viernes, 22 de marzo de 2013

What A Feeling- Capitulo 39


Ella levantó la ceja a modo de pregunta.
—Voy a darte un masaje —respondió él poniéndola de espaldas. Miley
estaba nerviosa,  no sabía qué se suponía que debía hacer.  Él  debió de
notarlo—.  Relájate.  Cierra  los  ojos. —Empezó  a  masajearle  la  nuca,
apretando exactamente los puntos que notaba más cargados—. Deja que te
mime.
—Mmmmm...
—¿Te gusta?
—Ajá... mucho.  —Apoyó las manos y la frente en la pared que tenía
delante.
Nick se puso un poco de jabón en las manos y pegó su cuerpo al de
Miley. Le mordió los hombros, el recuerdo de su sabor lo había obsesionado
durante todo el día. Empezó a acariciarle los pechos; con el agua y el jabón,
su piel era aún más suave. Era la primera vez que estaba tan obsesionado
con una mujer, quería saberlo todo de ella, conocer todos sus sueños, sus
miedos; nunca había sentido esa conexión sexual  y emocional  con nadie.
Seguro que con el tiempo se apagaría. Eso, o los dos acabarían exhaustos
de tanto hacer el amor. Notó cómo ella temblaba y cómo intentaba darse la
vuelta para poder quedar frente a él.
—Shh, quieta. Déjame hacer.
Miley quería volverse, besarlo y ver sus ojos,  pero se dio cuenta de
que  hacer  aquello  para  él  era  importante.  Parecía  como  si  quisiera
demostrar algo.
—De acuerdo —susurró ella.
Nick  siguió  besando,  lamiendo,  mordiendo  su  espalda,  su  nuca,
pegado a su cuerpo. Estaba tan excitado que su erección la rozaba. Con los
dedos, le dibujó los pechos, se los acarició, se los pellizcó, y luego deslizó
sus temblorosas manos hasta el lugar más ardiente de Miley. Jugó con ella,
la apretó aún más contra la pared, le besó el  cuello, le susurró al oído lo
excitado que estaba, y finalmente introdujo los dedos en su interior. Notó
cómo  sus  movimientos  seguían  el  ritmo  de  la  mano  de  él,  cómo  su
respiración se alteraba aún más. Nunca lo había excitado tanto la respuesta
de una mujer. Ella ni siquiera lo había tocado y ya estaba a punto de perder
el control. Miley bajó una de las manos que tenía apoyadas en la pared y la
colocó encima de la suya.
—Nick, para, quiero hacer el amor. No puedo aguantar más.
—Pues no lo hagas.
Él  le  susurró  lo  sexy  que  le  parecía,  lo  mucho  que  le  gustaba
acariciarla,  sentir  su calor  por  toda la piel.  A cada palabra,  le besaba la
nuca,  la oreja,  la espalda y movía la mano rítmicamente,  con la de ella
encima, hasta que Miley empezó a estremecerse,  su espalda se tensó y,
finalmente, cayó rendida en sus brazos. Nick la abrazó y, ahora ya frente
a frente, la besó con dulzura.
—¿Aún te duele la espalda?
Miley entreabrió los ojos y con una media sonrisa respondió:
—¿Qué espalda?
Nick  salió primero de la ducha y preparó un albornoz para Miley,
que permaneció un par de minutos más bajo el agua antes de salir. Una vez
fuera,  vio que Nick  le había dejado preparado su pijama para que no
tuviera que ir a la habitación a buscarlo. Se vistió y fue a su encuentro.
—¿Nick?
—¿Sí? —Él  se había puesto una camiseta blanca y un pantalón de
algodón. Aún tenía el pelo mojado—. ¿Estás bien?
—Sí  —respondió ella sonrojándose—. ¿Y tú?...  Tú no...  bueno,  ya me
entiendes.
Nick soltó una carcajada.
—Te entiendo perfectamente, pero no te preocupes. Estoy muy bien.
—¿Ah, sí? —Miley se acercó a él, que estaba sentado en el sofá con el
ordenador portátil abierto encima de la mesa.
—Sí. Me gusta cuidarte. —Le dio un beso—. Me gusta hacerte feliz.
—Y a mí. —Ella le devolvió el beso y vio que hablaba en serio. A él no le
importaba que ella no le hubiera hecho nada en la ducha.
—¿Tienes hambre? —le preguntó Nick acariciándole cariñosamente
el pelo.
—Sí. —Su estómago hizo un ruido escandaloso—. Mucha.
—Yo también —dijo Nick  relajado—. ¿Qué te parece si  voy a la
esquina a comprar un par de esos sándwiches que tanto te gustan?
—Genial. ¿De verdad no te importa?
—Por  supuesto que no.  —Se levantó del  sofá y le dio otro beso—.
Espérame aquí. Ahora que te he encontrado no quiero perderte de vista.
—Aquí  estaré.  Por nada del  mundo me iría a ninguna parte.  —Miley
quería abrazarse a Nick  y comérselo a besos,  pero como su estómago
volvió a entrar en acción, supuso que lo mejor sería aceptar su ofrecimiento
de comida.
—En seguida vuelvo.
Él se fue del piso con una sonrisa en los labios. Entró en la tienda de
comestibles favorita de Miley y, mientras hacía cola para que le atendieran,
se acordó de que a Anthony también le gustaba mucho la comida de allí. Él
nunca había llegado a preguntarle a Miley qué había pasado entre ellos
dos, y, aunque se repetía que no debía importarle, sabía que le importaba.
Tenía  que  preguntárselo.  Al  menos,  así  dejaría  de  torturarse  con  la
incertidumbre.
Miley se estaba durmiendo en el  sofá.  Había sido un día lleno de
emociones y aquella ducha la había dejado muy, muy relajada. Se esforzó
por mantener los párpados abiertos, pero no lo consiguió.
—¿Has dormido bien, princesa? —le preguntó Nick cuando ella abrió
los ojos.
—Me he quedado dormida.  Lo siento.  —Vio que los sándwiches que
Nick había comprado estaban esperándola encima de la mesa—. ¿Cuánto
rato he dormido?
—Una media hora. No te preocupes, he aprovechado para trabajar un
poco.  —«Y para torturarme con imágenes  de ti  con Anthony»,  pensó—.
¿Quieres comer? —Se levantó y empezó a preparar los cubiertos.
—Sí, estoy muerta de hambre.
Ya estaban acabando de cenar cuando Nick le preguntó:
—¿Mañana  vamos  a  casa  de  Sam,  te  acuerdas?  —Había  querido
preguntarle otra cosa, pero al final no se había atrevido.
—Sí,  claro.  —Miley no podía dejar de bostezar—.  Creo que lo mejor
será que me vaya a la cama. ¿Vienes?
—No puedo, tengo que acabar de repasar unas cosas.
—¿Vas a quedarte mucho rato? —Miley le dio un beso entre palabra y
palabra—. No quiero estar en la cama sin ti.
—Un poco, quiero acabar esto para enseñárselo mañana a Sam. —Ella
volvió a besarlo—. No me tientes. Vamos, vete. Te prometo que no tardo
nada. Pero antes de que te vayas, me gustaría preguntarte una cosa. —Se
le hizo un nudo en la garganta.
—Lo  que  quieras  —respondió  ella  al  instante,  sorprendida  por  el
cambio de actitud.
—¿Pasó algo entre tú y Anthony? —Y apretó los puños a la espera de
su respuesta.
—¿Y si te dijera que sí? —preguntó ella a su vez mirándolo a los ojos.
—Entonces te pediría que no volviera a suceder, por favor. Quiero darle
una oportunidad a lo nuestro.
—¿No te importaría que me hubiera acostado con él?
Él tardó unos segundos en contestar.
—Sé que se supone que debería decir que no —se pasó nervioso las
manos por el pelo—, pero mentiría. Me importaría. Mucho. Muchísimo.
—Pues no pasó nada —explicó ella sincera al ver que él, sin saberlo, le
estaba ofreciendo un pedacito de su corazón—. Nada.
—¿De verdad? —Nick empezó a tranquilizarse.
—De verdad. Yo nunca haría algo así. Y Anthony tampoco. Él te quiere
mucho, ¿sabes?
—Ya, bueno. Supongo que sí. —Nick sonrió—. De lo contrario, seguro
que habría intentado acostarse contigo.
—¿Y tú? —Ya que él había sacado el tema, Miley decidió preguntarle
sobre Monique.
—¿Yo qué? —Él no entendía la pregunta.
—Monique. —Miley se limitó a pronunciar ese odioso nombre.
—¿Monique? —Nick  pareció realmente ofendido—. No creo ni  que
lograra excitarme.
Miley se ruborizó al  oír  ese comentario tan gráfico y a la vez tan
sincero.
—En cambio, contigo, ése parece ser mi estado permanente. —Nick
se acercó a ella y le dio otro beso—. Vamos,  vete ya o no acabaré esto
nunca.
—De acuerdo. —Miley se rió y se apartó de él.
Caminó hacia el pasillo y, por un instante, tuvo una duda, ¿entraba en
su habitación o en la de Nick? Él ya estaba sentado frente al ordenador y
Miley oyó cómo las teclas dejaban de repicar un segundo. Notó los ojos de
él  clavados en su nuca y, sin dudarlo, abrió la puerta de la habitación de
Nick. Sintió que él sonreía a su espalda.
—Buena elección, princesa —dijo en voz baja. Miley no lo había oído,
pero seguro que sabía que eso lo había hecho feliz.
Por  desgracia,  Nick  tuvo  que  quedarse  un  par  de  horas  más
trabajando en el nuevo artículo. La próxima edición estaba a punto de salir
y quería tenerlo acabado por si volvían a ser víctimas de un robo. También
aprovechó  para revisar  un par  de currículos.  Odiaba desconfiar  de sus
compañeros,  pero tenía que reconocer  que la teoría de Sam tenía cierta
lógica. Por suerte, no encontró nada y decidió irse a dormir.
Abrió  sigilosamente  la  puerta;  Miley  ya  estaba  dormida,  y  él  se
desnudó y se metió en la cama. No sabía cómo ponerse, era la primera vez
que dormía  con  una mujer  sin haber  tenido relaciones  sexuales  antes.
Estaba rígido,  no sabía qué hacer,  pensó que no pegaría ojo en toda la
noche, hasta que Miley se movió y se abrazó a él. Estaba dormidísima, pero
se acurrucó a su lado y susurró su nombre. Entonces, Nick cerró los ojos
y se durmió.

What A Feeling- Capitulo 38



—Gracias. —A Nick no le ocurrió qué otra cosa decir.
—¿Vais a venir el sábado a casa?
—Sí, pero prométeme que controlarás a Silvia y a las niñas. Tú ya me
has torturado bastante, no sé si podría sobrevivir a un interrogatorio de tus
chicas.
—Lo intentaré.  Vamos,  a ver  si  acabamos  de repasar  esto.  —Sam
volvió a sentarse y retomó la lectura del artículo que tenía entre manos.
—Sam, al llegar me he encontrado con Clive. ¿Le has dicho lo del robo
de los artículos?
—No, no ha hecho falta, ya lo sabía. Supongo que no es necesario que
te diga que cree que eres el  único responsable.  Está convencido de que
todo es culpa tuya.
—Ya me lo imagino, pero lo importante es lo que piensas tú. —Y enarcó
una ceja a modo de pregunta.
—No digas tonterías.  Ya sabes que confío en ti.  Aunque desde luego
estaré  más  tranquilo  cuando  hayamos  encontrado  al  ladrón.  ¿Has
averiguado algo?
—No, hoy empezaré a repasar los datos que tengo sobre los periodistas
más «sospechosos». Odio hacer esto. ¿Y tú, tienes algo?
—Tampoco.  Pero creo que se me ha ocurrido una cosa.  Cuando lo
tenga más claro te lo contaré. ¿Tienes hambre? ¿Qué te parece si pedimos
que nos suban algo de la cafetería?
—Me parece que es la primera buena idea que has tenido en todo el
día, jefe.
Miley tuvo también un día ajetreado. Pasó toda la mañana preparando
el  nuevo diseño de las páginas de la revista.  Jack había pensado que un
modo  de  contrarrestar  en  cierta  medida  el  robo  de  los  artículos  era
ofreciendo  un diseño  más  innovador  a  los  lectores,  y  la  idea  le había
gustado mucho a Sam.  Sin embargo,  para poder llevarla a cabo,  todo el
departamento  de  diseño  y  maquetación  llevaba  días  trabajando  al
doscientos por cien.
—Miley —la interrumpió Jack—. Yo necesito descansar un poco y voy a
salir  a comer,  ¿me acompañas? —Ella guardó lo que estaba haciendo y
cogió su bolso.
—Sí,  claro.  La  verdad  es  que  tengo  hambre.  ¿Viene  Amanda  con
nosotros? —preguntó.
—No.  Me ha dicho que Sam y Nick están repasando unos artículos y
prefiere quedarse arriba por si la necesitan. Cariño, no sé qué le has hecho
a Nick, pero sea lo que sea, me alegro.
Habían salido ya de la revista y Jack dudaba entre el  hindú de la
esquina y la pequeña cafetería italiana que había dos calles más abajo.
—Yo prefiero comer un panini —decidió Miley.
Caminaban apresurados.  Con todo el  trabajo que tenían no podían
perder  demasiado  tiempo  comiendo.  Una  vez  llegaron  a  la  cafetería  y
tuvieron sus panini delante, Miley se decidió a preguntar:
—¿Por qué crees que le he hecho algo a Nick?
—Porque está contento. Creo que hacía años que no lo veía así. —Vio
cómo  Miley se sonrojaba—.  Además,  en mi  opinión,  hacéis  una pareja
fantástica. Ahora come y no insultes mi inteligencia diciendo que sólo sois
amigos.
Ella se atragantó y tuvo un ataque de tos; cuando se le pasó, se atrevió
a mirar a Jack.
—No sé si somos una pareja fantástica. Para serte sincera, no sé qué
somos.
Jack enarcó las cejas y en un gesto de amistad le tomó la mano.
—Nick siempre ha sido muy frío,  al  menos por lo que yo lo conozco.
Pero desde que tú llegaste es distinto. Al menos ya no esconde tan bien sus
emociones.  Parece más  humano. —Al  ver  que ella levantaba una ceja,
continuó—. Bueno, tengo que reconocer que durante unos días pensé que
iba a matar a alguien. Nunca le había visto tan enfadado ni tan confundido.
Pero hoy estaba... no sé, más relajado, más joven, incluso le he oído contar
un par de chistes. Eso significa algo, seguro. —Siguió comiendo su panini y
bebió un sorbo de café.
—Ya, bueno, para mí  todo esto es nuevo. Estoy tan contenta que no
puedo parar de sonreír. —Se acabó su almuerzo—. Jack, ¿puedo preguntarte
algo?
—Dispara. —Él también había acabado, y estaba dándole un mordisco
a una manzana.
—¿De qué conoce Clive a Nick? Esta mañana,  cuando nos hemos
tropezado con él,  ha sido como estar  en medio de un duelo del  Lejano
Oeste.  Me ha parecido que entre los  dos  había algo más,  aparte de la
revista.
—Clive es un imbécil, pero no te equivoques, no es estúpido. Clive y
Nick se conocieron en la universidad, creo que al principio incluso fueron
amigos,  buenos  amigos.  No sé qué pasó entre ellos,  pero debió de ser
grave. Su amistad se rompió y, si no fuera porque Sam es el tío de Clive, no
creo que pudieran estar juntos en la misma habitación sin pelearse. Hace
unos años, en una fiesta de Navidad de la revista, oí cómo Clive amenazaba
a Nick con no sé qué de su padre. Nunca olvidaré la mirada de Nick, pensé
que  iba  a  matarlo.  Evidentemente,  nuestro  Nick no  hizo  nada,  sólo  le
susurró algo a Clive y éste se marchó de la fiesta y del país. Tardó varios
meses en volver a aparecer. Extraño. Le pregunté a Nick qué había pasado
y se hizo el loco. —Miró el reloj y se levantó—. Deberíamos volver.
—Vamos. —Miley anduvo en silencio, no podía quitarse de la cabeza la
historia que Jack le había contado. Bueno, la próxima semana vería a Nana,
seguro que ella sabía algo. A Nick le habían hecho daño, de eso estaba
segura,  y  ella  iba  a  encontrar  el  modo  de  compensarlo  por  ello.  O a
intentarlo.
Llegó la hora de salir y Miley aún no había tenido noticias de Nick,
nada, ni una llamada; seguro que había estado muy liado con la reunión. No
sabía qué hacer, ¿lo esperaba? No, mejor no, mejor actuar como si nada.
Recogió sus cosas y se fue hacia casa. Estaba cansada, no había dormido
mucho y, aunque estaba enamorada del culpable, tenía ganas de tumbarse
un rato y descansar.  De camino,  aprovechó para llamar a sus hermanas,
ellas siempre se habían contado todo lo que les pasaba con los chicos, pero
lo de ella y Nick  tenía ganas  de guardárselo unos  días  más;  quería
disfrutarlo y asegurarse de que no se lo había imaginado. Así pues, sólo les
explicó que ya no iba a mudarse, y que ese fin de semana lo iban a pasar
fuera.
Nick  no había telefoneado a Miley en todo el  día. Era verdad que
había estado muy ocupado, pero no tanto como para no poder hacer una
llamada.  No se la había quitado en todo el  rato de la cabeza,  y por eso
mismo  había  decidido  que  era  mejor  no  hablar  con  ella.  Los  hombres
siempre han sido animales extraños. Quería pensar, reflexionar sobre como
actuar a partir de entonces.  No había llegado a ninguna conclusión,  y lo
único que había logrado había sido tener una erección permanente durante
todo el  día.  Sólo con recordar lo de la noche anterior,  se le aceleraba el
pulso y le sudaba la espalda. Nunca había sentido con tanta intensidad al
hacer el amor, quizá exceptuando la primera vez que se acostó con Miley, e
incluso entonces fue distinto. Y nunca jamás había relacionado el sexo con
el amor, pero con ella le era imposible no hacerlo. En sus treinta años de
vida, se había acostado con bastantes mujeres, no tantas como Guillermo,
pero  tampoco  había  sido  un  monje.  Nunca  había  tenido  una  relación
afectiva estable; como máximo, alguna compañera de viaje como Monique,
una mujer que sólo se amaba a sí misma y que lo único que quería y ofrecía
era buen sexo sin obligaciones. A él eso siempre le había funcionado, era
una manera de no tener que hacer frente a sus demonios personales; a su
padre,  amar a su madre lo había convertido en un alcohólico,  en un mal
padre y,  al  final,  en un cadáver,  mientras que a su madre,  la increíble
Gloria,  nada de aquello le había importado lo más  mínimo.  El  amor  no
existía,  y si  existía,  nunca acababa bien.  No,  seguro que enamorarse no
podía ser bueno. Pero Miley se merecía que lo intentara. Se merecía que él
arriesgara su corazón tanto como ella. Sí, eso iba a hacer, iba a cuidarla y a
quererla, y a esforzarse por que fuera feliz allí con él. Y si algún día quería
volver a Barcelona, la apoyaría. Sólo esperaba recuperarse de su partida.
Apagó el ordenador y se fue a casa.
Cuando abrió la puerta del apartamento, lo primero que notó fue que
no veía a Miley por ningún lado. Dejó sus cosas y oyó correr el agua. Ah, se
estaba duchando. Intentó no pensar en ella mojada, pero fue inútil. Volvió a
intentarlo.  Espuma.  Tenía que hacer algo, de modo que entró en el  baño
silenciosamente.  La mampara de la ducha estaba totalmente empañada,
pero  dejaba  adivinar  la  figura  de  Miley;  era  preciosa.  Ella  estaba
levantándose el  pelo,  y cuando acabó,  enfocó el  chorro de agua hacia su
nuca;  debía  de  dolerle  la  espalda.  Sin  pensarlo,  Nick  se  desnudó
sigilosamente y se metió en la ducha.
—¿Nick?  ¿Qué  haces  aquí?  —le  preguntó  Miley  sorprendida
mientras con las manos intentaba taparse algo.
—Miley, ya te he visto desnuda, ¿te acuerdas? —Él sonreía viendo los
malabarismos que ella estaba haciendo—. ¿Te duele la espalda?
La acercó lentamente a él. Ahora los dos estaban empapados. Antes de
que pudiera responder, la besó y le abrió la boca con la lengua, lamiendo
las gotas de agua que ella tenía en la comisura de los labios.  La había
echado de menos.
—Hola —le dijo al separarse de ella un momento para volver a besarla
en seguida. La acariciaba, tenía la piel caliente.
—Hola —respondió ella,  mirándolo directamente a los ojos—. ¿Estás
bien? —Notaba algo en sus besos,  como una necesidad que no lograba
entender.
—Ahora sí.  —Le pasó cariñosamente la mano por  el  pelo—. Date la
vuelta.

What A Feeling- Capitulo 37



Nick estaba sentado en el suelo del cuarto de baño, con la espalda
contra la puerta y la cabeza entre las rodillas. Dios, ¿qué había sido aquello?
No sólo acababa de tener el mejor sexo de toda su vida, había habido un
momento en que creyó que mataría al que intentara separarlo de ella. No
podía dejar de pensar que tenía que serenarse, que tenía que recuperar el
control.
—Seré idiota —se autocensuró Nick—. Estaba convencido de que si
nos acostábamos  todo se iba a normalizar,  que yo volvería a ser  yo,  y
mírame, aquí estoy, hablando solo y congelándome el culo con este suelo
tan frío.
Se levantó, se refrescó por enésima vez la cara y volvió a la habitación
dispuesto a quitarle importancia al asunto. Se repetía una y otra vez que no
había para tanto,  que toda aquella pasión acabaría apagándose un poco,
que su corazón recuperaría su velocidad habitual.  Se lo repitió unas diez
veces mientras se acostaba en la cama y se acercaba al cuerpo dormido de
Miley,  y  lo  repitió  una  vez  más  cuando  ella  se  acurrucó  e
inconscientemente se abrazó a él. Entonces, Nick se dio cuenta de que
era feliz, y que si la dejaba escapar quizá jamás volvería a sentir todo eso
por nadie. Cerró los ojos y dijo en voz baja:
—¡Qué demonios!, lo voy a intentar.
Nick no durmió en toda la noche. La verdad era que lo aterrorizaba
pensar que su perfecto y ordenado mundo iba a cambiar. Se veía capaz de
controlar el sexo, pero la pasión y el amor eran otra cosa. Además, la única
cosa que había aprendido con el divorcio de sus padres y con la muerte de
su padre era que los sentimientos sin medida son destructivos, dañinos, y
que él iba a luchar contra todo, incluso contra sí mismo, para no sentirlos.
Sabía que no podría sobrevivir a ellos. Su padre lo había intentado y había
acabado convirtiéndose en un alcohólico, solitario y muerto.
Miley se despertó y estaba sola.  «A lo mejor  lo he soñado todo»,
pensó. Pero no, vio que estaba en la cama de Nick y oyó la ducha. Se
desperezó, todo era maravilloso. Seguro que debía de tener cara de idiota,
no recordaba haberse sentido nunca tan contenta, tan feliz.
—Buenos días.  —Nick  la saludó desde la puerta de la habitación.
Estaba recién duchado, llevaba sólo una toalla atada a la cintura y a Miley
se le hizo la boca agua con sólo mirarlo.
—Buenos días —le sonrió ella—. ¿Qué hora es? No quiero ir a trabajar.
Tendría que haber  una ley que prohibiera levantarse después  de haber
hecho el amor con el hombre más maravilloso y sexy del mundo. ¿No estás
de acuerdo? —Lo besó antes de que él pudiera contestar.
—No sé. —La abrazó y le susurró al oído—. ¿Esa ley incluiría no tener
que contarle a tu jefe el  motivo de no haber  ido a trabajar el  día de la
reunión con los principales accionistas de la revista? Vamos, no me tientes.
—Le dio un beso—. Ve a ducharte antes de que cambie de opinión.
—Está bien.  —Antes de cerrar  la puerta del  baño,  Miley dijo—: De
pequeño también eras un aguafiestas.
Nick rió.
Fueron  juntos  a  la  revista,  como  venía  siendo  habitual  desde  la
recuperación de Nick, pero ahora había detalles distintos; se tocaban, se
miraban. Estuvieron hablando de tonterías. A Miley le habría gustado que
Nick le dijera algo como «Anoche fue la mejor noche de mi vida», pero se
conformó con los  besos  que le daba cada vez  que se paraban en una
esquina.
—Miley, princesa, ¿en qué piensas? Te he preguntado si te parece bien
que mañana vayamos a casa de Sam y no me has contestado.
—Lo siento, la verdad es que no pensaba en nada.
Estaban parados en un semáforo,  pues habían decidido ir a pie, y él
bajó la cabeza para darle un beso.  Nada complicado,  fue sólo un leve
contacto, pero la sonrisa que después lucía Nick le llegó al corazón.
—Algún día este vicio tuyo de soñar despierta me volverá loco. En fin,
¿quieres ir?
Cruzaron la calle, estaban ya a escasos metros de la entrada.
—Sí,  claro.  —Miley  sabía  que  si  él  le  sonreía  de  ese  modo,  ella
aceptaría hacer cualquier cosa que le pidiera.
Entraron, y Miley vio a Jack salir del ascensor. Estaba muy serio e iba
acompañado de un hombre de unos treinta y cinco años que parecía no
caerle demasiado bien. Oyó cómo Nick murmuraba entre dientes.
—Mierda.
Lo miró y vio que tenía la vista clavada en ese tipo.
El  hombre  era  atractivo,  rubio,  iba  muy  bien  vestido  y  daba  la
sensación de tenerlo todo pensado.  Cuando vio a Miley y a Nick  se
dirigió hacia ellos con paso decidido, observándolos.
—Hombre, Nick, cuánto tiempo sin verte. —Le tendió la mano a Nick,
quien  lo  saludó  sin  ningún  entusiasmo—.  Veo  que  ha  habido
incorporaciones  interesantes  durante  mi  ausencia.  —Y  repasó
descaradamente a Miley—. ¿No vas a presentarnos?
Nick  estuvo  unos  segundos  callado,  meditando  sus  alternativas.
Finalmente, optó por la vía diplomática.
—Claro. Miley, te presento a Clive Abbot, sobrino de Sam y miembro
del  consejo directivo de la revista.  Clive,  ella es  Miley Martí,  la nueva
diseñadora  del  equipo  de  Jack.  —«Y  si  te  atreves  a  tocarla  o  sigues
mirándola así, no respondo», pensó Nick.
—Es un placer, Clive. —Miley le tendió la mano, y tuvo un escalofrío
cuando vio que el hombre se la levantaba y le daba un beso en los nudillos.
—Créeme, Miley, el placer es todo mío —respondió guiñándole un ojo
—. ¿Desde cuándo trabajas aquí? —No soltaba la mano de Miley.
—Desde hace unos cuatro meses. —Seguía sin soltarla, y empezaba a
ponerla nerviosa.
—Cuatro meses. —Dirigió su mirada a Nick—. Nunca habías sido tan
lento,  Nick.  Debes  de  estar  perdiendo  estilo.  —Levantó  burlón  el  labio
superior.
Antes de que Nick pudiera contestar o hacer algo peor, a juzgar por
su mirada y el puño que mantenía apretado en el costado, Miley respondió:
—No creo que Nick  haya perdido ningún estilo.  En cualquier caso,
perderlo siempre es mejor que no haberlo tenido nunca. —Se desprendió de
la mano de Clive—. Me voy, Jack me está esperando. —Se dirigió entonces a
Nick—. Si puedes, llámame. Adiós.
Nick esperó a que Miley entrara en el ascensor para enfrentarse de
nuevo a Clive.
—¿Qué haces aquí? —Se metió las manos en los bolsillos;  tenía que
controlarse.
—Cuido de mis intereses. Como muy bien le has dicho a tu «amiguita»,
soy miembro del consejo directivo de The Whiteboard.  —Iba a seguir, pero
Nick lo interrumpió
—No hables de Miley en ese tono o haré lo que llevo años deseando
hacer.
—¿Qué? ¿Pegarme? —La postura chulesca de Clive no podía ser más
exagerada.
—No. Eso lo dejo para tipos como tú. Me refiero a contarle la verdad a
tu  tío.  Nunca  entenderé  los  misterios  de  la  genética;  cómo  podéis
pertenecer  a  la  misma  familia  alguien  tan  honrado  como  Sam y  una
serpiente tramposa como tú.
—Vamos, los dos sabemos que no se lo dirás nunca. A lo mejor a mí me
echan, pero tú perderías mucho más. Recuerda que tengo ciertas fotos no
muy dignas de tu «querido» papá.
Vio que Nick retrocedía como si hubiera recibido un golpe.
—¿Qué  haces  aquí?  —Nick  repitió  su  pregunta.  Sería  mejor
centrarse en Clive y dejar a su padre y a Miley fuera de la conversación.
—Los negocios que tenía en Nueva York ya han concluido. Además, he
oído que os están «robando» artículos. —Chasqueó la lengua—. Nick, como
he dicho, estás perdiendo facultades. En la universidad no te despegabas
de tus  apuntes  ni  de tus  notas  por  nada del  mundo.  —Esperó a ver  si
Nick  reaccionaba,  pero éste se mostraba impasible—. Los números no
son muy buenos.  Si  esto no se soluciona pronto,  tal  vez tengamos que
cerrar. Por eso estoy aquí. Por nada del mundo me perdería ver cómo mi tío
se queda sin la niña de sus ojos, y comprobar además cómo no eres más
que un perdedor. —Empezó a andar hacia la puerta de salida.
—¡Clive!  —Nick  lo llamó para que se volviera—. Yo que tú me lo
tomaría con calma. Hasta la próxima. —Y se marchó a la reunión a la que ya
llegaba diez minutos tarde.
La  reunión  fue  relativamente  bien,  la  revista  empezaba  a  obtener
beneficios,  pero lo que había dicho Clive era cierto:  si  no mejoraban,  el
cierre era una amenaza real. Tanto Sam como Nick eran conscientes de
que tenían que encontrar al responsable de los robos antes de que fuera
demasiado tarde. Era evidente que alguien intentaba hundirlos y tenían que
averiguar quién y por qué. No había tiempo que perder.
—Cuéntamelo. —Sam se quitó las gafas y sonrió. Estaban solos en su
despacho y llevaba ya horas deseando interrogar a Nick.
—El  qué.  —Nick  seguía mirando las  fotografías  de la edición de
aquella semana y ni siquiera levantó la cabeza.
—No disimules. Hace meses que no te veía sonreír, y hoy tienes una
cara de felicidad que dan ganas de sacudirte. Vamos, desembucha. —Estiró
las piernas.
Nick dejó las fotografías. Se había ruborizado de la cabeza a los pies.
No tenía escapatoria.
—Tenías razón. —No pensaba decir nada más.
—Ya lo sé, siempre la tengo,  es uno de los privilegios de ser mayor.
Pero dime, ¿en qué tenía razón? —No iba a dejarlo escapar.
—En lo de Miley. Es fantástica. —Le sudaba la espalda. Siempre había
sido muy reservado en cuanto a sus relaciones, y tampoco quería poner a
Miley en un compromiso delante de Sam.
—Me alegro. —Se levantó y le colocó la mano en el hombro—. Siempre
he pensado que estabas demasiado solo.  A pesar de todas tus teorías al
respecto, te mereces ser feliz, y creo que esa chica puede convencerte de
ello.

Cap 7- Epilogo...


Eran las 3 de la mañana cuando recibí un mensaje de Nicholas q me esperaba en la salida de la escuela, extrañada me levante y me fui corriendo a su encuentro.
Cuando llegue Nick no se encontraba por ninguna parte, un mal presentimiento recorrió mis venas, olfateé el olor q se encontraba alrededor y era nauseabundo, sentí como mi cuerpo era aplastado contra la pared, abrí los ojos y sobre mi se encontraba un lobo, antes de q pueda reaccionar el animal en cuestión, se bajo despacio de mi cuerpo y se alejo unos cuantos pasos, yo podría haber mordido al lobo, pero algo en mi me lo impidió, el animal levanto la vista y empezó a retorcerse, hasta convertirse en un… humano… y no cualquier humano.
-Joe…-susurre asombrada.
-¿frecita?-Joe de chiquita me había llamado frecita por mi adicción a estas-no me digas que ese Jonas te transformo en vampiro.
Baje la vista, y sentí como Joe respiraba hondo, a los segundos lo observe y su cuerpo estaba sudando, me acerque a tocarlo, pero me queme haciendo q Joe se apartara.
-no puedo creer que te aya echo eso…-me dijo realmente enojado…
-cálmate, no le digas eso, porque no fue su culpa, él trato de alejarme, y yo insiste en quedarme, entiéndelo lo amo, no podía dejarlo…
-pero mira lo que te a echo.
-te acabo de decir q no fue él-le dije ofuscada.
-¿y quien fue? Drácula?- me pregunto sarcástico
-muy gracioso tu, fue otro vampiro, Nick se esta ocupando de encontrarlo-recién ahí me di cuenta de algo…Joe era un hombre lobo, había oído hablar de ellos, Selena me los había presentado uno de esos días en el q ella era mi única compañía.
Eran el peor enemigo de nosotros, lo mire a los ojos y Joe me capto enseguida.
-Si como veras soy un hombre lobo…-me dijo ofendido como si se sintiera humillado, yo me acerque y antes de suspirar lo ábrese con fuerza, Joe me tomo con fuerza.

Mils- la vos de Nick me distrajo del abrazo, me separe y me acerque a él-¿que haces con él?

Es mi amigo-le dije en voz baja.

Pero es un hombre…

Si lo se- lo corte en seguida – pero es mi mejor amigo y siempre lo cera.

Lo entiendo-Nick observo de soslayo a Joe, mientras esta sonreía.

Mejor me voy frecita, no quiero estar cerca de dientitos- reí y me despedí de mi amigo…

Me giré y me quede con Nick, era tan hermoso, me acerque y lo abrace, me agarro de la cintura y presiono sus labios con los míos, el beso fue aumentando, su lengua hizo paso en mi boca y se entrelazo con la mía, acurruque mas mi cuerpo al suyo, me separe y le sonreí.
-perdón- me dijo con voz ronca-debí cuidarte, y no lo hice…
-vos me lo advertiste…
-ya se pero tampoco te deje, me quede
-¿Y porque lo hiciste?
-Porque mierda te amo… mas q a nada, mi vida no seria lo mismo sin vos, sos la única q me mantiene en pie, sin vos no se que aria, te amo y nunca te dañaría.
Me sorprendí por lo q Nick me decía, no sabía que me amaba tanto, es mas pensé q estaba jugando conmigo, pero lo amaba demasiado para dejarlo lo abrase de vuelta y lo bese.
-         yo también te amo y nunca te dejaría q me dejes. Reímos
-         quiero estar con vos para siempre, formar una familia, ser tuyo y vos mías para toda la existencia, porque mierda q vamos a vivir- Nick me sujeto de la cadera mientras reíamos, bajo su cabeza y me susurro algo antes de besarme de vuelta
-         necesito q me prometas algo Smile…
-         ¿Qué?-le pregunte
-         Vas a estar siempre conmigo, y q pase lo q pase nunca me vas a dejar…
-         No te preocupes porque moriría si no te tengo-le susurre
-         Pero si no podes morir…
-         Pero yo re juro q seria capaz de romper esa herencia si me faltases…

Nicholas me beso con fuerza y en ese momento me di cuenta que nunca podría vivir sin él; como él sin mi….
                                                                                                                  
                                              

Hola chiiicas, este es el ultimo cap, como veran la hice super corta, pero bueno, me encanto hacerla :) Era mas larga pero se me borro la parte en q nick y miley tenian un momento hot, asiq lo siento... espero que les haya gustado.. diganme cual quieren q siga :) 
las quiero :) 
By: Aguss Mar 

Capitulo 6


Cuando me recupere sentí el peso de él apoyado en la mesa sobre mi cuerpo…
Se paro y me observo desde los pies a la cabeza, y detuvo sus ojos en mi cuello, alargo su mano y toco mi mordedura, su cara cambio completamente, me atrajo hacia él, y empezó a derramar…lágrimas, me sorprendí bastante.
-Te has convertido en lo mismo que yo, perdóname, yo te tenía q cuidar y no lo hice, me debes odiar-yo solo lo abrase.
-No....no e odio quisiera pero no puedo- Nick me miro a los ojos- te amo, y te agradezco de algún modo que no me hayas cuidado, porque no soportaría tener ni una sola arruga-Nicholas río sin ganas.
-yo también te amo…
-No creo, si no, no hubieras besado a esa rubia…-el chico q tenia delante de mí bajo la mirada al suelo…
-lo tuve que hacer, yo no podía estar con vos, sabiendo que corrías mucho peligro, te amaba demasiado para que pudieras terminar muerta, o convertida en lo que te has convertido…-suspiro- pero luego cuando viniste y me pegaste, vi tu cuello, y note que las predicciones de Demi se habían cumplido…
-pero te alejaste… pasaron dos semanas y no recibí ni una noticia tuya…
-tenía miedo de cómo pudieras reaccionar, pero luego te vi con ese estupido hueco de Morson y me transforme… vos sos solo mía, y ahora lo tienes marcado muy adentro tuyo-esto lo dijo con doble sentido, me ruborice y le pegue en el hombro.
Salimos de ahí y besando sus labios me fui a mi siguiente clase… no sabia si habíamos vuelto a ser novios o no, pero después de lo que había pasado rogaba que lo fuéramos. Con una sonrisa entre al aula.

-¿lo han hecho?- estábamos almorzando en el receso de clases con Emily Demi y Sel, les acaba de contar lo q había pasado hace unas horas con Nick, me sentía realmente feliz, hacia unos minutos me había disculpado con las chicas por como las había tratado en estos días, ellas habían entendido a la perfección.
-¿Como lo hicieron? ¿Cuanto  tardaron? ¿Besa  bien? ¿Es romántico?-Selena me empezó a bombardear con preguntas yo solo reí por lo bajo, aunque suena demasiado loco nos habíamos vuelto muy unidas.
-no te voy a dar un expediente completo Sel solo te voy a decir que besa realmente bien- Selena bufo y mis demás amigas rieron.
-¿y son novios de vuelta?-Emily pregunto curiosa.
-no lose, todavía no hablamos- le conteste.