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sábado, 23 de marzo de 2013

What A Feeling- Capitulo 48


—Ya, bueno. —Miley se sonrojó al recordar que había dicho que quería
a Nick—. Nana, un amigo de Rupert y yo estamos preparando un artículo
sobre el padre de Nick. —Prefirió no decir quién era ese amigo. No quería
que  Sam se  preocupara  innecesariamente  durante  esos  días—.  Te  lo
contaré cuando regreses.
—Estoy impaciente. —Silvia se rió de algo que hacían las niñas con su
padre— Tengo que dejarte. Hazme un favor.
—Lo que quieras —respondió Miley sin dudarlo.
—Dile a Nick lo que me has dejado dicho en el contestador. —Colgó
antes de que ella pudiera responder.
Después de dejar a Jack, Nick volvió a su casa solo, y pasó todo el
camino pensando en cómo hablar con Miley sobre su viaje a Barcelona.
Gracias  a  la  experiencia  que  ella  había  adquirido  en  Londres  y  a  los
contactos que Nick y Sam tenían en España, seguro que podría encontrar
con facilidad un buen trabajo a su regreso. Él haría todo lo que estuviera en
su mano para que así  fuera.  Podían seguirse viendo en vacaciones y los
fines  de semana;  hoy  en día eso no era ningún problema.  Así,  ambos
tendrían tiempo y espacio para darse cuenta de lo que de verdad sentían.
Sí, eso era lo mejor. Aunque había una pequeña parte de él que tenía miedo
de que ella se fuera, tenía miedo de perderla. Pero no, eso era una tontería,
y  la  alternativa  de  que  ella  se  quedara  a  vivir  con  él  era  demasiado
peligrosa.
Entró en casa y encontró a Miley leyendo en el sofá.
Dios, cómo iba a añorarla.
—Hola, ya estoy aquí —saludó él, y se acercó para darle un beso.
—Hola. Te he echado de menos. —Ella le rodeó el cuello con los brazos
—. Me encanta cómo hueles.
—No creo —respondió él sonrojándose—. Estoy todo sudado.
—Ya, por eso. —Ella le recorrió la oreja con la lengua.
—He creado un monstruo —sonrió él—. Suéltame. —Le dio un beso en
la nariz y se apartó—. Voy a ducharme y luego prepararé esos espaguetis
que tanto te gustan.
Gracias  a  Miley,  Nick  se  había  aficionado  a  cocinar  de vez  en
cuando,  y su especialidad —espaguetis  con atún y tomate fresco— era
condigna del mejor restaurante italiano.
—De acuerdo. Pero no creas que vas a librarte de mí tan fácilmente.
A Miley le encantaba ver cocinar a Nick. Comparado con ella, era
tan meticuloso que parecía que estuviera operando a alguien a vida o
muerte en vez de estar cortando unos tomates a dados. Como siempre, la
pasta le quedó buenísima, y durante la comida estuvieron hablando de lo
que iban a hacer esa noche.
Michael, uno de los mejores amigos de Nick, los había invitado a una
fiesta para celebrar que él y su nueva novia se iban a vivir juntos. Todas sus
amistades iban a estar allí, todos excepto Anthony, que había tenido que
irse a Barcelona pues desde su oficina le habían pedido que se encargara de
un proyecto en la Ciudad Condal.
—Tenemos  que comprar  algo —dijo Miley mientras  él  empezaba a
recoger los platos—. No podemos presentarnos allí con las manos vacías.
—Si tú lo dices. Seguro que sabes mucho más que yo de estas cosas de
protocolo.
—No sé, si tú te fueras a vivir con alguien a una casa nueva, ¿no te
gustaría que te llevasen un regalo? ¿O algo para la fiesta?
Nick se dio cuenta de que ése era el momento perfecto para sacar el
tema de la partida de ella.
—Bueno, como yo nunca me iré de este piso —respondió sin darse la
vuelta—. Aquí estoy muy bien, y hay espacio de sobra para uno. —Era un
cobarde, no se atrevió a decir lo que de verdad quería, y prefirió salir por la
tangente.
Oyó cómo Miley cogía las copas y se acercaba a él.
—Ya, pero hay gente que es más valiente, y que se atreve a irse a vivir
con la persona a quien ama —replicó ella,  y dejó las copas sucias en la
cocina—. Supongo que Michael es de ésos. —Miley lo miraba sin inmutarse
—. Voy a salir a comprarles un regalo. ¿Me acompañas?
—¿Te  molestaría  mucho  ir  sola?  Fregaré  los  platos  y  repasaré  el
artículo que estoy escribiendo por si este mes tenemos algún problema.
—No pasa nada. Iré yo sola. —Ella cogió el bolso—. No tardaré. —Le dio
un beso y se fue.
Ya en la calle, Miley pensó en la extraña conversación que acababa de
tener con Nick. ¿A qué venía eso de decirle que él no pensaba mudarse
nunca de aquel piso y que era lo bastante espacioso para una persona? Ella
le había ofrecido miles de veces irse a un estudio, o alquilar una habitación
en algún sitio, y él siempre se había negado. Si había cambiado de opinión,
¿por  qué no se lo decía? Para ella,  las últimas semanas habían sido las
mejores de toda su vida, pero tal vez para él sólo habían sido una manera
entretenida de pasar el tiempo. No, Nick no era así. Él no había estado
pasando el rato con ella; todos aquellos besos, aquellas conversaciones, no
se tienen con alguien que no te importa.  Lo único que pasaba era que
Nick no estaba acostumbrado a compartir su vida y sus sentimientos con
nadie, y tenía miedo de que le hicieran daño. Ella lo había sabido desde el
principio, y aun así había decidido arriesgarse a estar con él. Lo mejor que
podía hacer era hablar con Nick de una vez por todas; faltaba menos de
un mes  para que se acabara su contrato en  The Whiteboard,  y ella se
negaba a creer que su relación fuera a terminar con él.

What A Feeling- Capitulo 47


—Ya,  seguro  que  no.  Dame  un  par  de  días  para  hacer  algunas
averiguaciones y la próxima semana,  cuando me traigas las fotos  y los
artículos de Nick, te cuento lo que haya descubierto.
—Gracias.  —Miley estaba segura de que Steve no sabía lo de los
artículos robados,  y que haría todo lo posible por averiguar lo que había
pasado. No sólo porque quisiera ayudarla a ella, sino porque el prestigio y la
reputación de su revista estaban también en peligro.
—Si  necesito más  información,  te llamo o te mando un e-mail,  ¿te
parece bien? —preguntó Steve, que ya estaba pensando en que había dos
redactores en The Scope que nunca le habían gustado demasiado.
—Perfecto.  Ahora mismo llamaré a Nana para pedirle las fotos.  Nos
vemos la semana que viene.
Se despidieron y colgaron.  Steve se quedó un rato aturdido por  las
noticias que le había dado Miley.  ¿Cómo había podido pasar  eso en su
revista? Él sabía que en el periodismo, como en todas las profesiones, había
gente sin escrúpulos,  pero le gustaba creer  que no trabajaban para él.
Siendo sincero,  tenía que reconocer  que en el  último año había estado
demasiado ocupado con otras publicaciones,  y que había descuidado un
poco  The Scope.  Bueno,  ahora tenía motivos para recuperar el  control,  y
debía  averiguar  quién  estaba  jugando  tan  sucio.  Porque  él  no  iba  a
permitirlo por más tiempo.
Miley también se quedó en silencio un rato;  sabía que se estaba
arriesgando mucho al contarle todo eso a Steve. Tal vez debería decírselo a
Nick. Pero ¿cómo explicarle que había hablado con Steve sin descubrir a
la vez lo del artículo de su padre? No, era mejor seguir así hasta el día en
que se publicara el reportaje sobre Rupert.
Ella quería darle esa sorpresa,  y cuando todo se solucionara,  seguro
que él entendería que ella no se lo hubiera contado.
Esa noche,  antes de que Nick  llegara a casa, Miley llamó a Nana
para explicarle la idea que había tenido Steve para el artículo de Rupert, y
le  pidió  fotografías  de  Nick  con  su  padre.  Ella  le  prometió  que  las
buscaría y que el miércoles se las llevaría. Todo estaba ya en marcha. Lo
único que le faltaba hacer a Miley era hablar ese fin de semana con Silvia y
pedirle los artículos de Nick. Al cabo de tres semanas, el artículo saldría
publicado,  y  éste vería  cómo  su padre había  sido mucho más  que un
hombre derrotado por una mujer. Miley tenía la esperanza de que, al leerlo
Nick dejara de tener esas pesadillas y acabara confiando en ella. Y quizá
entonces pudiesen hablar de lo que pasaría con ellos cuando ella tuviera
que regresar a Barcelona.
Faltaba menos de un mes para que finalizara su contrato, y cada vez
que ella sacaba el tema, él evitaba responder. La mayor parte de las veces,
la besaba y le hacía el  amor hasta que Miley ya no sabía de qué quería
hablarle.  La  verdad  era  que  no  tenía  ninguna  queja  del  método  de
distracción que él  utilizaba,  pero ahora empezaba a preocuparle que se
resistiera tanto a hablar del  asunto. No había vuelto a decirle que estaba
enamorada de él, pero estaba segura de que no hacía falta. Con cada beso,
con cada caricia,  con cada gesto,  ella intentaba que Nick  no tuviera
ninguna duda de que eso era lo que sentía. Él  nunca le decía nada, pero
había noches en las que le hacía el  amor como si no pudiera vivir sin su
presencia, y si tenía pesadillas, no se tranquilizaba hasta que se abrazaba a
ella. De día, él era cariñoso y atento, pero a veces Miley tenía la sensación
de que hacía esfuerzos por controlarse, por mantener un poco de distancia.
Seguro  que  eran  tonterías;  tal  como  decía  su  madre,  había  leído
demasiadas  novelas  románticas.  Confiaba  en  que  antes  de  que  se  le
acabara el  contrato hablarían de ello y encontrarían el  modo de seguir
juntos, en Londres o en Barcelona.
Llegó el  fin de semana. Miley había intentado hablar con Nick  un
montón  de  veces.  Sabía  que  la  idea  de  volver  a  Barcelona  la  tenía
preocupada, pero él no sabía qué decirle. Por una parte sólo de pensar en
estar  sin ella se sentía desfallecer;  durante todo ese tiempo que habían
pasado juntos, Miley había logrado recordarle que tenía un corazón, y que
era capaz de sentir. Ella no podía irse, sencillamente no podía. Pero por otra
parte, tal vez fuera lo mejor. Él aún no estaba convencido de que lo suyo
fuera a acabar bien; aún había muchos temas que los separaban y, por otra
parte, no podía quitarse de la cabeza qué demonios había estado haciendo
Miley con Steve ese día. Cuando le preguntó a Nana por una sorpresa, ella
se hizo la loca y no contestó. No le dijo nada, se limitó a ignorar la pregunta.
Nick  no lograba dejar  de pensar  que lo mejor  sería dejar  que Miley
regresara a Barcelona,  y esperar a ver cómo evolucionaban las cosas.  Si
algo tenía claro Nick  era que no quería convertirse en su padre, y una
relación a distancia le daba más  seguridad.  De ese modo,  sería mucho
menos  probable que se enamorase de Miley completamente,  y tal  vez
lograse recuperar un poco el control de su vida y de sus emociones. Y por
otro  lado,  si  las  cosas  se  estropeaban  entre  los  dos,  quizá  pudiese
sobrevivir. Sí, eso sería lo mejor. Ahora tenía tres semanas para encontrar el
modo de decírselo
El sábado por la mañana, cuando Nick fue a correr con Jack, Miley
llamó a Silvia para pedirle los artículos de Nick,  o,  como mínimo,  las
fechas y las revistas en las que se habían publicado para poder localizarlos.
El  problema fue que no encontró a nadie en casa,  por  lo que tuvo que
conformarse con dejar un mensaje en el contestador:
—Silvia, soy Miley. Llamaba para pedirte un favor. —Ella odiaba hablar
con una máquina— Necesitaría que me mandaras los artículos de Nick.
Ya te lo contaré, es una sorpresa. —En ese momento, no pudo evitar añadir
—. Le quiero, y creo que he encontrado el modo de que perdone a su padre.
Llámame. Adiós.
Al cabo de diez minutos, sonó el teléfono.
—¿Miley? —preguntó Silvia desde el otro extremo de la línea.
—¡Silvia! Te oigo muy mal —respondió Miley—. ¿Dónde estás?
—Estamos todos en Escocia. Las niñas y yo hemos venido a pasar unos
días con Sam. Regresaremos la semana que viene.
—¡Qué bien! Así podéis tomaros unas pequeñas vacaciones. Me alegro.
—He oído el mensaje que has dejado en el contestador de casa y estoy
muy intrigada —prosiguió Silvia.

What A Feeling- Capitulo 46


Nick  había  decidido  confiar  en  Miley  y  disfrutar  del  amor  por
primera vez en su vida.  No es que fuera a confesarle a ella que estaba
enamorado, nada tan drástico, pero sí había decidido dar una oportunidad a
todos  esos  sentimientos  que  siempre  había  creído  que  no  existían.  La
verdad era que no estaba tan mal.  Lo único que lo incomodaba era la
sensación de que cualquiera que lo mirase a la cara, se daría cuenta de que
parecía  un idiota.  No podía dejar  de sonreír.  Era como  cuando vas  de
vacaciones y toda la comida sabe mejor que en casa; estando con Miley
todo sabía mejor. Por no mencionar el sexo. Él siempre había disfrutado del
sexo, pero cuando hacía el amor con Miley, cuando se acariciaban, cuando
se besaban, era como si todo lo anterior hubiera sido una pérdida de tiempo
y de esfuerzos. Como si lo de antes sólo hubiese sido una clase de gimnasia
con un final feliz.
Tan sólo faltaba un mes para que Miley regresara a Barcelona, pero a
pesar de ello, se sentía feliz. Tan feliz que empezaba a preocuparse por su
salud mental. Desde la noche en que Nick se fue al gimnasio, las cosas
no podían ir mejor. Él se había relajado, ya no la miraba como si se sintiera
culpable de estar con ella, ni como si creyera estar abusando de la hermana
de su mejor amigo. Poco a poco, le había ido contando más cosas de sus
padres, de su horrible divorcio, de la enfermedad de su padre. Lo único que
no mencionaba nunca era el problema que éste había tenido con la bebida,
ni cómo había luchado él contra eso, pero Miley no lo presionaba, suponía
que ya se lo diría cuando estuviera preparado.
Por su parte, Nana se reunió con Steve el  miércoles,  tal  como Miley
había organizado y, tras unos momentos muy emotivos, ambos decidieron
que tenían que hacer algo para recuperar la memoria de Rupert y conseguir
que tanto sus amigos como su familia, y su hijo en especial, lo recordaran
por algo más que por la bebida.
Steve tuvo una idea genial; su revista podía publicar un artículo sobre
Rupert;  al  fin y al  cabo,  él  había sido uno de los mejores periodistas de
Inglaterra de todos  los  tiempos,  y en ese artículo podrían hablar  de su
carrera y sus premios y así lograr que por fin recibiera el homenaje que se
merecía. Nana sugirió una cosa, arriesgada pero genial: en ese artículo, se
podría mencionar a Nick, y cómo Rupert luchó, a su modo, para cuidar de
su hijo y guiarlo en sus primeros pasos en la profesión de periodista.  A
Steve le entusiasmó la idea, él sabía lo mucho que Rupert había querido a
su hijo, pero sin embargo tenía miedo de hacerlo a escondidas de Nick.
En realidad, éste tenía derecho a opinar sobre todo aquello y quizá no le
gustara la idea de aparecer mencionado en un artículo de la revista  The
Scope. Nana y Miley le dijeron que no se preocupara, que cuando viera a su
padre como algo más que un perdedor consumido por la bebida, seguro que
estaría tan contento que no se molestaría en absoluto.
Una tarde, mientras Nick estaba reunido con Jack hablando de unas
fotografías,  Miley  decidió  llamar  a  Steve  para  preguntarle  sobre  los
artículos robados. La última vez que lo vio no se atrevió a hacerlo porque
Nana estaba delante, pero cada noche, cuando veía a Nick preocupado
por ese tema, le remordía la conciencia por no haberlo hecho.
—Miley, qué casualidad que me llames. Ahora mismo estaba pensando
en ti —dijo Steve al responder al móvil.
—¿Por qué? —preguntó ella.
—He pensado que sería genial  tener una foto de Rupert con Nick
para el artículo, y también podría ser buena idea contar con alguno de los
textos que él haya escrito sobre algún tema sobre el que también hubiera
escrito su padre. No sé. ¿Qué te parece? —Steve hablaba a mil por hora, se
notaba que le entusiasmaba la posibilidad de redimir la memoria de Rupert.
En el fondo, se sentía culpable de no haberlo hecho antes, y de no haberlo
ayudado lo suficiente mientras vivía.
—Me parece bien.  Hablaré con Nana sobre la foto y luego llamaré a
Silvia, la mujer de Sam, para que me preste los artículos de Nick. Ella los
tiene todos guardados —contestó Miley.
—Genial.  Supongo que Nick  ha tenido mucha suerte de conocer a
Sam y a su esposa.  —Steve se frotó la cara con las manos—.  ¿Les has
contado a ellos lo del artículo de Rupert?
—Aún no.  Pensaba hacerlo este fin de semana,  pero Sam está en
Escocia y quería hablar con los dos. Pero... —Miley se interrumpió, no sabía
cómo continuar.
—Pero ¿qué? —insistió Steve.
—Últimamente,  Sam está  muy  preocupado  por  el  robo  de  unos
artículos. —Ya estaba, ya lo había dicho.
—¿El robo de unos artículos? —Steve parecía sincero.
—Sí,  el  robo  de  unos  artículos.  Hace  ya  unos  meses  que  The
Whiteboard  tiene que cambiar  algunos  de los  textos  que va a publicar
porque,  antes de que lo haga, aparecen publicados en otra revista —dijo
Miley para ver si él reaccionaba.
—¿Artículos parecidos o idénticos?
—Idénticos.
—Vaya.  Eso sí  que es  un problema,  no me extraña que Sam esté
preocupado.  ¿En qué revista aparecen publicados? A lo mejor  yo puedo
hacer algo.
Había llegado el momento decisivo.
—En The Scope.
Silencio.
—¿Qué has dicho? —Steve subió el tono de voz.
—En The Scope.
—No puede ser. No estás hablando en serio. —Sonaba enfadado, pero
al menos no había colgado.
—Muy en serio.
—Es imposible.
—Si  quieres,  puedo  demostrártelo.  —Miley  sabía  que  se  estaba
arriesgando mucho. Una cosa era ocultarle a Nick lo del artículo sobre su
padre, y otra muy distinta hablar de lo que estaba hablando con el director
de The Scope.  Pero ella tenía que encontrar el modo de ayudarlo y Steve
parecía un buen hombre. En cierto modo le recordaba a su padre, testarudo
pero con principios.
Steve tardó un poco en contestar.
—¿Por qué no me lo habías dicho antes?
—Porque no sabía si  podía confiar en ti.  —Miley guardó silencio un
instante y luego añadió—: Ahora que te conozco,  creo que sea quien sea
quien está robando los artículos no lo ha hecho con tu aprobación.
—Gracias.  —Steve  también  permaneció  un  rato  callado  antes  de
preguntar—: ¿Sabe Nick que me estás contando esto?
—No —respondió Miley al momento—. Y no creo que le gustara.

viernes, 22 de marzo de 2013

What A Feeling- Capitulo 45


Pero tras el divorcio regresó. Aunque no
era el mismo. Parecía una copia barata del que había sido. Dejó de escribir,
de  trabajar.  —Cerró  los  ojos  un  instante—.  Era  el  mejor  escribiendo
historias, y en cambio no supo darse cuenta de que la suya necesitaba un
cambio de orientación.
—Nana quiere hablar contigo sobre esos años. Creo que ella no sabe
muy bien por lo que pasó su hijo y quiere entenderlo.
—Bueno,  no sé si  yo podré ayudarla —miró el  reloj—, pero estaré
encantado de volver a verla. Esa señora siempre me gustó.
—Ya,  entiendo  a  qué  te  refieres  —Miley  también  miró  el  reloj—.
Debería irme. —Se mordió el labio—. ¿Puedo preguntarte una cosa?
—Claro —contestó él mientras se levantaba—. Tú dirás.
—La reputación de Rupert. —Lo miró indecisa—. ¿Se podría recuperar?
—No lo sé. Quizá.
—Nana va a venir a Londres el miércoles. ¿Te parece bien si te llama
para reunirse contigo?
—Sí  —contestó él  buscando en el  bolsillo interior de su americana—.
Aquí tienes también el número de mi casa.
—Gracias. —Miley cogió la tarjeta—. Por todo.
—De nada.  —Los  dos  caminaron juntos  hacia la puerta—. Hasta el
miércoles, Miley.
Nick  no podía creer  lo que estaba viendo.  ¿Qué demonios  hacía
Miley hablando con el director de The Scope? ¿Desde cuándo conocía ella a
Steve? ¿Por qué no se lo había dicho?
Le dolían las manos, y se dio cuenta de que tenía los puños apretados
con fuerza. Se negaba a creer que Miley tuviera algo que ver con el robo de
los artículos.  No,  era imposible,  seguro que había una explicación lógica
para todo aquello.  Sí,  seguro que sí.  No podía creer  que su corazón se
hubiera equivocado tanto. Cerró los ojos y se dio la vuelta; a lo mejor así se
convencía de que no la había visto. Empezó a caminar y debió de hacerlo
muy rápido, porque llegó a su casa en seguida. Una vez allí, se desnudó y
se metió bajo la ducha, como si el agua que se iba por el desagüe pudiera
llevarse con ella toda su tristeza.
—¿Nick? Ya estoy en casa —dijo Miley al  entrar en el  piso,  pero
nadie le contestó—. ¿Nick?
—Estoy aquí —contestó él saliendo de la habitación recién duchado—.
¿Cómo ha ido con Anthony? —le preguntó tenso,  esperando a ver qué le
decía.
—Bueno —respondió ella mientras colgaba el bolso en el perchero—, al
final no he ido a verlo.
—¿Ah, no? —Él  levantó una ceja. Tal vez no a iba mentirle—. ¿Y qué
has hecho?
Ella se dio la vuelta y lo miró a los ojos.
—No puedo decírtelo —contestó, mordiéndose el labio inferior.
—¿Por qué no? —Nick estaba cada vez más intrigado.
—Porque es una sorpresa. —Se puso de puntillas y le dio un beso.
—¿Una sorpresa? —Le rodeó la cintura con las manos.
—Sí, una sorpresa.
Al  ver  que ella no continuaba,  Nick  le dio un beso;  eso siempre
lograba despistarla. A lo mejor así le contaba que había visto a Steve.
—Ya sé lo que estás tratando de hacer —dijo ella apartándose un poco
para poder respirar.
—¿Lo sabes? —Le besó el cuello.
—Sí, quieres despistarme.
Nick le desabrochó el primer botón de la blusa para poder besarle el
escote.
—Y está funcionando.  Pero si  te digo algo más, Nana me matará.  —
Miley le cogió la cabeza y le besó.
¿Nana? ¿Qué diablos tenía que ver Nana con todo aquello? ¿Era todo
una mentira? ¿De qué conocía Nana a Steve Gainsborough? Fuera lo que
fuese,  tenía  que  averiguarlo.  Su  padre  ya  había  cometido  el  error  de
enamorarse de una mujer mentirosa y él no iba a seguir sus mismos pasos.
Una parte de Nick sabía que Miley no se parecía en nada a su madre,
pero había otra que llevaba demasiados años convencida de que el amor no
existía, no para él. Así que lo mejor que podía hacer era resolver pronto el
misterio del robo de los artículos, llamar a Nana para preguntarle lo de esa
misteriosa y seguramente inexistente «sorpresa», y proteger su corazón. Si
Miley le había mentido,  se le rompería en pedazos,  y dudaba que jamás
pudiera recomponerlo.
—Nick, ¿estás bien? —Miley dejó de besarlo al notar que él  había
empezado a distanciarse.
—Sí, claro —contestó, pasándose las manos por el cabello—. Creo que
voy a ir al gimnasio, hace mucho que no voy. ¿Te parece bien?
Entonces Miley se dio cuenta de que la bolsa con la ropa de deporte
estaba junto a la entrada. Nick  no había vuelto al  gimnasio desde que
dejó de evitarla.
—Sí —dijo ella sin entender lo que estaba pasando. Un segundo antes,
él  la estaba besando,  y ahora ¿quería ir al  gimnasio?—. Yo llamaré a mi
madre, hace días que no hablo con ella, y luego podemos cenar algo.
—No, no te preocupes por mí. —Él cogió la bolsa y le dio un beso en la
mejilla—. Llegaré tarde.
Se fue, y Miley se quedó atónita mirando la puerta. Bueno, seguro que
estaba preocupado por la revista.
Nick  decidió ir andando,  y de camino llamar a Nana, pero ella no
contestó. Estaría cenando con alguna de sus amigas. Durante todo el rato
que estuvo en el gimnasio, no pudo dejar de darle vueltas al asunto. Cuanto
más lo pensaba,  menos lo entendía.  ¿Qué podían tener en común Nana,
Miley y el director de The Scope? ¿Una sorpresa? ¿Qué sorpresa? ¿Por qué?
¿Para qué? La única relación que existía entre The Scope y Nick  era el
robo de los artículos, y él se negaba a creer que Miley tuviera algo que ver
con ello.  Los robos habían empezado unas semanas después de que ella
llegase y Miley no tenía ningún motivo para colaborar  con Steve.  O al
menos ninguno que él conociera. Tal vez quisiera encontrar un trabajo de
más categoría, o quizá mejorar su curriculum. Aunque ¿de ese modo? Pero
¡qué tonterías estaba pensando! ¿Cómo podía plantearse que Miley pudiera
hacer algo así? Subió la velocidad de la cinta en la que estaba corriendo.
Por mucho que le doliera reconocerlo,  sabía la respuesta a esa pregunta.
Tenía miedo de confiar en Miley, tenía miedo de que ella le hiciera daño, y
cualquier excusa era buena para evitar enamorarse de ella. Detuvo la cinta
y fue a ducharse.
De camino a casa,  se dio cuenta de que ella no le había mentido
cuando él  le había preguntado por  lo que había hecho esa tarde,  pero
tampoco podía quitarse de la cabeza que no le había dicho la verdad. A lo
mejor  no  era  tan  complicado,  tal  vez  sólo  era  casualidad y  se estaba
preocupando por nada. Quizá debía arriesgarse a confiar en ella.
Mientras  Nick  estuvo en el  gimnasio,  Miley llamó a su madre y
estuvieron charlando. Ella le contó lo feliz que era con Nick y lo mucho
que le gustaba el trabajo que hacía en la revista. Parecía que por fin todo
empezaba a tener sentido. Elizabeth le contó las últimas aventuras de sus
hermanos, y ambas decidieron que, de momento, era mejor que Joe
no supiera nada de lo que había entre ella y Nick. El mayor de los Martí
era  excesivamente  protector  con  sus  hermanas  pequeñas.  Después  de
colgar, Miley se preparó algo de cena y se acostó. Estaba muerta de sueño.
Nick llegó y vio que todo estaba a oscuras. Mejor. Aún estaba hecho
un lío y se alegró de ver que Miley ya estaba dormida. Se desnudó y se
acostó a su lado. Ella, sin despertarse, se movió hasta apoyar la cabeza en
su pecho, y él  la rodeó con el  brazo. Desde el día en que vieron Drácula,
dormían juntos.  Esa noche «hicieron el  amor» por  primera vez.  En esa
ocasión,  Nick  entendió  la  diferencia  que  había  entre  acostarse  con
alguien y hacer el amor. Miley y él se habían acostado juntos una vez, y fue
espectacular, pero no se podía ni comparar con lo que tenían ahora. Ni él ni
ella habían hablado nunca de eso, pero cuando dormían juntos y Miley se
abrazaba a él  de ese modo,  Nick  suponía que era la manera que ella
tenía de decirle que entre ellos dos había mucho más que una relación
física, y que quería estar con él.
—¿Estás bien? —preguntó Miley sin abrir los ojos.
Él  tardó un instante en contestar.  Allí,  con  ella en sus  brazos,  no
lograba acordarse de por qué estaba tan preocupado. Con Miley sentía una
paz que nunca había sentido antes; era como si todo estuviera bien, como si
nada fuera tan grave.  Seguro que lo del  encuentro con Steve tenía una
explicación, así que, por primera vez en su vida, decidió arriesgarse y seguir
a su corazón:
—Sí. Ahora sí —contestó él, y le besó el pelo—. Sigue durmiendo.