martes, 5 de abril de 2011

perfect lover-cap-39

— No. Regresó a la isla con Campanita.
— Interesante.
miley metió una cuchara en la salsa y, poniendo una mano debajo para que no goteara, se la acercó a nick para que la probase, después de haberla enfriado.
— Dime qué te parece.
Él se inclinó, abrió la boca y dejó que miley le diera a probar la salsa.
Ella observó cómo la saboreaba.
— Está deliciosa.
— ¿Demasiada sal quizás?
— No, está perfecta.
Ella sonrió alegremente.
— Ten —le dijo él, ofreciéndole un trozo de queso.
miley abrió la boca, pero él no se lo dio; aprovechándose de las circunstancias, se adueñó de sus labios para besarla a conciencia.


¡Cielo santo! Una lengua con tal capacidad de movimiento debería ser inmortalizada con un monumento, o encontrar el modo de conservarla para la posteridad. Semejante tesoro no podía desaparecer. Y esos labios…
Mmm, miley no quería pararse a pensar en esos deliciosos labios y en lo que eran capaces de hacer.
nick la sujetó por la cintura apretándola contra sus caderas, justo sobre el lugar donde su miembro se tensaba bajo los vaqueros. ¡Por amor de Dios!, este hombre estaba maravillosamente dotado y miley comenzó a temblar ante la idea de que desplegara todos sus encantos sexuales para ella.
¿Sería capaz de sobrevivir a algo así?
Sentía cómo nick se tensaba y cómo su respiración comenzaba a alterarse. Estaba dejándose arrastrar por la pasión, y miley empezaba a temer que, si no lo detenía en ese momento, ninguno de los dos iba a ser capaz de parar después.
Aunque no le apetecía nada separarse de él, dio un paso atrás, deshaciendo el tórrido abrazo.
— nick, compórtate.
Jadeando, observó la lucha que sostenía consigo mismo mientras la devoraba con los ojos.
— Sería mucho más sencillo comportarse si no fueses tan jodidamente deseable.
El comentario fue tan inesperado que ella se rió con ganas.
— Lo siento —le dijo, captando el gesto irritado de nick—. Al contrario de lo que te ocurre a ti, yo no estoy acostumbrada a que me digan cosas como ésa. El mayor cumplido que me han hecho nunca, fue el de un chico llamado Rick Glysdale. El día de la graduación, vino a recogerme a casa, me miró de arriba abajo y dijo: « ¡Joder!, te has arreglado más de lo que esperaba».
nick resopló.
— Me preocupan los hombres de esta época, miley. Todos parecen ser unos completos imbéciles.
Riéndose de nuevo, ella le dio un ligero beso en la mejilla y se acercó a la olla para sacar la pasta del agua antes de que se pasara.
Mientras echaba los tallarines en el escurridor, se acordó del pan.
— ¿Puedes echarle un vistazo a las baguettes?
nick se acercó al horno y se inclinó, ofreciéndole a miley una suculenta visión de su parte trasera. Ella se mordió el labio inferior, mientras se esforzaba por no acercarse y pasar la mano por ese firme y prieto trasero.
— Están a punto de quemarse.
— ¡Ay, mier*da! ¿Puedes sacarlas? —le preguntó, intentando no derramar el agua que estaba hirviendo.
— Claro —nick cogió el trapo de la encimera, y comenzó a sacar el pan. De repente, soltó un juramento que llamó la atención de miley.
Ella se giró y vio que el trapo estaba ardiendo.
— ¡Allí! —exclamó, quitándose de en medio—. Échalo al fregadero.

domingo, 3 de abril de 2011

-EL hijo de otra--cap-29

miley había creído que nada se podría comparar a aquella noche que habían compartido, pero ahora, con la alianza de casada en el dedo y sabiendo la posición que ocupaba en la vida de nick, se lanzó a disfrutar del placer que él le proporcionaba y a proporcionárselo a su vez sin inhibición alguna.
Cuando le imploró que la poseyera porque ya no podía más, nick se adentró en su cuerpo y la llevó a una espiral de placer al final de la cual ambos alcanzaron el clímax a la vez y se quedaron dormidos uno en brazos del otro con el murmullo del riachuelo de fondo.


A la mañana siguiente, miley se despertó oliendo a café y vio que hacía un precioso día de sol.
Se duchó y, cuando estaba saliendo del baño, entró nick también duchado y con una bandeja con el desayuno consistente en huevos revueltos, zumo de naranja y tostadas con mermelada.
-A la cama -le ordenó nick
miley obedeció encantada.
-¿Tú no vas a tomar nada? -le preguntó cuando vio que se sentaba al borde de la cama y esperaba a que comiera.
-He tomado tostadas y cereales hace una hora. Anoche gastamos muchas energías y he preferido dejarte dormir.
miley se sonrojó mientras se tomaba las tostadas. Era increíble cómo podía entregarse a él con tanta facilidad y luego sentir timidez, pero lo cierto era que tampoco lo conocía hacía tanto tiempo...
-¿Ha venido Mayra?
-¿Estás de broma? Ha dejado el frigorífico bien surtido y llamará mañana para ver si necesitamos algo. Eso ponía en la nota.
-Qué amable -dijo miley echándose hacia atrás y sonriendo de manera provocativa-. Así que también sabes cocinar -le dijo a su marido.
nick no contestó, pero la miró con interés al ver que sólo llevaba una bata de raso.
-¿Estás seguro de que no quieres nada?
-Yo no he dicho eso -contestó nick dejando la bandeja en la mesilla y mirando a miley de manera inequívoca.
nick le desabrochó la bata y miley cerró los ojos y le ofreció su cuerpo desnudo.
nick la tuvo todo el día en la cama y a ella, la verdad no le importó. Cuando se quiso dar cuenta, ¡eran las seis y cinco!
-Es nuevo, es natural, es sano, no hay de lo que avergonzarse -le dijo nick. Ven, vamos a ducharnos y cenamos por ahí.
La llevó a una vieja taberna que había en el pueblo y que estaba prácticamente vacía. Era mucho más acogedora que los restaurantes de la costa y allí disfrutaron de unas raciones de jamón y queso acompañadas por pan y vino.
Al volver del baño, miley hizo una mueca de dolor al sentarse.
-¿Demasiada cama? -sonrió nick mirándola con deseo de nuevo.
miley sintió inmediatamente una punzada de deseo en la entrepierna y se preguntó si sería normal desear tanto a un hombre. ¿Cómo era posible que quisiera provocarlo para que la tomara allí mismo, encima de la mesa?
-Vamonos -dijo nick con voz ronca.
Llegaron a casa en un abrir y cerrar de ojos y a miley no le dio tiempo ni de cerrar la puerta cuando sintió las manos de nick que la tomaba de la cintura por detrás. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás para reposarla en su hombro.
nick le besó el cuello de manera casi salvaje y le tomó los pechos en las palmas de las manos.
miley gimió extasiada mientras la desnudaba.
nick parecía desesperado por poseerla, así que, cuando hizo amago de subir las escaleras en dirección a su dormitorio, miley lo agarró de la mano y lo llevó a la cocina, que estaba en penumbra, para hacer realidad la fantasía que se le había ocurrido en el restaurante.
-Quiero ver si a mi marido, que es un hombre listo, guapo y estupendo, se le da tan bien la cocina como dice -ronroneó miley desabrochándole la camisa.
-Ah, así que es eso, ¿eh? Te diré que soy capaz de calentar las cosas, mantenerlas calientes el tiempo que a mí me da la gana y terminar con algo realmente satisfactorio.
Excitados ambos por sus palabras, hicieron el amor sobre la gran mesa de pino de la cocina rodeados de antiguos cacharros de bronce.

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katti no desesperes les tengo preparado otra maraton =)
pero aun no decido de que nove asi que ya saben ustedes elijan
cual quieren
grax por todos sus lindidsimos comentarios me encanta leerlos
bueno cuidanse muxooo

perfect lover-cap-38

— Bueno, en realidad, no es mi paciente —prosiguió sin detenerse—. Jamás habría aceptado a un hombre así, pero Luanne, la doctora Jenkins, no es tan selectiva. La semana pasada tuvo que marcharse de la ciudad a toda prisa, por una emergencia familiar. Así es que Beth y yo tuvimos que repartirnos sus pacientes para atenderlos mientras ella está fuera. Aún así, no quise quedarme con este hombre tan horripilante, pero Beth no pasa consulta los viernes, y él tiene que acudir los miércoles y los viernes debido al régimen de libertad condicional.
miley lo miró con el pánico reflejado en sus pálidos ojos grises.
— Pero yo no quise atenderlo, y el supervisor de su caso me juró que no habría ningún problema. Dijo que el tipo no representaba una amenaza para nadie.
nick sentía que le palpitaba la cabeza por la cantidad de información que miley estaba soltando, y que él era incapaz de comprender en su mayor parte.
— ¿Eso es un problema?
— Es un poquito espeluznante —dijo con las manos temblorosas—. Es un acosador. Acaban de darle el alta de un hospital psiquiátrico.
— ¿Un acosador? ¿Un hospital psiquiátrico? ¿Qué es eso?
Al escuchar la explicación, nick no pudo evitar quedarse con la boca abierta.
— ¿Permitís que estas personas se muevan a su antojo?
— Bueno, sí. La idea es ayudarlos.
Zac estaba horrorizado. ¿Qué clase de mundo era ése en el que los hombres se negaban a proteger a sus mujeres y niños de la depravación?
— En mi época, no permitíamos que personas así se acercaran a nuestras familias. Nos asegurábamos de que no andaran sueltos por nuestras calles.
— ¡Bienvenido al siglo veintiuno! —exclamó miles con amargura—. Aquí hacemos las cosas de un modo… distinto.
nick movió la cabeza, ensimismado, mientras pensaba en todas las cosas de ésta época que le resultaban extrañas. No podía entender a esta gente, ni su modo de vida.
— No encajo en este mundo —masculló.
— nick…
Se alejó cuando vio que miley se acercaba a él.
— miley, sabes que es así. Supongamos que rompemos la maldición; ¿de qué me va a servir? ¿Qué se supone que voy a hacer aquí? No puedo leer tu idioma, no sé conducir y no tengo posibilidades de trabajar. Hay demasiadas cosas que no entiendo. Me siento perdido…
Ella se estremeció ante la evidente angustia que nick intentaba ocultar con todas sus fuerzas.
— Sólo estás un poco agobiado. Pero lo haremos pasito a pasito. Te enseñaré a conducir y a leer. Y con respecto al trabajo… sé que eres capaz de hacer muchas cosas.


— ¿Como qué?
— No lo sé. Además de ser un soldado, ¿a qué otra cosa te dedicabas en Macedonia?
— Era un general, miley. Lo único que sé hacer es dirigir a un antiguo ejército en una batalla. Nada más.
miley tomó su cara entre las manos y lo miró con dureza.
— No te atrevas a abandonar ahora. Me has dicho que no tenías miedo a luchar, ¿cómo puedes asustarte por esto?
— No lo sé, pero me asusta.
Algo extraño ocurrió entonces; mley percibió que nick le había permitido acercarse. No de forma muy íntima, pero por la expresión de su rostro se daba cuenta de que estaba admitiendo su vulnerabilidad ante ella. Y, en el fondo, sabía que no era el tipo de hombre que admite fácilmente ese hecho.
— Yo te ayudaré.
La duda que reflejaban los ojos azules hizo que se le revolviera el estómago.
— ¿Por qué?
— Porque somos amigos —le respondió con ternura, mientras le acariciaba la mejilla con el pulgar—. ¿No fue eso lo que le dijiste a Cupido?
— Ya escuchaste su respuesta. No tengo amigos.
— Ahora sí.
Él se inclinó y la besó en la frente, atrayéndola hacia su cuerpo para darle un fuerte abrazo. El cálido aroma del sándalo la inundó mientras escuchaba cómo el corazón de nick latía frenéticamente bajo su mejilla rodeada por sus bíceps tostados por el sol. Fue un gesto tan tierno que a miley le llegó al alma.
— De acuerdo, miley—le dijo en voz baja—. Lo intentaremos. Pero prométeme que no dejarás que te haga daño.
Ella lo miró ceñuda.
— Estoy hablando en serio. Una vez que me pongas los grilletes, no me sueltes bajo ninguna circunstancia. Júralo.
— Pero…
— ¡Júralo! —insistió él con brusquedad.
— Muy bien. Si no puedes controlarte, no te liberaré. Pero yo también quiero que me prometas una cosa.
Él se apartó un poco y la miró con escepticismo. No obstante, siguió abrazándola.
— ¿Qué?
miley apoyó las manos sobre sus fuertes bíceps y sintió cómo la piel de nick se erizaba bajo su contacto. Él bajó la mirada hacia sus manos, con una de las expresiones más tiernas que ella había visto nunca.


— Prométeme que no vas a desistir —le dijo—, que vas a intentar acabar con la maldición.
La miró con una sonrisa extraña.
— Está bien. Lo intentaré.
— Y lo lograrás.
nick sonrió al escuchar su comentario.
— Tienes el optimismo de una niña.
miley le devolvió la sonrisa.
— Como Peter Pan.
— ¿Peter qué?
Ella se alejó de sus brazos de mala gana. Tomándolo de la mano, lo llevó hasta la puerta del dormitorio.
— Acompáñame, esclavo macedonio mío, y te contaré quiénes son Peter Pan y los Niños Perdidos.
— Entonces, ¿ese chico nunca se hizo mayor? —preguntó Julian mientras preparaban la cena.
miley estaba muy sorprendida, ya que él no se había quejado cuando le pidió que se encargara de la ensalada. Parecía bastante acostumbrado a usar cuchillos para cortar comida.
Sin muchas ganas de investigar aquella pequeña peculiaridad, se concentró en la salsa para los tallarines.
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este capi va dedicado para aracely

boda por contrato-cap 2

—¿Pero a qué viene una pregunta tan tonta?
—exclamó el anciano.
—Solo lo quiero saber.
—Yo le habría pasado el control de la empresa familiar a Nick el día de vuestra boda, ¡y todavía lo haría con gusto si fuera posible! Mi único deseo era dejar en buenas manos el negocio al que le he dedicado toda mi vida. ¿Era eso mucho pedir?
Miley decidió que aquello no tenía sentido, así que empezó a dirigirse a la puerta, pero entonces, pensó que debía hacer un último intento.
—La salud de mi madre no es buena...
Enrique gruñó algo en griego y Miley lo miró echando chispas por los ojos:
—¡ Si ella muere en la pobreza, espero que la conciencia te castigue hasta la tumba y más allá, porque eso es lo que te mereces!
Él la miró por un segundo con ojos inexpresivos. Luego le dio la espalda.
Miley abandonó la suite y se metió en el ascensor, donde se derrumbó. Minutos más tarde, ya había recuperado el control y salió a la calle. Pensó que, si tuviera dinero, haría que raptaran a Nick Jonas y ella misma se encargaría de torturarlo, ya que realmente odiaba a ese hombre. Lo odiaba de verdad.
Aunque ya era inmensamente rico, la avaricia lo había hecho comprometerse a los diecinueve años con una chica regordeta que no tenía otro atractivo para él más que ser la heredera de la fortuna de los Espinosa. Nick Jonas le había roto el corazón, destruido su orgullo y se había asegurado de que Enrique no la perdonara nunca ni a ella ni a su madre.
Pero tal vez su madre hubiera nacido bajo una estrella desafortunada. Durante los primeros veintiún años de su vida, Leti había estado inmersa en un mundo de dinero y privilegios. Luego había cometido el error fatal de enamorarse de un inglés. Se encontró con una fuerte oposición familiar, pero ella se fue a Londres para reunirse con él. El día antes de su boda, el padre de Miley se había estrellado con su moto y se había matado.
Poco después, Leti había descubierto que estaba embarazada. Desde entonces no había habido vuelta atrás, estaba esperando un hijo y estaba soltera y no sabía hacer casi nada en la vida. Aun así, había criado sola a Miley y a lo largo de su infancia ella solo podía recordarla con cara de agotamiento. Todos esos años de agotador trabajo físico habían arruinado su salud y debilitado el corazón.
Cuando Miley fue lo suficientemente mayor para trabajar, las cosas fueron mejor. Durante unos años, habían sido felices en un pisito que les había parecido un palacio a las dos Pero bacía año y medio, la empresa para la que trabajaba quebró y, desde entonces, ella solo había podido conseguir empleos temporales e incluso eso les estaba fallando recientemente.Habían tenido que marcharse del piso y sus ahorros habían desaparecido hacía ya tiempo.

El ayuntamiento las había realojado en un suburbio. A su madre le daban tanto miedo las pandillas de jóvenes desocupados que ya no se atrevía a salir de la casa y era como si se hubiera rendido y no quisiera vivir más.
Miley creía que se estaba muriendo poco a poco. Siempre estaba pensando en el pasado, ya que el presente era demasiado desagradable.
Un apartamento barato y ruinoso en el que no se podían permitir tener calefacción ni teléfono ni televisión. Nada.
Si ella hubiera podido predecir el futuro hacía diez años, ¿habría tomado la misma decisión? ¡ Seguramente ahora estaría casada con un magnate! Su madre podría haber disfrutado de nuevo de la seguridad y comodidades, antes de que su salud se viera arruinada del todo. Ahora sabía que, si hubiera tenido esa bola de cristal, se habría casado con un monstruo por su madre.
¿Y qué si Nick había tonteado con una preciosa modelo italiana no lejos de ella?
¿Y qué si Nick le había dicho a su prima segunda, Selena, que ella era gorda, estúpida y
asexuada, pero que valía su peso en oro?
¿Y qué si él fuera a serle infiel durante todo el matrimonio y se dedicara a ser un cerdo arrogante con el que fuera insoportable vivir?
¿Y qué si le dijo a la cara la mañana después de esa noche famosa que ella era una zorra y que él,Nick Jonas, se negaba a casarse con las sobras de otro hombre?
Se detuvo delante de un escaparate y pensó que Nick debía de estar en Londres por la misma razón por la que estaba su abuelo. Había leído en la prensa que se iba a producir una reunión de magnates griegos con intereses en negocios británicos. Al contrario que Enrique, Nick tenía unas grandes oficinas en la City, donde debería estar en ese mismo momento.
¿Qué tenía ella que perder? Él seguía soltero. Y Enrique Espinosa nunca bromeaba con el dinero. Su abuelo pagaría millones de libras por verla casada con Nick Jonas. Las personas no contaban para nada en eso, lo primero era unir los dos enormes imperios económicos. Y con eso, incluso ella podía ser capaz de hacer la última oferta. ¿Estaba loca? No, se lo debía a su madre. Leti había sacrificado mucho por ella.
Miró su reflejo en el escaparate. Una mujer morena de altura media, con una falda gris y una chaqueta vieja. Incluso con lo poco que comia, nunca sería delgada. Debía de haber heredado sus generosas curvas de su padre, ya que su madre era muy delgada. Bueno, pero valía su peso en oro, se recordó a sí misma. Y, si había algo en lo que Nick sobresaliera, era en su capacidad para aumentar sus ya importantes riquezas.
 
Nick estaba planeando un gran trato.
Había ordenado que no le pasaran ninguna llamada. Así que, cuando llamaron levemente a la puerta de su despacho, miró irritado a su ayudante británico, Tomas, cuando se acercó y le susurró algo al oído.
—Lo siento, pero hay una mujer que pide verlo urgentemente, señor.
—He dicho que no quiero interrupciones, sobre todo de mujeres.
—Dice que es la nieta de Enrique Espinosa, Miley. Pero la recepcionista no está convencida de que sea cierto. Supongo que no lo parece, señor...
¿Miley Espinosa?
Nick frunció el ceño. Ese nombre aún despertaba en su interior una cierta ternura a la vez que rabia. ¿Cómo se atrevía esa zorra a pretender verlo?
Se puso en pie repentinamente, y todos los demás hicieron lo mismo.
Se acercó a los ventanales y pensó que Enrique le había dicho que nunca la perdonaría, y era un hombre de palabra.
Incluso en esos momentos Nick se estremecía al recordar la humillación que había sufrido al verse enfrentado públicamente con el hecho de que su novia, supuestamente virginal, había salido con su coche con un amigo borracho y se había acostado con él. Era asqueroso. De hecho, solo recordarlo le hacía lamentar el no haber tenido la oportunidad de castigarla como se merecía.
- ¿Señor....?.
Nick se volvió.
—Que espere.
Su ayudante contuvo la sorpresa con dificultad.
—¿A qué hora le digo a su secretaria que la verá?
—Deje que espere.
Mientras pasaba la hora del almuerzo y empezaba la tarde, Miley era consciente de que
alguna gente pasaba con sospechosa lentitud por la zona de recepción y la miraba extrañada.
Mantuvo la cabeza alta aparentando indiferencia. Se dijo que había logrado entrar y que iba a aprovechar su oportunidad. Nick no se había negado a verla. Después de todo, tenía que intentarlo, él era su última oportunidad y tenía que tragarse el orgullo.
Justo antes de las cinco, la recepcionista se levantó de la mesa y le dijo:
—El señor Jonas ha abandonado el edificio, señorita Espinosa.
Miley se puso pálida. Luego recuperé la dignidad y se levanté. Mientras bajaba en el ascensor, decidió que al día siguiente haría lo mismo. Y al otro. Todos los días que fueran necesarios.
En el autobús, penso que Nick ya no era el guapo adolescente del que una vez se había enamorado. Ahora era ya un adulto. Como su abuelo, no debía ver la necesidad de justificar su propio comportamiento. No le habían dicho que no la atendería. La había dejado concebir esperanzas. Eso había sido algo cruel, pero ella debería haber estado preparada para esa táctica.A la mañana siguiente, Miley tomó posiciones en la sala de espera de las oficinas de Nick tres minutos después de las nueve en punto.
Pidió verlo como el día anterior y la recepcionista no la miró. Miley se preguntó si ese sería el día en que Nick perdiera la paciencia y haría que la echaran del edificio.
A las nueve y diez, Tomas Mardsen se acercó a Nick, que, como siempre, había empezado a trabajar a las ocho de la mañana.
—La señorita Espinosa está aquí de nuevo hoy, señor.
Nick se tensó casi imperceptiblemente.
—¿Tiene el archivo Tenco? —le preguntó Nick como si el otro no hubiera dicho nada.El día continuó con Miley esperando que su humildad impulsara a Nick a dedicarle cinco minutos de su tiempo. Para cuando terminó el día, la recepcionista le dijo de nuevo a Miley se había marchado y ella experimentó semejante oleada de frustración que hubiera querido gritar.Al tercer día, Miley deseó haberse llevado unos sándwiches de casa, pero eso habría despertado las sospechas de su madre.
Sorprendentemente, a mediodía, cuando volvió de una visita al cuarto de baño, se encontró con una taza de té y tres pastas esperándola. Sonrió y la recepcionista la miró conspirativamente. Para entonces, ella estaba convencida de que todo el mundo había pasado por allí para echarle un vistazo. Todos menos Nick.
A las tres, cuando ya había desaparecido lo que le quedaba de paciencia, la desesperación empezó a apoderarse de ella. Nick volvería a Grecia pronto y quedaría aún más lejos de su alcance. Tomó una decisión repentina y se levantó. Pasó por delante de la mesa de recepción y empezó a caminar por el corredor que daba a los despachos.
—¡Señorita Espinosa, no puede pasar ahí!
—le gritó la recepcionista.
Pero ella sabía que, hiciera lo que hiciese, ya estaba perdida. Obligar a Nick a enfrentarse a ella no era lo más adecuado. A ningún hombre le gustaba que una mujer se enfrentara a él. Podría reaccionar como un hombre de las cavernas.
Cuando estuvo delante de una de las puertas, unas manos masculinas la sujetaron por los brazos.
—Lo siento, señorita Espinosa, pero nadie entra ahí sin permiso del jefe -dijo una voz con acento griego.
—Damianos... -dijo ella reconociendo la voz del guardaespaldas de Nick—. ¿No podría mirar para otro lado solo por una vez?
—Vuelva a casa, por su abuelo. Por favor, hágalo antes de que se la coman viva.
Damianos dudó un momento y, sin pensarlo, ella aprovechó la oportunidad. Se soltó de repente y entró por la puerta.
Nick se levantó sorprendido de detrás de su mesa.
Miley supo que tenía solo un segundo antes de que Damianos volviera a intervenir.
—¿Eres un hombre o un ratón que no se atreve a enfrentarse a una mujer? —le espetó.

Fire in Two Hearts--cap--2


iMal*dita sea! -masculló poniéndose en pie de pronto. No debía haberse permitido ni siquiera pensar en el nombre de esa mujer. Aunque, con el paso del tiempo, casi había conseguido olvidarla, cada vez que su nombre acudía a su mente, todo su cuerpo se tensaba de angustia. No podía evitarlo.
Se dirigió a la nevera, abrió una cerveza y se apoyó perezosamente sobre la barandilla del yate, con el ceño fruncido.
Esa bruja..., ese demonio... había dejado su impronta sobre él y aún sentía cómo su cuerpo se revelaba al recordarla, aunque hubieran pasado tres largos años. Tomó un sorbo de cerveza. Todavía podía oír la aterciopelada voz de Selena , tomando decisiones sobre cómo se debería organizar la fiesta de San Esteban, con su acostumbrada eficiencia. Si volviera la vista hacia atrás, podría admirar su perfecta figura, de cabello negro y ojos oscuros, paseando por la sala de reuniones con tanta soltura como si no hubiera hecho otra cosa en toda su vida.
Tomó otro sorbo de cerveza. Sus hombros desnudos ardían bajo el sol mediterráneo y todo su musculoso cuerpo agradecía la cálida caricia. Pero, al recordar a Miley , sintió una punzada de nostalgia que activó su deseo. Compuso una mueca de desaliento, preguntándose si alguna vez volvería a amar a una mujer como había amado a Miley . Decidió que, pasara lo que pasara, prefería no tener que volver a sentir una urgencia tan primitiva.
Se habían casado como lo hubieran hecho un par de adolescentes, amándose con una pasión tal, que ambos se habían quedado hechos trizas cuando llegó el momento de la separación. Eran demasiado jóvenes y habían hecho el amor como animales. También se habían peleado y reconciliado con la misma ferocidad hasta que todo se volvió tan desagradable y amargo, que fue mejor tomar caminos distintos.
Pero aquella historia ya no importaba y había llegado el momento de plantearse una nueva vida, probablemente en Grecia, junto a una buena esposa. Ya tenía treinta y un años y deseaba sentar la cabeza de una vez por todas.

-¿Por qué frunces el ceño?
Selena se había acercado a él sin hacerse notar. Nick volvió la cabeza, se sumergió en la confortable calidez de sus ojos marrones y le devolvió una tímida sonrisa. Pero no pudo evitar recordar aquella otra sonrisa nada tímida, más bien provocativa. Recordó también aquellos intensos ojos verdes, siempre desafiantes.
-Estoy intentando convencerme de que ha llegado el momento de abandonar San Esteban -contestó él.
-Te cuesta trabajo, ¿no? -murmuró Selena con tono comprensivo.
Nick suspiró.
-He llegado a amar estos parajes -confesó paseando de nuevo la mirada por San Esteban.
Se produjo entre ellos un silencio cómodo, que le permitió recordar brevemente los momentos más intensos de su prolongada estancia en San Esteban y darse cuenta de cómo esos años habían asentado su carácter, convirtiéndole en una mejor persona. Ese pueblo español se había convertido en el lugar donde había enterrado su desgracia y donde había aprendido a comportarse como un ser adulto y responsable. Miley...
Fue necesario que Selena apoyara una mano sobre su bíceps para que recordara que ella seguía allí. No solían entrar en contacto físico, ya que la relación aún no había alcanzado ese punto, pero en esos momentos, su caricia resultó reconfortante. Ella era la mejor amiga de su hermana Demi y, hasta la fecha, él siempre la había tratado en calidad de tal.
-Ya sabes lo que pienso, Nick -dijo Selena amablemente, retirando la mano-. Creo que te has ausentado de Grecia por demasiado tiempo. Estoy convencida de que ya ha llegado la hora de volver a Atenas y emprender una nueva vida, ¿no estás de acuerdo?
-Sabias palabras -repuso él con una sonrisa de complicidad-. No te preocupes, Selena , después de la fiesta de San Esteban, tengo la intención de volver a casa. Y esta vez, puede que me quede allí para siempre.
-Bien -concluyó ella-, tu madre se alegrará cuando se entere -añadió antes de girarse para desaparecer sigilosamente en el interior del yate, con ese vestido azul marino que le sentaba como un guante.
Pero Selena no era consciente de que acababa de alejarse de un hombre cuyo pensamiento había regresado de inmediato a la imagen de aquella mujer castaña de ojos celestes y mirada desafiante. Miley hubiera preferido salir desnuda a la calle antes que ponerse un sobrio vestido azul marino como el de Selena , reflexionó con severidad. A ella le gustaban las faldas cortas que dejaban claramente a la vista sus imponentes piernas y las camisetas escotadas que hipnotizaban a los hombres con la promesa de encontrar debajo unos soberbios pechos, altos y llenos, con los pezones muy marcados. Miley hubiera preferido que le cortaran un brazo antes que seguir los prudentes consejos de la madre de Nick. Jamás había conseguido que su familia política la aceptara tal y como era. Todo había ido mal desde el principio y ninguna de las dos partes implicadas había optado por la discreción. Al contrario, Nick había tenido que vivir en un auténtico infierno poblado de quejas en ambos sentidos.

sábado, 2 de abril de 2011

-EL hijo de otra--cap-28

Cuando llegaron a Brooklands, la luz del atardecer bañaba la casa con su precioso brillo de principios de agosto y el silencio era el mismo de siempre.
-No -le dijo nick cuando miley fue a entrar.
En un rápido movimiento, la tomó en brazos y cruzaron juntos el umbral.
miley se rió jovialmente y se preguntó por qué no habría hecho aquello en la casa de Londres, la casa que había compartido con Maite
Lo cierto era que lo prefería así.
-Bájame. Mayra podría aparecer en cualquier momento.
 -Mayra no es tan imprudente.
nick cerró la puerta tras ellos y la besó lánguida y apasionadamente.
-Mi pequeña bohemia -susurró dejándola en el suelo


Pero no la soltó sino que se quedó mirándola con una intensidad casi dolorosa que dulcificaba la dureza de sus rasgos faciales y lo hizo parecer tan vulnerable a los ojos de miley que de pronto se encontró pensando que lo quería.
«¡Lo amo, verdaderamente lo amo!», se dijo. Al darse cuenta de la verdad, miley se apartó de él visiblemente consternada.
-¿Dónde vas? -le preguntó miley agarrándola de la muñeca.
-Hay una nota en la mesa del salón –contestó miley-. Supongo que será de Mayra
-Sí, es verdad -dijo nick mirando hacia el salón, pero sin soltarla.
-Creo que me voy a dar una ducha –murmuró miles con voz trémula intentando soltarse.
nick se rió y chasqueó la lengua.
-Después -le dijo abrazándola y mirándola a los ojos.
 En ellos, miley vio algo que la aterrorizó y la excitó a la vez: deseo en estado puro.
-Ya nos ducharemos juntos, pero primero, señora Cadman, creo que ya va siendo hora de quedemos paso a la inevitable -le dijo besándola en la frente-. Creo que no deberías seguir negándotelo.
-¿Negándome qué? -rió miley nerviosa.
-Que has nacido para esto -contestó nick-. Sabes que, una vez que nos hayamos acostado, jamás seremos capaces de separarnos.
Habían estado tan ocupados durante las dos últimas semanas que nick le había dicho que prefería esperar, así que todavía no habían hecho el amor.
Según él, quería que la primera vez fuera un encuentro sin prisas y relajado.
-Me estás dando miedo -admitió miley-. Tú tienes tanta... experiencia y yo...no sé qué esperas de mí.
nick deslizó la mano por su hombro y le acarició la cara.
-¿Qué te hace pensar que espero algo de ti? Esto es una cuestión de placer mutuo, cariño. Supongo que lo sabrás si has tenido otras relaciones.
-Es que no las he tenido.
-¿Qué me estás diciendo? ¿No te has acostado con ningún hombre después de hacerlo conmigo? miley no contestó.
Lo cierto era que se sentía muy orgullosa de sí misma por haberse acostado única y exclusivamente con el que ahora era su marido, pero a él, tan sofisticado y moderno, le debía de parecer una cosa muy anticuada.
-No pongas esa cara, cariño. Lo cierto es que me siento realmente halagado... a no ser, claro, que la primera vez que te acostaste con un hombre, es decir conmigo, la cosa fuera tan horrible que se te quitaran las ganas de volver a probar.
miley se dio cuenta de que estaba bromeando, pero decidió tomarle el pelo.
-¿Tú qué crees?
nick la besó en el cuello.
-Tú dirás.
miley se moría por abrazarlo y sentir la potencia de su respuesta, así que se puso de puntillas, le pasó los brazos por el cuello y lo besó con pasión.
-No te puedes ni imaginar cuánto tiempo llevo queriendo hacer esto -dijo nick tomándola entre sus brazos y haciéndose con el control de la situación-. Para ser exactos, desde el mismo momento en que te vi aquel día que fui a tu casa a contarte lo de los niños, he estado soñando con acostarme contigo, con no dejarte salir de mi cama, con hacerte gemir de placer como aquella primera vez.
Dicho aquello, le desabrochó la blusa y miley la dejó caer al suelo dejando al descubierto un provocativo sujetador de encaje blanco.
Deseosa de gustarle, miley se había comprado el precioso conjunto la semana anterior y, por cómo la estaba mirando su ahora marido, había acertado de pleno.
-Sí, sí, eres novata, pero tienes un gusto exquisito y sabes volver loco a un hombre. ¿Alguna otra sorpresa?
Aquellas palabras hicieron que miley se sintiera más segura de sí misma. Se quitó la falda y la dejó caer al suelo también revelando la tanga que iba a juego del sujetador.
-Eres preciosa -murmuró nick con la respiración entrecortada.
miley se dio cuenta de lo excitado que estaba y le dejó que la acariciara.
-Eres tan deseable -continuó nick mientras le besaba el cuello y le acariciaba los pezones por encima de la tela.
A continuación, la retiró con el pulgar y procedió a saborear aquellos montículos rosados que tanto lo tentaban.
miley cerró los ojos ante aquella deliciosa tortura.
-Será mejor que nos vayamos arriba porque, si no, te voy a tomar aquí mismo y no es eso lo que quiero hacer nuestra primera vez como marido y mujer -declaró nick al cabo de un rato.
Aquélla fue la mejor experiencia de su vida.
Desde que la tomó en brazos y la llevó a su dormitorio hasta cómo, sirviéndose de su voz, de su boca y de sus manos, la fue guiando por los misteriosos senderos del placer.

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  grax a briannamichelle_07 x comentar este capi va dedicado para ti y para juntos por siempre muxas graxias a las dos

un beso grande a todas y cuidense muxooo

perfect lover-cap-37

— ¿Qué es un ama de casa?
— Una mujer que se queda en casa y hace las cosas típicas de las madres. En el fondo, nunca me trataron como a una niña, por eso, cuando estaba cerca de otros niños, no sabía cómo comportarme. Ni qué decir. Me asustaba tanto que me ponía a temblar. Finalmente, mi padre comenzó a llevarme a un psicólogo y, después de un tiempo, mejoré bastante.
— Excepto con los hombres.
— Ésa es una historia totalmente diferente —le dijo, suspirando—. De adolescente era una chica desgarbada, y los chicos del instituto no se acercaban a mí, a menos que quisieran burlarse.
— ¿Burlarse de ti?, ¿por qué?
miley se encogió de hombros con un gesto indiferente. Por lo menos, esos viejos recuerdos habían dejado de molestarla. Finalmente los había superado.
— Porque estaba plana, tenía orejas de soplillo y un montón de pecas.
— ¿Que estabas plana?
— No tenía pecho.
miley hubiese jurado que podía sentir el calor que desprendía la mirada de nick mientras inspeccionaba sus pechos.
Mirándolo de reojo, confirmó sus sospechas. De hecho, la estaba observando como si se hubiese quitado la camisa y estuviera en mitad de…
— Tus pechos son muy bonitos.
— Gracias —le respondió con torpeza, aunque curiosamente se sentía halagada por un cumplido tan poco convencional—. ¿Y tú?
— Yo no tengo pechos.
Lo dijo con un tono tan inexpresivo y serio que miley no pudo evitar estallar en carcajadas.
— No era eso a lo que me refería, y lo sabes muy bien. ¿Cómo fue tu adolescencia?
— Ya te lo he dicho.
Ella le miró furiosa.
— En serio.
— En serio, luchaba, comía, bebía, me acostaba con mujeres y me bañaba. Normalmente, en ese orden.
— Todavía tenemos problemas con esto de la falta de confianza, ¿no? —preguntó ella de forma retórica.
Asumiendo su papel de psicóloga, cambió a un tema que a él le resultara más fácil.
— ¿Por qué no me cuentas qué sentiste la primera vez que participaste en una batalla?
— No sentí nada.
— ¿No estabas asustado?
— ¿De qué?
— De morir, o de que te hirieran.
— No.
La sinceridad de su sencilla respuesta consiguió desconcertarla.


— ¿Y cómo es que no tenías miedo?
— No tienes miedo a morir cuando no tienes nada por lo que seguir viviendo.
Impresionada por sus palabras, miles a tomó el camino de entrada a su casa.
Decidiendo que sería mejor dejar un tema tan serio por el momento, bajó del coche y abrió el maletero.
nick cogió las bolsas y la siguió hasta la casa.
Se dirigieron a la planta alta. miley sacó sus cómodos vaqueros del vestidor e hizo sitio en los cajones para poder guardar la ropa nueva de nick.
— Veamos —dijo, arrugando las bolsas vacías para arrojarlas a la papelera de mimbre, colocada junto al armario—. Es viernes por la noche. ¿Qué te gustaría hacer? ¿Te apetece una noche tranquila o prefieres dar una vuelta por la ciudad?
Su hambrienta mirada la recorrió de la cabeza a los pies, haciendo que ardiera al instante.
— Ya conoces mi respuesta.
— Vale. Un voto a favor de arrojarse al cuello de la doctora, y otro en contra. ¿Alguna otra alternativa?
— ¿Qué tal una noche tranquila en casa, entonces?
— De acuerdo —respondió miley, mientras se acercaba a la mesita de noche para coger el teléfono—. Déjame que compruebe los mensajes y después prepararemos la cena.
nick siguió colocando su ropa, mientras ella llamaba al servicio de contestador y hablaba con ellos.
Acababa de doblar la última prenda cuando percibió una nota de alarma en la voz de miley.
— ¿Dijo qué quería?
nick se giró para poder observarla. Tenía los ojos ligeramente dilatados, y sujetaba el teléfono con demasiada fuerza.
— ¿Por qué le dio mi número de teléfono? —preguntó enfadada—. Mis pacientes jamás deben saber mi número privado. ¿Puedo hablar con su superior?
nick se acercó a ella.
— ¿Algo va mal?
miley alzó la mano, indicándole que permaneciera en silencio para poder escuchar lo que la otra persona le estaba diciendo.
— Muy bien —dijo tras una larga espera—. Tendré que cambiar el número de nuevo. Gracias —colgó el teléfono, frunciendo el ceño por la preocupación.
— ¿Qué ha pasado? —le preguntó él.
miley resopló irritada mientras se frotaba el cuello.
— La compañía acaba de contratar a esta chica y, como es nueva, le dio mi número privado a uno de mis pacientes.
Hablaba tan rápido que a nick le costaba trabajo seguirla.
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este tambien va dedicado para katii

perfect lover-cap-36

— Como dijo Cupido, sabía que no debía tocar a una de las vírgenes de Príapo.
— ¿Y por qué lo hiciste entonces?
— Porque fui un estúpido.
miley rechinó los dientes; tenía unas ganas horribles de estrangularlo. ¿Por qué nunca contestaba a lo que se le preguntaba?
— ¿Y qué te hizo…?
— No me apetece hablar del tema —le espetó.
Ella le soltó el brazo.
— ¿Alguna vez has dejado que alguien se te acerque, nick? Apuesto a que siempre has sido uno de esos tipos que no abren su corazón porque no confían en nadie. Uno de ésos que preferirían que les cortasen la lengua antes de que alguien descubriera que no son seres insensibles, sino todo lo contrario. ¿Te comportaste así con Penélope?
nick apartó la mirada mientras los recuerdos le embargaban.
Recuerdos de una infancia plagada de hambre y privaciones.
Recuerdos de noches agónicas deseando…
— Sí —respondió sencillamente—. Siempre estuve solo.
miley sufría por él. Pero no podía permitir que se conformara.
De algún modo tenía que encontrar la forma de llegar hasta su corazón. De animarle a que luchara por romper la maldición.
Debía haber algún modo de hacerle luchar.
Y en ese momento juró encontrarlo.


nick y miley ayudaron a selena a desmontar el puestecillo ambulante y a guardarlo todo en el jeep, antes de regresar a casa sorteando el tráfico típico de un viernes por la noche.
— Has estado muy callado —le dijo ella mientras se detenía en un semáforo en rojo.
Observó cómo la mirada de nick seguía el movimiento de los automóviles que pasaban junto a ellos. Parecía perdido, como alguien que se debatiera en el límite entre la fantasía y la realidad.
— No sé qué decir —respondió tras una breve pausa.
— Dime cómo te sientes.
— ¿Sobre qué?
miley se rió.
— Definitivamente, eres un hombre —le dijo—. ¿Sabes? Las sesiones con los hombres son las más difíciles. Llegan y pagan ciento veinticinco dólares para no decir prácticamente nada. Jamás lograré entenderlo.
nick bajó la vista hasta su regazo, y ella observó el modo en que acariciaba distraídamente su anillo con el pulgar.
— Dijiste que eras una sexóloga, ¿qué es eso exactamente?
El semáforo se puso en verde y se internaron de nuevo en el tráfico.
— Tú y yo estamos en el mismo negocio, más o menos. Ayudo a las personas que tienen problemas con sus parejas. Mujeres que tienen miedo de tener relaciones íntimas con los hombres, o mujeres a las que les gustan los hombres un poco más de la cuenta.
— ¿Ninfómanas?
miley asintió.
— He conocido a unas cuantas.
— Apuesto a que sí.
— ¿Y los hombres? —preguntó él.
— No son fáciles de ayudar. Como ya te he dicho, no suelen hablar mucho. Tengo un par de pacientes que sufren de miedo escénico…
— ¿Y eso qué es?
— Algo que estoy completamente segura que tú no padecerías jamás —le contestó, pensando en la continua y arrogante persecución a la que él le sometía. Se aclaró la garganta y se lo explicó—. Son hombres que tienen miedo de que sus compañeras se rían de ellos cuando están en la cama.
— ¡Ah!
— También tengo un par que abusan verbalmente de sus parejas, y otros dos que quieren cambiarse de sexo…
— ¿Se puede hacer eso? —preguntó Zac, totalmente pasmado.
— ¡Claro! —respondió miley con un gesto de la mano—. Te sorprendería saber de lo que son capaces los médicos hoy en día.
Tomó una curva y se adentraron en su vecindario.
nick permaneció callado tanto rato que estaba a punto de enseñarle lo que era la radio cuando, de repente, él preguntó:
— ¿Por qué quieres ayudarlos?
— No lo sé —le respondió con franqueza—. Supongo que se remonta a mi infancia, una época de muchas inseguridades para mí. Mis padres me querían mucho, pero no sabía relacionarme con otros niños. Mi padre era profesor de historia y mi madre ama de casa…
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bueno este va dedicado para ti katii espero y te mejores