pensando que llevar estas joyas hoy es como abofetear a tu familia.
Él pasó un dedo sensual por encima del collar.
-Creo que al regreso de la fiesta voy a pasarlo estupendamente -dijo con tono insinuante, fantaseando con imágenes de su mujer completamente enjoyada, pero sin ropa. Le dio un ligero beso sobre el hombro y ella se estremeció. Él suspiró.
-¿A quién pertenecieron estas joyas antes? -preguntó Miley con curiosidad.
Nick la miró con expresión burlona y sonrisa perezosa.
-Las esmeraldas fueron propiedad de un pirata venezolano que solía llevar una de ellas en un diente.
Miley rió a carcajadas al oír la extravagante leyenda que acababa de inventarse su esposo.
-¡Debía tener una dentadura impresionante!
-Era un gigante moreno con un parche negro en el ojo derecho -prosiguió él dando rienda suelta a su imaginación, antes de lanzarse a besarla en la boca.
Acababa de arruinar el efecto de la barra de labios, pero a ella no le importó porque ese beso logró contrarrestar la ansiedad que sentía con respecto a la próxima reunión familiar, dejando bien sentado que .lo único que realmente importaba era la relación entre ellos dos. Ya tendría tiempo de retocarse el sutil maquillaje en el coche. Salieron de la habitación de la mano, bajaron las escaleras y se encontraron a Monique en el vestíbulo, preciosa con su vestido azul cielo, bordado con hilo de plata.
-¡Mamá! -exclamó Miley-. ¡Estás estupenda!



Los nervios retornaron cuando el coche aparcó delante de unos soberbios jardines, iluminados para dar la bienvenida a los invitados. Monique renunció a la silla de ruedas y prefirió apoyarse en el andador. Al parecer, esa noche todo el mundo anteponía la dignidad y el orgullo al sentido común. Miley deseó sentirse tan ilusionada como su madre ante la perspectiva de gozar de una buena fiesta, pero se sentía inquieta, y la mano de Nick sobre su espalda apenas añadía una leve seguridad a su angustia. La entrada estaba llena de gente y tuvieron que entrar en la casa muy lentamente. Nick le presentó al matrimonio Santorini y a su hija Gabriela, la futura esposa de Troy, que era una muchacha preciosa de cabello negro y ojos oscuros. Aunque los tres le dieron una calurosa bienvenida, ninguno de ellos pudo evitar mirarla con curiosidad. Troy se parecía mucho a su hermano mayor, pero Miley presintió una cierta renuencia en su primera mirada. -Encantado de verte por aquí de nuevo, Miley -dijo, besándola suavemente en la mejilla-. Ya era hora. Esas palabras afectuosas le sentaron de maravilla y la prepararon para verse de nuevo, cara a cara, con la madre de Nick. Thea saludó brevemente a su nuera con expresión tensa e incómoda y luego se dirigió amablemente hacia Monique, interesándose por los detalles del accidente y por su salud. -Ya ves –anunció Nick , en voz baja, pero triunfante-. No ha sido tan terrible. -Estoy segura de que has tenido que prevenirles y rogarles encarecidamente que no se atrevieran a tratarme con desprecio -puntualizó ella. Pero toda la sencillez de los primeros saludos se esfumó cuando entraron en el gran salón de la casa y más de cien rostros se volvieron para estudiarla con curiosidad. Algunos mostraron sorpresa y otros bajaron la vista y apartaron los ojos inmediatamente. Miley perdió los nervios. Era evidente que Nick había advertido a su familia, pero no al resto de los invitados, reflexionó con inquietud. No era tonta y se daba cuenta de que, en esos momentos, decenas de lenguas murmuraban cotilleos de todo tipo sobre ella. La situación se había vuelto insoportable, se dijo, mientras sentía cómo se le encogía el alma. Pero la soberbia de su carácter ganó la batalla y alzó la barbilla para demostrarles a todos que no tenía miedo. «Malditos seáis», decían sus brillantes ojos verdes con terca rebeldía. Su madre se puso al lado de Nick. Se la veía impresionada por la aviesa atención que todos los invitados prestaban a su hija. -¿Somos las estrellas de la fiesta, Nick? -preguntó. Él le apretó la mano calurosamente y luego rodeó con firmeza la cintura de su esposa, miró con autoridad de un extremo al otro del salón y, mágicamente, consiguió que todos los cotilleo s cesaran. Miley se sorprendió de su poderosa influencia sobre toda aquella gente, debía de ser algo que Nick había aprendido durante los últimos tres años. Nunca había demostrado semejante dominio durante su ya lejano y difícil año de convivencia. La gente pareció olvidar la presencia de Miley de inmediato y retornó las conversaciones que su inesperada aparición había interrumpido. Nick las condujo hasta un sofá, pero se negaron a sentarse. Ninguna de las dos estaba dispuesta a claudicar sentándose. Un camarero les ofreció una bandeja de copas de champán, que Nick se encargó de repartir. Miley tomó un sorbo con timidez, sintiéndose ligeramente mareada. -¿Te encuentras bien? -preguntó nick. -Sí -mintió ella, sin poder engañarlo. -Te pido disculpas por todo esto. Debería haberme imaginado que tu presencia iba a causar una sensación. Me conformé con avisar a la familia, pero me equivoqué. Al parecer, toda la alta sociedad ateniense se acuerda de ti perfectamente. Lo que no me esperaba es que se atrevieran a mostrarse tan...



-¿Groseros? -concluyó Miley, dispuesta a pelearse más tarde con su marido por tan nefasto error.
-¡Miley! -gritó una voz cantarina que la hizo sonreír.
Mandy Herakleides se abría paso entre la multitud para ir a saludarla y llevaba con ella a su imponente abuelo y a otro hombre que debía ser su reciente marido.
-¡Lo que ven mis ojos es demasiado bueno para ser cierto! -exclamó Mandy al llegar hasta ellos.
Miley se sintió feliz al ver ese rostro tan son- riente. Intercambiaron besos, mientras Nick  saludaba al abuelo de Mandy, su tío Theron, y se lo presentaba a Monique. Luego, Mandy se abrazó al otro hombre.
-Este es mi encantador inglés -dijo, provocando una mueca risueña en el rostro de Ethan Hayes.
La tensión que acababan de vivir empezó a disiparse mientras todos ellos cambiaban de sitio para hacer una ronda completa de saludos. Theron Herakleides, hermanastro de la madre de Nick, besó a Miley en ambas mejillas y dijo:
-Me alegro muchísimo de volver a verte.
En ese momento, otra persona se unió al alegre grupo. Era Demi, la preciosa hermana de Nick, vestida con un impresionante traje largo de gasa color rojo vivo que resaltaba su estupenda figura. Miró a Miley con la misma contenida frialdad de su madre y ella buscó la cálida seguridad de la mano de Nick. Demi era la hermana pequeña de la familia Petronades y había sido mimada hasta el extremo de que siempre se salía con la suya. Invariablemente había tratado a Miley como si esta fuera una rival dispuesta a arrebatarle el cariño de su hermano mayor. Y aún estaba por ver si Gabriela, la bella novia de Troy, iba a recibir el mismo tipo de trato. Sin embargo, Miley se había propuesto mostrarse accesible y simpática, por si Demi había madurado a lo largo de los tres años que llevaban sin verse.
Nick comprendía la postura de su hermana. Había amado con locura a su padre desde la más tierna infancia y su inesperada pérdida la había dejado dolorosamente aturdida. Cuando, a los pocos meses, Nick se había casado, ella había sentido que la doble pérdida le resultaba insoportable y, desde entonces, había tratado a Miley como a la peor de todas sus enemigas.
-Bienvenida a casa -dijo Demi con educación, pero tensa, besándola en las dos mejillas. Al ver las joyas, enrojeció de vergüenza.
«Ahí tenemos a la culpable», pensó Nick. Mandy también se había dado cuenta del súbito rubor de Demi, que aún mantenía la vista fija en las esmeraldas.
-i Que joyas tan delicadas! -exclamó Mandy-. ¿Son nuevas o antiguas?
-Nuevas -repuso Nick con abierta satisfacción-. Las encargué yo mismo para regalárselas a Miley en cuanto nos casamos. Y por lo que sé, ella solo se las ha puesto una vez, ¿no es así, agapi mou?