domingo, 6 de noviembre de 2011

Fire in Two Hearts--cap--8


Miley, por favor... -dijo Joe.

-Señora jonas, piénselo con más calma, por favor. ..-intervino Lucas Grabeel.

-Quiero que ustedes dos salgan de la sala inmediatamente -dijo Nick con tono autoritario, refiriéndose a los abogados-. y tú, Miley, si das un solo paso más en dirección a la puerta, te llevaré a los tribunales y te arrastraré por el fango.

Ella ralentizó el paso y, finalmente, se detuvo con renuencia. Temblaba de tal manera, que estaba empezando a marearse. Durante el silencio que siguió, se preguntó qué camino tomarían los abogados. ¿Serían capaces de enfrentarse a Nick Jonas? No, se dijo al verlos salir de la sala con la cabeza baja. La puerta se cerró tras ellos.

Estaban a solas y ella se giró sobre los tacones de los zapatos para enfrentarse con él.

-Eres un matón de mala muerte -dijo con disgusto.

-iUn matón! -repitió él con un mohín-. y tú, cariño, ¿qué eres... un ser angelical? -preguntó en tono de sorna, jugueteando con la pluma. Parecía relajado, pero ella no se dejó engañar, la forzada mueca de los labios y el apretón de dientes indicaban que estaba en tensión, como un gato agazapado-. Háblame de Lucas Till.

Ella se rió porque la situación le parecía surrealista. ¿Cómo se atrevía a pedirle explicaciones después de tres años sin verse? Miley regresó hacia la mesa, plantó las palmas de las manos sobre la superficie y lo miró a los ojos.

-Puro sexo -mintió-. Soy una maestra en el tema, ¿recuerdas? Lucas ...

En menos de un segundo, Nick rodeó la mesa y se lanzó sobre ella, derribándola de espaldas sobre la pulida superficie, antes de colocarse encima. El brutal e inesperado contacto físico consiguió que Miley reaccionara de forma instintiva, lamiéndose los labios. La situación era espantosa. Un auténtico torbellino de recuerdos llenos de deseo y pasión ocupó su mente por completo.

-Repítelo, atrévete... -la urgió Nick.

-Apártate de mí –protestó Miley, desesperada, mientras asestaba ineficaces puñetazos contra su pecho.

-¡Dilo!

-No pienso permitir que vuelvas a darme una orden jamás -advirtió ella con una brillante expresión de firmeza en sus hermosos ojos Celestes.

El lanzó una carcajada burlona y la miró con desdén.

-Siento decepcionarte, cariño, pero estás atrapada -dijo, embistiéndola con las caderas para demostrar su masculino poderío.

-Eres insoportable -suspiró ella, sin poder evitar responder con sus propias caderas a la insinuación sexual, consciente de que sería imposible intentar controlar sus instintos más básicos.

Él rió roncamente y acercó una mano hasta su nuca para quitarle el prendedor del pelo.


-Así me gustas más -dijo mientras admiraba cómo la mata de cabello rojo se extendía sobre la mesa-. Vuelves a ser el demonio con el que me casé. Lo único que nos queda por hacer es comprobar hasta qué punto sigues siendo diabólica -añadió mientras sus dedos luchaban con los botones de la chaqueta de cuero. Debajo apareció la elegante blusa de seda color crema-. ¿Por qué te has vestido de cuero para venir a verme? ¿No sabes que es el material más sexy del mercado? ¿Por qué llevas debajo una blusa tan convencional que incluso mi madre rechazaría ponerse? ¿Qué quieres demostrarme, Miley? ¿Que hay diferentes formas de resultar provocativa? ¿O es que estás respetando los gustos de tu amante? ¿Le gusta irte desnudando capa por capa? ¿Es eso?
-Sí -murmuró ella-. Cuantas más capas lleve, más se excita. Mientras que tú nunca me has dirigido una mirada hasta que estaba desnuda sobre la cama, preparada para concederte una rápida satisfacción.
-iBruja! -rugió Nick, sintiéndose insultado.
-iDeja que me marche! –rogó miley con lágrimas en los ojos. Pero él aprovechó que ella estaba hablando para capturar furiosamente la boca con la suya, introduciendo la lengua con el mayor descaro.
En unos segundos, Miley renunció a resistirse a ese bruto que sabía exactamente cómo besarla para que perdiera los sentidos. Los dedos de Nick desabotonaron la blusa con gesto experto y se metieron por debajo del breve sujetador de encaje para acariciar unos de sus protuberantes pezones, haciéndola gritar de gozo. Estaba a punto de abandonarse por completo a sus instintos más primitivos, reflexionó Miley. Si él metía la mano entre sus muslos, no podría negarse a que terminara la tarea. Pero, de repente y por sorpresa, se sintió libre. Nick estaba de nuevo en pie, mientras ella yacía sobre la mesa confusa y desorientada. A sus ojos asomaron lágrimas de humillación que no intentó reprimir mientras él la tomaba por la cintura y la ayudaba a ponerse en pie. Cuando reparó en sus lágrimas, soltó un suspiro de triunfo.
-Te odio -le espetó Miley-. Siempre fuiste un bruto.
-iNo deberías haberte traído a tu amante! Me siento insultado.
Miley resolvió la situación por instinto, soltándole una tremenda bofetada en plena cara. A continuación, recogió el bolso y se dispuso a marcharse. Le temblaban las piernas y apenas acertó a abotonarse la chaqueta. Sin embargo, la espesa mata de cabello rubio relucía desplegada sobre los hombros, mostrando claramente lo que había ocurrido.
Él no intentó retenerla, lo cual ella se tomó como el insulto supremo. Cuando llegó a la antesala, se encontró con la mirada perpleja de los dos abogados.
-Se hará lo que él quiera -le dijo a Lucas Grabeel sin detenerse-. Firmaremos lo que haga falta.
Nickno se había sentido tan furioso consigo mismo desde hacía mucho tiempo. La había tratado como a una fu*lana, pero... ¿para qué? Una vez recobrada la cordura, se encontró con que no tenía respuesta. No podía creerse su propia grosería. Habían pasado tres años y, sin embargo, él había reacionado ante la visión de su amante en el vestíbulo del hotel como si la hubiese encontrado con otro hombre en su propia cama. Ella era una joven atractiva y saludable. Era perfectamente normal que tuviese un amante al cabo de tanto tiempo. ¿Por qué se sentía tan celoso, tan engañado, cuando había pasado tanto tiempo? Porque en lo más profundo de su ser aún estaba convencido de que ella le pertenecía, reflexionó.
La puerta de la sala de reuniones se abrió, dando paso a Jonas , mientras él se servía un vaso de whisky solo.
-Te ha dado una bofetada -comentó el abogado al ver los dedos marcados sobre su rostro-. Sospecho que te la merecías.
Sí, claro, se la merecía, asumió Nick tristemente.
-¿Qué os ha dicho?
-«Se hará lo que él quiera» -repuso Joe -. Quiere que le mande los papeles para fimarlos, y eso es precisamente lo que pienso hacer antes de que cambie de opinión. Esa mujer es un peligro. Sea lo que sea lo que le hayas hecho, se ha vuelto peligrosa.
-Admitió delante de mí que se estaba acostando con ese hombre -repuso él como si eso lo explicara todo.

-¿Le has comentado que quieres divorciarte cuanto antes porque ya tienes a una nueva prometida esperando en el altar?
-¿Quién te ha dicho eso? -preguntó Nick, furioso.
-Creo que ya lo sabe todo el mundo -repuso el abogado con cautela.
¿Lo sabe todo el mundo?, se preguntó Nick, ¿Quién había hecho correr esa noticia de boca en boca? ¿Su esperanzada madre? ¿Su casamentera hermana? ¿O la propia Selena ? No, Selena era imposible, no era el tipo de mujer dada al cotilleo.
-Los rumores son solo eso, simple rumores -murmuró nick -. Miley no tendrá tiempo para enterarse de ellos. -¿Le importaba que Miley lo supiera? Sí, definitivamente sí. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué se sentía tan apegado a una mujer a la que hacía años que no veía? De repente, reparó en que Jonas lo estaba mirando con intención de decir algo, a la espera de que él estuviera preparado para oír las malas noticias-. ¿ Qué pasa?
-Lo sabe. Su abogado mencionó el nombre de la familia Gomes antes de salir corriendo detrás de ella -nick palideció-. De hecho, comentó tener noticias de que habíais estado juntos en España, compartiendo el yate, durante un par de semanas. También hizo mención del conservadurismo griego y sugirió que no despreciáramos sus propuestas, si no queríamos ver los nombres de las dos familias relacionados con un escándalo de adulterio en los periódicos. Es un hombre joven, pero nada tonto -concluyó Joe
Nick apenas le había escuchado. Su pensamiento estaba puesto en la cara de cólera y disgusto que había mostrado Miley al entrar en la sala. En aquel momento había sido incapaz de interpretar sus gestos, pero la verdad lo alcanzó como un rayo: Miley era una luchadora nata y, si se había enterado de que iba a ser reemplazada por otra mujer, perteneciente a la clase alta ateniense, lo normal era que defendiera su orgullo con uñas y dientes.
-La falta de acuerdo prenupcial me preocupa -prosiguió Jonas sin conseguir que su ahijado y cliente le hiciera el menor caso-. Si quiere, puede quedarse con la mitad de tu fortuna.
Nick observó las marcas opacas que el traje de cuero de Miley había dejado sobre la reluciente mesa y sintió cómo se le encogía el estómago. No por haberse propasado brutalmente, sino por él deseo de terminar lo que allí había empezado. Aún tenía en los labios el sabor de su boca.
Reparó en que el anillo de boda y el sobre, que ella había sacado del bolso, seguían allí. ¿Qué era esa historia sobre unas supuestas reliquias familiares?, se preguntó con el ceño fruncido. No recordaba nada semejante.
Al parecer, ella había llevado el anillo nupcial hasta ese mismo día, pensó jugueteando con el suyo entre el índice y el pulgar. ¿Era normal que una mujer siguiera llevando un anillo matrimonial mientras se divertía con su amante? La imagen del musculoso y rubio Lucas volvió a encolerizarlo. Soltó el vaso de whisky y se guardó el anillo y el sobre en un bolsillo.
-Tenemos que tomar una decisión, Nick -lo urgió Joe .
-Más tarde -sugirió él con la mente ausente.
-No, más tarde, no. Si quieres un divorcio rápido y sin complicaciones, tenemos que ponemos a trabajar ahora mismo.
«Pero resulta que ya no quiero divorciarme», pensó Nick con una lucidez inaudita. «Lo único que quiero es volver a tener a mi mujer entre los brazos... a mi mujer».


Fire in Two Hearts--cap--7


Joe se sentó al lado de Nick y Lucas junto a Miley. Ella se giró hacia su abogado y le dedicó una sonrisa capaz de derretir un iceberg. Pero, según pudo observar Nick, el joven abogado no estaba acostumbrado a recibir ese tipo de trato, puesto que había enrojecido hasta las orejas. Quedaba descartado como amante, pues. Sin embargo, Lucas le devolvió la sonrisa a Miley con un ademán que quería decir: «No hay por qué preocuparse, todo está bajo control».

El león que Nick llevaba dentro volvió a rugir de ira al observar ese gesto de complicidad.

«Voy a acabar contigo», pensó el magnate con acritud cuando ella volvió a mirarlo.

-¿Podemos empezar? -preguntó Joe mientras abría un cartera azul. Miley colocó las manos sobre el regazo y Nick volvió golpear con impaciencia sobre la mesa con la estilográfica-. Miley -prosiguió Joe -, quiero empezar por decirte que queremos que todo el proceso de divorcio se desarrolle de manera civilizada y justa.

-Hola, tío Joe -dijo ella, creando un instante de tensión. Joe y Lucas se quedaron petrificados. De hecho, el anciano y reputado Joe JOnas se sonrojó antes de poder recuperar la compostura.

-Acepta mis disculpas, Miley. No sé cómo he podido llegar al extremo de perder las buenas maneras.

-No importa -repuso ella, apartando la vista para volver a mirar a Nick. «¡Mal*dita bruja!», pensó Nick

Miley respondió al inaudible insulto alzando una ceja que quería decir: «Puede que tengas razón, pero al menos no seré tu bruja por mucho tiempo» .

La tensión se podía cortar con un cuchillo.

-Como iba diciendo -atacó de nuevo Joe, aclarándose la garganta-, teniendo en cuenta los intereses de ambas partes, he redactado, a petición de mi cliente, un primer documento de propuestas para que ustedes puedan examinarlo -dijo, deslizando los papeles hacia Miley , que ni siquiera se molestó en mirarlos. Sin embargo, Lucas Grabeel se incorporó ligeramente, tomó el documento Y se puso a leerlo atentamente-. Como deseamos terminar rápidamente con estos trámites, hemos hecho una propuesta económica muy generosa, dadas las circunstancias.

-¿Qué circunstancias? -preguntó el abogado de Miley.

-Nuestros clientes no se ven desde hace tres años –contestó Joe con la mirada alzada y desafiante.

«Tres años, un mes y veinticuatro días», rectificó Miley en silencio, deseando que Nick parara de dar golpecitos en la mesa con la pluma. La estaba mirando como si fuera una asesina convicta y parecía evidente que deseaba quitársela de en medio cuanto antes.

Esa mirada le hizo daño, aunque ella sabía que a esas alturas ya deberia ser completamente inmune a las ofensas de ese hombre

-Gracias -dijo Lucas mientras Joe empezaba a enumerar los bienes que pasarían a ser propiedad de Miley



Miley se puso enferma. ¿Estaban todos convencidos de que ella se había presentado allí solo para lucrarse? ¿Era Nick capaz de pensar que ella era tan asquerosamente materialista?

-¿ Cuándo te he dado la impresión de ser una cazafortunas? -le espetó sin mayores contemplaciones.

-Estás aquí, ¿no? ¿Qué otro motivo puede haber para que te hayas decidido a hacer un viaje tan largo? –repuso él, mirándola fijamente.

Miley se quedó atónita. Esa respuesta dejaba claro que él estaba convencido de que había ido por el dinero, o... a tratar de retomar su vieja historia de amor.

-Ambas partes han reconocido que la separación se ha producido debido a... diferencias irreconciliables. Realmente, creo que no merece la pena discutir sobre quién ha sido el culpable. ¿De acuerdo?

-De acuerdo -contestó Lucas.

Pero Miley no estaba de acuerdo. Miró al hombre con el que todavía estaba casada, recordando el año de convivencia, las interminables horas que él dedicaba cada día al trabajo y la resistencia de ella a convertirse en un mero objeto de deseo. Era cierto que, desde un principio, la relación de ambos se había basado en el sexo, un sexo exigente y tormentoso. Pero, al llegar a Atenas, Miley se había quedado sola y desamparada. Por una parte, había estado el palpable descontento de la familia Jonas y, por otro, la dedicación exclusiva de su marido al trabajo y a los compromisos sociales. Ese no era el tipo de matrimonio que ella deseaba. No le interesaba el sexo sin amor, sin complicidad y sin ratos compartidos. Y la gota que había colmado el vaso había sido la reacción de Nick ante su embarazo. Se había henchido de furia y la había acusado de ser una descuidada. Había afirmado que ya tenían suficientes problemas como para añadir uno más. Miley lo había odiado en silencio, y había empezado a plantearse la separación. Cuando, un par de meses más tarde, ella sufrió un aborto espontáneo, Nick se mostró feliz. «Es lo mejor que nos podía pasar», dijo. «Somos demasiado jóvenes».

Al recordar todo el daño que le había hecho, sintió aflorar unas lágrimas que reprimió inmediatamente. Pero Nick se había dado cuenta y dejó de golpear la mesa con la pluma.

-Su cliente abandonó al mío por voluntad propia -prosiguió Joe -. y no ha habido ningún intento de retomar la relación desde entonces.

«¡Id*iota!», maldijo Miley . «Ni siquiera te has molestado en llamar por teléfono ni una sola vez para ver si estaba viva o muerta».

-¿Por ninguna de las dos partes? -preguntó Lucas .

Nick volvió a golpear la mesa con la pluma con una mueca de tirantez en los labios. «No le importo nada», se dijo Miley con resignación. Estaba claro que él no quería recordar aquellas semanas posteriores al aborto y previas a su marcha, cuando ella había sufrido profundamente el impacto de la dolorosa pérdida, y él no había parecido dispuesto a quitarle horas al trabajo para ocuparse de consolar a su mujer.

-El señor jonas ingresa una cantidad de dinero importante todos los meses en la cuenta corriente de la señora Jonas, pero no existe evidencia de que ese dinero haya sido retirado –dijo Joe:

-No quiero tu dinero -le dijo Miley a Nick, no he tocado ni un solo penique.

-Eso no es problema mío -repuso él con un encogimiento de hombros que mostraba indiferencia.

-Ahora debemos hablar sobre la propiedad de la casa sita en Hampshire, Inglaterra -insistió Joe -. Como gesto de buena voluntad, será puesta a nombre de la señora Jonas, como parte de...

-Tampoco quiero tu casa -puntualizó ella.

-Señora Jonas, no entiendo... -intervino Lucas Grabeel.

-Te quedarás con la casa -lo interrumpió Nick con tono neutral.

-¿Para quitarte un problema de conciencia? -preguntó Miley incisivamente.

Él entornó los ojos.

-Tengo las manos limpias -aseguró, mientras Miley le dirigía una mirada burlona-. Pero, ya que estamos en ello, me gustaría saber en qué estado está tu conciencia...

-Nick-dijo Joe en tono de advertencia-, no creo que ese tipo de conversación nos lleve a ninguna parte...

-Quédate con la casa -repitió Miley-. Y qué-date con todo lo que has puesto en esa lista.

-¿No quieres nada de mí?

-Nada -le confirmó Miley con gran placer.

-¡Nada de la lista! -se asombró Lucas Grabeel , dispuesto a presentar batalla. Nick parecía furioso e Miley lo azuzaba. Joe palideció y se despegó ligeramente el cuello de la camisa para tomar una bocanada de aire: sabía que ambos contendientes eran capaces de ponerse a lanzarse feroces dentelladas antes de quedar exhaustos-. La señora Jonas no ha firmado ningún acuerdo prenupcial -prosiguió Lucas apresuradamente-. Eso le da derecho a quedarse con la mitad de la fortuna, del señor Jonas . Creo que deberíamos. ..

Nick detuvo al abogado con una mirada , asesina.

-No estaba hablando con usted -advirtió, volviendo de nuevo la mirada hacia su mujer-. ¿Qué es lo que quieres, entonces?

Se miraron como si por fin se hubiese declarado una tensa guerra fría que solo los atañía a ambos. La mente de Miley estaba llena de cólera, de amargura y de ciega hostilidad. Ese hombre había destrozado su juventud y pisoteado su optimismo. Había hecho jirones todo el amor que ella era capaz de dar. Había masacrado el orgullo que había sentido al saberse embarazada. Y, finalmente, se había alegrado de verla marchar.

Después de tres años de separación, Miley creía que Nick ya no podría hacerle daño. Había llegado a Atenas con la intención de poner fin a la relación y volverse tranquilamente a Londres. Pero el nombre de Selena Gomes la había puesto fuera de sí y no podía controlarse. Sin embargo, no podía utilizar la fuerza física, solo podría vengarse de palabra.

-Ni quiero tus casas ni quiero tu dinero -informó-. Ni te quiero a ti, ni quiero seguir llevando tu nombre. Ni siquiera quiero conservar el anillo de matrimonio -dijo, sacándoselo del dedo para lanzarlo a través de la pulida mesa de reuniones, antes de abrir el bolso y extraer un sobre-. En ese sobre está la llave de mi caja de caudales en un banco ateniense, junto a una carta firmada que te permite hacer uso de ella. Allí encontrarás tus preciosas reliquias familiares. Regálaselas a tu próxima esposa, posiblemente podrá lucirlas con más estilo que yo.

-Te lo vuelvo a preguntar -insistió Nick sin alterarse-. ¿Qué es lo que quieres?

-¡Divorciarrne! -exclamó ella con los ojos llenos de lágrimas-. Eso es todo, quiero salir de tu vida inmediatamente y olvidarte para siempre. No mereces nada más.

-Vuelve a insultarme y te arrepentirás -advirtió él seriamente.

-¿Qué podrías hacerme que no me hayas hecho ya? -se burló ella con una risotada.

-Demostrarte que eres una desconsiderada al haberte traído a tu musculoso amante hasta Atenas.

Durante un instante, Miley no supo de qué estaba hablando, pero luego cayó en la cuenta.

-¡Me has estado espiando! -lo acusó.

-Culpable -admitió él dejándose caer sobre el respaldo de la silla con indolencia-. La palabra «adulterio» no me gusta -añadió con frialdad-. Si quisiera, podría llevaros a los tribunales.

-Hazlo -repuso ella-. Pero que quede claro que, pase lo que pase, no voy a aceptar ni un solo euro de ti -concluyó poniéndose en pie para abandonar la sala, dejando perplejos a los dos abogados.

Fire in Two Hearts--cap--6


El trayecto en taxi por la ciudad de Atenas se hizo interminable, los coches apenas avanzaban. Lucas Grabeel la interrogaba sin cesar sobre cuáles era sus propósitos, pero ella se negó a dar explicaciones.

-Está usted en una posición inmejorable, señora Jonas -le dijo-. Al no haber firmado ningún acuerdo prematrimonial, tiene usted derecho a la mitad de la fortuna de su marido

Miley parpadeó. No había dedicado ni un solo pensamiento a esa posibilidad. ¿Era esa la razón por la que Nick deseaba verla personalmente? Si eso era verdad, había mucho en juego. Las joyas que ella tenía en mente se quedaban en nada frente a la inmensa fortuna de la familia Jonas.

-Las negociaciones se inclinarán en un sentido u otro, dependiendo de cuál de los dos desee con mayor urgencia el divorcio y, puesto que ha sido él quien lo ha pedido, tenemos el poder en nuestras manos -prosiguió el abogado.

-Te has estudiado bien la lección –murmuró Miley.

-Por supuesto. Para eso me ha contratado.

-¿Quiere eso decir que sabes por qué mi marido ha decidido pedir el divorcio precisamente ahora?

-No tengo pruebas -contestó Lucas en tono de advertencia-, pero creo que hay otra mujer de por medio. Se llama Selena Gomes y pertenece a una de las familias más adineradas de Grecia. Miley reconoció el nombre de la familia con un repentino dolor en la boca del estómago, La unión entre los Jonas y los Gomes daría lugar al nacimiento de una nueva dinastía. La madre de Nick tendría que estar muy contenta.

-Acaba de pasar un par de semanas en el yate de su marido -prosiguió el eficiente abogado-. También me he enterado de que su cuñado, Troy Jonas, va a casarse la semana que viene con Carlotta Santorini. Los rumores dicen que, después de esa boda, Nick Jonas se va a apresurar para fijar la fecha de la suya.

Miley luchó contra las lágrimas que pugnaban por derramarse mientras sentía cómo se le contraía el estómago dolorosamente.

«Vete al infierno, Nick », concluyó finalmente para sí con amargura.



Vete al infierno, Nick », se repitió de nuevo quince minutos más tarde cuando sus ojos se cruzaron, por primera vez en mucho tiempo, al llegar a la imponente sala de reuniones.

Nick Jonas reinaba en el mejor despacho del edificio del grupo empresarial que había pertenecido a su familia durante generaciones. Alto, musculoso, moreno y tan arrogante corno siempre. Un hombre hecho para romper corazones, pensó Miley.

Llevaba un traje gris marengo, cortado a medida, con una inmaculada camisa blanca y una corbata gris perla. No había cambiado en absoluto; su apostura, su encanto y su dominio seguían allí, al igual que esos ojos castaños tan dulces como la melaza, y esa boca propia de un seductor nato.

Deseó acercarse a él y estamparle una bofetada en plena cara. Quería desahogarse a puñetazo limpio sobre su musculoso pecho. La furia y el dolor corrían sin freno por sus venas. Se sentía como si los tres largos años de separación no hubieran existido; en realidad parecía corno si lo hubiese abandonado el día anterior. Pensó en Selena Gomes, la mujer con el corazón roto que, según se decía, su familia había tenido que llevar a los Estados Unidos para que se recuperara del golpe recibido cuando Nick llegó a Atenas recién casado con ella.

¿Pensaba Nick que ella no estaba enterada .de sus próximos planes de boda? ¿Que no sabía que durante esos tres años él había viajado varias veces a Washington para visitar a su ex novia?

«Te odio», le dijo con la mirada, sin pronunciar palabra. Se miraron durante unos instantes en un silencio tenso. Allí estaba su tío y padrino Joe, que se negó a saludarla. Lucas Grabeel procuraba pasar desapercibido detrás de Miley, hasta que pasara el primer momento de inevitable tensión. Nick no movió ni un solo músculo al verla y resultó evidente que no pensaba acercarse a saludarla. Al contrario, sus ojos la miraban con tanto desprecio como si se tratara de una víbora.

«Bien, esa mirada lo dice todo», pensó Miley con frialdad. «Al final se ha doblegado ante las presiones de su familia».

Nick se había quedado prácticamente paralizado al ver entrar a la mujer que llevaba cuatro años casada con él. Sus piernas seguían siendo sensacionales, admitió con amargura, recordando el alivio que había sentido al enterarse de que no era ella, sino su madre, la que estaba confinada en una silla de ruedas. Aunque también lo sentía por Monique Tisdale . Su suegra había sido una mujer muy hermosa, de rasgos idénticos a los de su hija, llena de vida y sentido del humor. Estaba muy impresionado por su desgracia, pero había llegado el momento de hablar cara a cara con esa adúltera mujer de cabello Castaño e intensos ojos celestes que tenía delante. Aunque unas horas antes hubiera estado dispuesto a tratarla con amabilidad, en esos momentos su pensamiento se concentraba en cómo hacerla pedazos.

Durante cuatro años, esa mujer había continuado alojándose en su corazón como un dolor sordo, pero persistente. Se sentía culpable y triste, por eso había decidido no comentarle sus planes de volver a casarse, como signo de respeto, al menos hasta que hubieran firmado los papeles del divorcio. Pero luego había descubierto que podría ahorrarse semejante cortesía, puesto que ella misma se había traído a su alto y rubio amante a Atenas. ¿No era capaz de pasar un par de días sin él? ¿La habría llegado a conocer tan íntimamente como él? ¿La hacía gemir e implorar en la cama hasta llegar a la cima del éxtasis?



La miró con una llamarada de furia acerada en los ojos. Iba vestida con un traje de cuero. ¿Por qué de cuero? ¿Quería demostrarle que podía permitirse el lujo de comprar ropa cara con su propio dinero? ¿O se habría vestido así para complacer a su amante?

-Llegas tarde -dijo finalmente con tono incisivo, recorriendo las perfectas curvas del rostro de la que todavía era su esposa, pero ya pertenecía a otro hombre. Se imaginó la posibilidad de volver a tocarla, de hacerla temblar de pasión... .

-El tráfico estaba imposible –repuso Miley. entornando sus bellos ojos celestes.

-Eso no es ninguna excusa. El tráfico en Atenas siempre es así. Me figuro que no lo habrás olvidado, aunque lleves tres años fuera. Toma asiento, por favor.

Nick se dejó caer sobre una silla con violencia, haciendo caso omiso de la mirada de reprobación de Joe mientras analizaba al abogado de Miley. ¿Cómo era capaz de presentarse con un joven recién licenciado sabiendo que tendría que enfrentarse con el maduro y reputado Joe Lucas? También cabía la posibilidad de que fuera un segundo amante, pensó con irritación mientras empezaba a golpear rítmicamente la mesa con su pluma estilográfica. Joe estaba estrechando la mano de Lucas con la máxima cortesía, mientras Miley atravesaba toda la sala para tomar asiento frente a Nick. El traje de cuero acariciaba su magnífica figura a cada paso. Allí debajo estaban los largos y sedosos muslos y los bien formados y protuberantes senos. ¿Por qué llevaba la chaqueta abotonada hasta el cuello? ¿Llevaría algo debajo? ¿Pretendía que él se hiciera todas esas preguntas?

Miley tenía la barbilla alzada y su piel era tan blanca y suave que parecía irreal. Finalmente, tomó asiento frente a él, tan lejos como el diseño de la mesa permitía. Nick se divirtió pensando que un simple beso experto en el lóbulo de la oreja la haría perder por completo el sentido, incapaz de resistirse a la tentación de derretirse como la miel bajo el sol del verano. La conocía, conocía sus más íntimos secretos y todas sus zonas erógenas. Al fin y al cabo, él había sido su maestro en el amor. Sabía cómo obligarla a suplicar y sollozar, gritando su nombre, hasta el paroxismo del clímax. Era capaz de derrumbar esa estatua de hielo en un par de minutos. Pero volvió a recordar la existencia del amante, o los amantes, y toda su fantasía erótica desapareció como por ensalmo, dando paso de nuevo a la irritación.

Ella acababa de dejar el bolso en el suelo, junto a la silla, y levantó la vista para mirarlo directamente a los ojos con hostilidad. El pulso de Nick se aceleró al ver cómo esos ojos Celestes le declaraban la guerra sin cruzar palabra. Pero no sabía cuál iba a ser el motivo de la discordia, puesto que llevaban tres años sin verse y, sin duda, el divorcio que él había propuesto parecía la solución más razonable. ¿Por qué se mostraba ella tan hostil?

«¿Qué piensas sacar de todo esto, bruja infame!», preguntó con la mirada, en actitud desafiante. «Espero que estés preparada para luchar porque yo sí lo estoy».

Ella puso las manos sobre la mesa, acariciando la pulida superficie y mostrando sus preciosos dedos con las uñas lacadas en color rosa. El cuerpo de Nick reaccionó de inmediato ante esa actitud tan sensual. Ella se dio cuenta y le dirigió una mirada despectiva.