domingo, 6 de mayo de 2012

Átame a ti - capitulo- 84



―La última oportunidad que tienes de irte o te daré un poco de lo que él acaba de recibir.
―Fanfarrón.
―Soy más que fanfarrón, jodido cabrón.
―Adelante, chupa pollas.
Más pasos de botas se arrastraron sobre el cemento, precedidos por fuertes gritos. Nick oía todo a través de una neblina de dolor.
―¿Colt? ¿Qué estás haciendo aquí? Oh, mierda. ¿Nick? Hombre, ¿estás bien? ―Este era Blake.
Colt dijo:
―Estaba por entrar a la Bota Dorada y vi a nick recibir puñetazos de un cabrón.
―¿Ese es el cabrón que le hizo esto? ―Cam preguntó.
―Sí.
El hombre dijo:
―Dejarme ir.
―Jódete. Tú lo empezaste.
―Nosotros vamos a terminarlo. ¿Todavía sintiéndote bravucón? ―Ben le recriminó
―No cuando las probabilidades son seis contra uno.
Nick se incorporó hasta sentarse y dijo:
―Dejarlo ir.
―¿Qué? ―dijo Remy―. Todos queremos darle un golpe para que sepa que se metió con la familia condenadamente equivocada.
―¿Todos vosotros son Jonas?
―No, algunos somos West. ¿Oíste de nosotros?
El hombre dijo:
―Sí, todos vosotros sois un puñados de jodidos vaqueros psicópatas.
―Entonces sabes que no vamos a dejarte ir sin más.
―Suficiente. Déjalo ir. Él pensó que yo era otra persona. ―Nickintentó contemplar al tipo. Mierda. No podía ver―. Es su elección. Se marcha y se mantiene lejos de todos nosotros o vamos a la oficina del sheriff y levanto cargos.
―¿Esta es una de esas mierdas de todos para uno y uno para todos? ―dijo el hombre con desprecio.
―Apostaste tu culo.
Cam sacudió al gran hombre como una muñeca de trapo.
―¿Qué otra cosa puede ser, viejo?
―Me voy. ―Después de que Cam lo soltó, el tipo se deslizó dentro de la oscuridad.
―Jesús, nick. Él montó un numerito contigo. Creo que el corte arriba de tu ojo necesita puntadas.
―Mierda, odio las jodidas agujas. Estaré bien.
―¿Tu boca está sangrando?
―Probablemente. No me sacó de un golpe ningún diente.
―Eso es reconfortante. ¿Necesitas una mano para levantarte? ―preguntó Cam.
―Sí.
Cam y Colt lo levantaron y lo apoyaron contra la pared de ladrillo.
―Gracias. ―El movimiento mareó a Nick y él cerró los ojos.
Chet dijo:
―¿Quieres que nos aseguremos de que llegues bien a casa?
―Nah, ir en camino, chicos, tenéis un tirón más largo. Yo lo llevaré a casa, ―dijo Colt―. Se lo debo.
Siguieron algunos murmullos de aprobación y Nick supo que todos se habían ido. Aunque, después de dos peleas en un mismo día, él no podía reunir la energía para saludarlos.
El más leve ruido de pasos se acercó, acompañado por el clic clic de cadenas de metal.
―¿Qué piensas, Indy? ―preguntó Colt suavemente.
―Creo que él está sangrando como una puta drogadicta y que tiene la apariencia de la mierda de un perro. ¿Qué pasa con vosotros, vaqueros, y las peleas todo el maldito tiempo?
Nick hizo un esfuerzo para abrir su ojo bueno. Estupendo. La hermana de Miley.
―¿Qué diablos estás haciendo aquí? ―Vio a India dispararle una mirada a Colt y logró voltear la cabeza para ver la respuesta de Colt.
Colt pronunció algo para ella y ella negó con la cabeza.
Silencio.
―No fue una pregunta capciosa ―dijo Nick.
India suspiró.
―Estoy aquí porque soy la protectora en A.A. de Colt. Esta noche fue la primera vez que él tenía pensado entrar a un bar desde que abandonó el alcohol el año pasado. Me quedé en su camioneta para que podamos hablar luego.
―No sabía que eras su protectora.
―Nadie lo sabe. Colt quiere que esa información se mantenga confidencial, es su elección, así que no puedes decírselo a nadie, ni siquiera a Miley.
―Bueno, eso será fácil dado que ella está cabreada como infierno conmigo.
―¿Por qué?
―Es una larga historia.
―¿Eso significa que no estás yendo a su casa esta noche?
nick gesticuló señalando sus ropas ensangrentadas y cubiertas de barro.
―No tengo elección. Todas mis cosas están allí. Vosotros seguir con vuestro camino. Estaré bien para conducir.
―No puedes ver con tu ojo derecho, ¿cómo se supone que vas a manejar cien kilómetros? ¿En la oscuridad?
―Voy a arreglármelas.
―Te llevaremos.
―Necesito mi camioneta mañana.
―Bien. Colt puede conducir tu camión. Yo conduciré mi coche. Él necesita seguir alguien que conozca el camino en caso de que tú te quedes dormido y yo lo traeré de regreso al pueblo.
Colt dijo:
―Tírame tus llaves.
nick las sacó de su bolsillo y apartó la mano de la pared para seguir a Colt a su camioneta.
La mano de India sobre su pecho lo detuvo.
―Huh-uh. Tú vienes conmigo.
―Estupendo.

Átame a ti - capitulo- 83-Feliz cumple emi


—De ninguna manera. Las extrañaría a ella y a Eliza como loco, y ambas me necesitan malditamente, aunque esa testaruda mujer no lo admita.
—Yo no estuve listo para admitir que necesitaba a AJ hasta que ella me dejó —agregó Cord.
—Para Channing y para mí, alejarnos nos sirvió para reforzar la verdad de que nos pertenecíamos.
—Vosotros, chicos, no estáis bromeando, ¿verdad?
—¿Cuántos años tuve a AJ justo delante de mi maldita cara y no la noté? Y aún después de que había caído por ella no quise admitir ante ella ni nadie, pero sobre todo ante mí mismo lo que sentía por ella. Podemos ser nuestros peores enemigos.
—Apostaría que Miley comprendería malditamente rápido lo que siente por ti si tú no estuvieras ahí. No digo que tenga que ser permanente, sólo por un par de días. Además, ¿no comenzaremos a amontonar heno en la parte del sur mañana? No vas a querer conducir cien kilómetros a las diez de la noche después de haber estado en un tractor durante dieciséis horas, sólo para regresar ocho horas más tarde y hacer todo otra vez.
—Colby tiene razón. —Cord sacó su teléfono celular que estaba sonando del bolsillo de la camisa—. Ey, muñeca —sonrió—. ¿De verdad? No te muevas. Ah-ah-ah, nada de peros. Estoy en camino.
—¿Qué hay?
Cord se paró y tiró un billete de veinte sobre la mesa.
—Tengo que irme.
—¿Ya?
—Cuando tu mujer llama para decirte que tu niño duerme como un tronco y que ella está desnuda en la cama, lo siento chicos, tu tiempo terminó. Los veré mañana y buena suerte, K.
—Gracias.
Colby entrecerró los ojos mirando el reloj del bar.
—Probablemente sería mejor que me vaya a casa. Ver qué truco mi linda esposa tiene reservado en la manga para la aventura sexual de esta noche. Lo divertido es que ella piensa que no sé que está tramando algo, así que no voy a hacerme rogar. —Golpeó a nick en el hombro—. Buena suerte.
nick consideró cuidadosamente el consejo mientras terminaba su cerveza. ¿Por qué los hombres y las mujeres tenían que jugar juegos?
Por otra parte, siendo franco y honesto no había llegado a nada tampoco.






Después de despedirse de sus primos, nick caminó calle abajo hasta su camioneta. La promesa de un otoño temprano fastidiaba y el aire de la noche estaba frío. Las nubes cubriendo la luna hacían que la noche parezca incluso más oscura de lo normal. Se había agazapado dentro del cuello de su abrigo y no vio al hombre salir de las sombras hasta que fue demasiado tarde y nick se golpeó justo contra él.
―Ey. Lo siento.
―Será mejor que lo sientas, hijo de puta.
―¿Disculpa?
―Ninguna disculpa para ti porque sé que estuviste follando con mi mujer, Jonas.
¿Este hombre estaba borracho?
―¿Qué tipo de perdedor folla con la esposa de otro hombre?
nick trató de echarse hacia atrás.
―Espera un momento, amigo, estás hablando con el hombre equivocado.
―Infierno que lo hago. ―El hombre grande como un oso se acercó más―. La seguí, así que sé que se estaba encontrando contigo.
―¿Conmigo? ¿Desde cuándo?
―Hace dos meses os vi a ti y a ella riéndose y bromeando en ese restaurante en el centro. Después los dos se escabulleron dentro de esa sala de masajes y no salieron durante un par de horas. Todos sabemos qué tipo de mierda ocurre en esos lugares.
―Mira, ahora sé que estás equivocado, hombre, porque he estado viviendo fuera de la ciudad durante el último año.
―Eso lo hace conveniente para que ella logre escabullirse para encontrarse contigo, lo que sé que todavía sigue haciendo porque no está en casa por las noches. Y cuando se queda está condenadamente callada, cosa que me disgusta mucho.
―Estoy diciéndote que no era yo.
Esa información no apaciguó al hombre, lo indignó.
―Sé lo que vi. Y te vi a ti.
Mierda. Los parecidos familiares apestaban. Este hombre seguramente había visto a cualquiera de los primos de nick. El hombre podría ser Kane. Esa era la explicación más probable, aún cuando Kane tenía una estricta política de nunca con mujeres casadas. Era poco probable que el tipo comprara ese ridículo argumento de “tengo un hermano gemelo”, pero eso no importaba. nick no mandaría al frente a su hermano o a sus primos, de cualquier manera.
Antes de que nick pronunciara otra negativa, el hombre se adelantó y le dio un puñetazo en el ojo como un boxeador profesional. El dolor explotó en su cabeza y se tambaleó hacia atrás.
―¿Qué te parece eso? Ojo por ojo, cabrón. Eso te enseñará a mantener tus ojos lejos de mi mujer.
Mientras nick estaba tratando de recobrar el equilibrio, el tipo le propinó un perverso gancho que le sacudió la mandíbula con tanta fuerza que sus dientes chasquearon y se mordió la lengua.
―Mantén tu boca cerrada con ella.
nick se curvó los brazos alrededor de la cabeza, tratando de protegerla, cuándo el tipo le pegó un puñetazo en el intestino con la fuerza suficiente para quitarle el aire de los pulmones. A través del dolor nick se dio cuenta que le estaban pateando el culo y él no lo podía detener. Se cayó en el pavimento derrotado.
―Levántate y pelea conmigo, coñazo hijo de puta.
La puerta de un coche se cerró de golpe, seguido por ruido de pasos de botas bajando por la acera.
―¡Ey! ¿Qué diablos está pasando?
―Piérdete. Esto no es asunto tuyo ―dijo el hombre.
―Joder que no es.
Colt.
¿Por qué estaba Colt aquí? nick trató de decir su nombre pero no pudo.
___________________________________________
Hola chicas perdon por tenerla mega abandonadas lo lamento tanto pero estoy ocupada pero tratare de estar mas aqui lo prometo y feliiz cumple ami corazon espero que te la estes pasando geneal en este dia tan especial

viernes, 4 de mayo de 2012

Esperando a Nick-Mini nove-Capitulo 1


―Cyrus, mueve tu culo hasta aquí ahora mismo― gruñó una severa voz.
Resistiendo la tentación de poner los ojos en blanco y enojarse por su impaciencia, Miley Cyrus se reunió de mala gana con su jefe, nick Jonas, en la última caja de embarque.― ¿Sí?
―Di, sí señor ―la corrigió, entonces se irguió amenazadoramente en un imponente cuerpo de seis pies y medio de altura como una nube oscura. Su reacción básica fue obedecer al imponente hombre que despotricaba sobre ella. Pero acostumbrada a ignorar los sentimientos en torno a su dominante jefe, Miley escondió su miedo tras un intenso desagrado e hizo lo mejor que pudo para no demostrarle al despótico imbécil lo mucho que deseaba ponerlo en su lugar.
―Presta atención, Cyrus― dijo gruñendo prácticamente, sus ojos marrones tan profundos que parecía negros. ―Esta declaración no coincide con el peso real de la caja de acuerdo a la escala del Departamento de Transporte.― Señaló una caja. ― ¿Qué demonios hay adentro?
 Un helado escalofrío le recorrió la espalda y Miley luchó contra el impulso de confesar y terminar con esto de una vez. Pero la imagen del rostro cubierto de lágrimas de su hermana  fortaleció su resolución. No, había hecho una promesa a Junie, y nunca se retractaba de una promesa. Además, ya había llegado demasiado lejos como para dar marcha atrás ahora. Si ella abría  la caja, la vida de ambas, y  de Gregory, estarían perdidas.
Se encogió de hombros inocentemente. ―Señor, no estoy segura de entenderlo. Procedí según las declaraciones mientras empacábamos, pieza por pieza. No hay nada más en esa caja que lo que nuestros hombres cargaron. A no ser que la caja haya sido alterada.
Ambos miraron hacia los intactos cerrojos en ambos extremos de la caja de mercancías. Él  maldijo en voz alta y se quedó mirando la caja, y después a ella, pensando en lo que debía de hacer. Ella solo podía rezar para que Nick Jonas estuviera tan presionado por el tiempo como había calculado previamente.
―Mierda, muy bien. Carga la caja. Pero no pienses que no vamos a discutir esto después. ―Él la miro enfadado antes de irse dando grandes zancadas, perdiéndose así su mejor actuación de herida inocencia.
Miley terminó la supervisión de la transferencia y vio desaparecer la nave en el cielo azul a través de un manto de nubes. Dentro de pocos minutos el barco estaría a salvo, fuera de la atmosfera terrestre y en camino hacia Werfal 7.
Ella suspiró. Si tan solo pudiera haber acompañado a la carga. Por desgracia, no tenía ni los recursos ni el poder para dejar el planeta, no mientras Jonas retenía sus documentos de viaje.
Dándose cuenta de que tenía poco tiempo antes de Jonas se diera cuenta de lo que había hecho, Miley se apartó rápidamente del muelle y se dirigió a su pequeño pero acogedor apartamento. Hizo el viaje, que por lo general le tomaba horas, en la mitad del tiempo; agarró su patética maleta y la mochila que contenía sus más preciadas posesiones. Tras comprobar que no había dejado nada importante detrás, respiró profundamente. En el momento en que dejara  Puerto Watch su vida estaría en peligro para siempre. Sería una mujer fugitiva, la cual tendría suerte si la mataban de inmediato una vez que la capturaran.
  Pensamientos negativos, Pensamiento negativos. Se sacudió la mala sensación y se centró en el estar bien, en el aquí y ahora. Gregory estaba en camino hacia la libertad y a una vida nueva, una que sin duda se merecía. Junie tendría la tranquilidad de saber que no había conducido a su amante a un trágico final; y Miley podría vivir consigo misma sabiendo que había hecho lo correcto.
―Y no más Nick jonas respirando en mi cuello.― La idea le puso una gran sonrisa en su rostro.
Alcanzando el picaporte de la puerta, vio horrorizada  que comenzó a girar. Con rapidez puso el cerrojo, dio un paso atrás y casi tropezó sobre su pesado equipaje.
―Maldita sea, Cyrus, abre la puerta.― El familiar gruñido hizo que le temblaran las rodillas. ―Tenemos que hablar.
Una blanca pared de impotencia apareció ante ella y, para su horror, se encontró incapaz de procesarla. ¿Qué iba a hacer? No tenía puerta trasera ni ningún otro medio de escape. ¿La habría escuchado hablando sola?
―Miley, abre la puerta― dijo con una voz  profunda y seductora poco característica en él.
Ella parpadeó y miró la puerta como si fuera la puerta de entrada al mismísimo infierno. El picaporte de la puerta se sacudió de nuevo, esta vez violentamente. Encontrando la salvación en el más improbable de los lugares, empujó las bolsas a un lado y se abalanzó sobre una antigua imitación de un tope para puerta, sosteniéndolo encima de su cabeza. Rápidamente abrió el cerrojo y se escondió junto al marco de la puerta, en el espacio que quedaría oculto por la puerta cuando se abriera.
―Finalmente― dijo Nick mientras entraba por la puerta, sonando enojado y mucho más como el ogro al que conocía. ― ¿Cyrus?
Viendo que esta iba a ser su mejor oportunidad, Miley se deslizó silenciosamente desde su escondite y lo golpeó en la cabeza por detrás. Pero en vez de caerse como ella pensó que haría, él maldijo y se tambaleó, dándose la vuelta para mirarla acusadoramente.
Antes de que ella pudiera reaccionar, Nick se desplomó aturdido en el suelo, pero no inconsciente.
―Por el amor de Dios― murmuró Miley mientras se apresuraba a prepararse. Corriendo hacia el agujero en la pared de la cocina, tiró del cordón del videófono y corrió de regreso hacia Nick.
Ella giro, sorprendida de lo mal que se sentía por haber derribado al gigante. Durante todo el año pasado él había sido una espina en su costado, no un hombre malvado  si no uno que había hecho de su vida un infierno. Le ató las manos en la espalda con un efectivo nudo marinero, uno que había aprendido tras haber trabajado en los muelles durante los últimos seis meses, sonrió triunfante y se levantó.
Sujetando su mochila y agarrando su maleta, se dirigió hacia la puerta cuando las palabras de Jonas se lo impidieron.
―Estás cometiendo el mayor de todos los errores. ―Su voz era áspera por el dolor, pero sus ojos eran claros y directos cuando ella se volvió a mirarlo. ―De hecho, seria más seguro que acabaras conmigo. Porque una vez que me libere, no habrá un sólo lugar en la Tierra o fuera de esta en donde puedas esconderte porque seguiré tu rastro.
La satisfacción en su rostro la confundió, pero sus palabras le dieron luz a una fea realidad.

no promises- capitulo- 25


Una chispa de calor recorrió el cuerpo de miley.
—Estamos muy bien. Por favor, cierra esa puerta, nick, la corriente está haciendo tiritar a Carolina.
—¿Qué estáis haciendo juntas en el baño?
—Relajándonos y jugando un rato —dijo ella, echándole agua a la niña por la espalda.
—Cuando yo la baño, llora.
—¿Te bañas con ella?
—No —respondió mirándola como si fuera la última cosa que se le hubiera pasado por la cabeza.
—Me imagino que debe ser la falta de seguridad. Las primeras veces que yo la bañé también lloraba. Pero ahora que ya ha estado en la piscina y se ha acostumbrado al agua…
nick se acercó a la niña.
—Hola, princesa.
Carolina se lanzó hacia él como si lo acabara de ver. nick la tomó en brazos.
—Vas a estropear otro traje. le dijo miley.
—¿A quién le importa?
Envolvió a la niña en una toalla y se puso a hablar con ella. El corazón de miley se le encogió en el pecho. Los ojos se le humedecieron un poco y comprendió el esfuerzo que hacía nick para ser padre y madre a la vez y lo que quería a la niña.
Eso ya lo sabía, pero verlo con sus propios ojos era otra cosa. La hacía comprender lo que deseaba quedarse allí y formar parte de aquello.
—¿Ya has acabado de mimarla? —preguntó él.
—No, déjame que le quite bien todo el jabón.
Él besó a la niña y se puso de rodillas para dejarla con miley.
—La próxima vez, utiliza la bañera de mi habitación. Es más grande y el jacuzzi hace unas pompas estupendas —dijo nick.
—Seguro. Pero creo que esa bañera preferiría compartirla contigo. Podría ser interesante.
El gruñó con frustración y, aunque no le apetecía marcharse, se puso de pie.
—Llámame cuando hayas terminado —dijo, caminando hacia la puerta—. Quiero llevarla yo a la cama.
—Solo tardaré un par de minutos, ya tiene bastante sueño.
nick volvió a mirar a miley antes de salir y sintió que su cuerpo se endurecía.
miley miró a Carolina y pensó que su vida era bastante normal, casi rutinaria.
Su vida real, la vida de espía, cada vez le parecía más lejana y, aunque sabía que su jefe se estaría preguntando qué le había pasado, a ella no le importaba. Podría mantener esa puerta cerrada toda la vida, pero el hecho de que también la mantenía cerrada para nick la hacía dudar de cuánto duraría aquello. 

Especialmente, cuando cada día estaba más enamorada de él.
Abajo, nick estaba acabándose la cena que miley le había dejado preparada cuando se dio cuenta de que estaban tardando mucho. Se levantó de la mesa y subió a la habitación de miley. Al abrir la puerta se las encontró a las dos dormidas, abrazadas, sobre la cama. Su hija tenía un mechón de pelo de miley entre los dedos como si tuviera miedo de que la dejara. La entendía muy bien, porque él tenía el mismo sentimiento. Se acercó a la cama y tomó a la niña en brazos. La llevó a su cuarto y la puso en la cuna. La niña lloriqueó un poco, pero enseguida siguió durmiendo.
Después, volvió por miley.
La tomó en brazos y la llevó a su dormitorio. Ella se despertó enseguida.
—¿Jonas? —dijo con un bostezo cuando él la soltó sobre la cama.
—¡Chis! —la acalló él con suavidad y fue a apagar la luces—. Quiero dormir contigo, cariño. Solo dormir.
Ella se deshizo de su albornoz y extendió una mano hacia él.
—¿Estás seguro de que solo quieres dormir? —preguntó acercándose a él—. ¿Estás seguro de que no puedo convencerte de otra cosa?
Él se deslizó sobre ella, con su erección presionando sobre su suavidad.
—Tú siempre puedes convencerme. Siempre.

—Cariño, ¿traes la ensalada de patatas? —dijo miley desde la puerta del jardín.
nick sonrió e hizo lo que ella le mandaba.
—¿Cariño? —preguntó Hope cuando él salió.
Él miró a su hermana como si nunca hubiera roto un plato.
—Quieres que te diga que tenías razón, ¿verdad?
—Ah, claro.
—De acuerdo, tenías razón.
Hope sonrió y miró al cielo.
—Pero tienes que tener la boca cerrada.
—Lo juro —dijo ella haciéndose una cruz sobre el pecho para confirmar su promesa.
—¡Cómo si te fuera a creer!
—¿Creer qué? —preguntó miley.
—Que Hope vaya a mantener la boca cerrada —le explicó él.
—No tienes ninguna oportunidad —le respondió miley—. Eso es lo que la hace tan interesante.
Hope le sacó la lengua a su hermano.
—Me voy a asar la carne —dijo él con tranquilidad, pasándole la fuente a su hermana.
Al pasar al lado de miley, le guiñó un ojo y le pasó una mano por la cintura.
nick puso en la parrilla las hamburguesas y las salchichas para los niños y los filetes para los mayores y la cerró.
Con los ojos recorrió la piscina.
Los niños estaban jugando en la parte poco profunda y sus padres, esparcidos por el borde, vigilaban con ojos atentos. El aire estaba lleno de «mamá mírame» y «papá mira lo que hago».
Estaba deseando que llegara el momento en el que Carolina hablara como ellos. Estaba a punto.
Su hija, que estaba en un extremo de la piscina, enfundada en un chaleco salvavidas y un flotador, estaba jugando con Katey, mientras Carolina las miraba desde el borde.
El cuñado de nick, Travis, estaba jugando a lanzar herraduras con Stan, el marido de Portia. nick lo conocía desde el instituto, pero hacía unos dos años que no lo veía. Exactamente, desde la boda.
El marido de Katey se acercó a él señalando hacia miley con la cerveza.
—Es fantástica, nick. Me alegro por ti.

martes, 1 de mayo de 2012

To end Logan Y Tu-Capitulo 2


Aquel pensamiento le provocó una oleada de deseo líquido por las venas, asegurándole que había tomado el camino correcto. Lo primero era hacerse con su fantasía. A pesar de su determinación, los genes sureños eran difíciles de obviar, y miró temerosamente a su alrededor para ver si alguien podía pillarla robando una página. No, seguía estando sola. Se recordó a sí misma que, después de aquel día, nunca más volvería a aquella tienda. Entonces hizo acopio de coraje y arrancó la página.
El desgarre resonó alto y claro en el vestíbulo vacío. ____ puso una mueca, pero cuando nadie apareció para reprenderla, dobló la hoja y se la metió en el bolso.
Ahora sólo necesitaba un hombre.

Las cosas que un hombre hacía por sus amigos, pensó LOgan Lermanirónicamente. Salió del probador de Divine Events, olvidándose del esmoquin y los complementos de padrino hasta la ceremonia del día siguiente. Aquella noche era la cena de ensayo y, gracias a Dios, los novios habían optado por la ropa informal.
Se frotó los ojos con los dedos, pero seguía teniendo la vista borrosa. Bueno, ¿qué podía esperar después de un vuelo nocturno desde San Francisco? Antes de llegar a casa había estado en un viaje bastante largo, como era normal en su trabajo de piloto para Connectivity Industries, una gran empresa de ordenadores. Su encargo más reciente había sido llevar al director general y a varios de los socios a París, lo que había supuesto una estancia en el Ritz y otros privilegios adicionales. Le encantaba su trabajo.
Habiendo crecido en un tugurio de San Francisco, se había prometido a sí mismo que acabaría saliendo de aquel agujero y que nunca volvería. Y lo había conseguido. Ahora tenía un apartamento en un rascacielos de Embarcadero, con una vista espectacular del Puente de la Bahía. Ver la ciudad desde la distancia le recordaba lo lejos que había llegado. Gracias a su perseverancia, había conseguido un trabajo que lo hacía viajar por todo el mundo y que estaba extraordinariamente bien pagado. Y los lujos que llevaba asociados tampoco estaban mal.
Los únicos inconvenientes eran el jet lag y la fatiga que sentía en esos momentos. No estaba de humor para obligaciones sociales, pero, como padrino de la boda, tenía que complacer a su amigo Bill, a quien había conocido en la academia de vuelo. Bill había decidido dejar la aviación e instalarse definitivamente con su mujer. Logan soltó un resoplido, decepcionado con la decisión de su amigo, pero decidido a respetarla. Al igual que la madre de Logan, la novia de Bill no quería a un hombre que no estuviese en casa y que se ganara la vida viajando. Loagn tenía la esperanza de que, a diferencia de su viejo, Bill no se consumiera por culpa del matrimonio. En fin… Bill era un hombre adulto y sabía lo que estaba haciendo y dónde se estaba metiendo. Pero ninguna mujer conseguiría jamás atar a Logan, ni con el matrimonio ni con ninguna otra relación que fuera más allá de una aventura pasional.
Y hacía mucho tiempo que no se permitía ninguna de esas aventuras. Sobre todo porque las mujeres afirmaban que podían conformarse con una sola noche, igual que afirmaban poder adaptarse al estilo de vida de Logan, y después, en un abrir y cerrar de ojos, estaban intentando cambiarlo y convencerlo de que lo que realmente quería era bajar de las alturas y refugiarse en el calor del hogar.
Y un cuerno.
A pesar de lo que sentía al respecto, había arreglado su horario para llegar a Chicago unos días antes de la boda, pero quería salir de aquel lugar sin perder un segundo más. Todas las flores y adornos blancos gritaban «boda» y lo hacían estremecer.
Se metió la camiseta por la cintura de los vaqueros y atravesó el vestíbulo hacia la salida. El sol que entraba por la puerta se reflejaba en los espejos, haciéndole entornar los ojos. Entonces se quedó de piedra, absolutamente fascinado.
La mujer era rubia, y él siempre había tenido debilidad por las rubias. Llevaba una blusa de seda que le recordó el tacto de la piel femenina. Y sus dedos se deslizaban sobre un libro rojo con una delicadeza exquisitamente erótica, intensificando el estremecimiento que le recorría el cuerpo. Y eso que ni siquiera le había visto el rostro.
No importaba. Si esa mujer estaba en Divine Events, o estaba a punto de casarse o era una dama de honor; es decir, que sería de las que intentaban hacerse con el ramo de la novia. Al menos eso era lo que sus hermanas y amigas afirmaban, y Logan se negaba a que nadie le echara el lazo. Sacudió la cabeza y soltó una carcajada.
Al oír su risa, la mujer levantó la cabeza y lo miró con ojos muy abiertos. Atónita y aparentemente avergonzada, a juzgar por el rubor que cubría sus mejillas, retiró el libro de su regazo y lo colocó en la mesa.
Logan no supo qué lo intrigaba más, si el libro rojo, las mejillas coloradas… o ella. Tenía unos ojos grandes y azules en los que se intuían la tristeza y profundos secretos, una piel de porcelana y la figura más hermosa que él había visto en su vida. Y ella no podía desviar la mirada.
Había pasado mucho tiempo desde que experimentara una reacción tan fuerte y visceral hacia una mujer. Tanto tiempo que decidió que valía la pena aventurarse un poco más.
Avanzó hasta el sofá y se sentó junto a ella, apoyando un brazo tras la cabeza de la mujer.
—Hola —la saludó, y se inclinó hacia ella. Una fragancia floral invadió sus sentidos y le provocó una erección instantánea. No tenía una reacción tan rápida desde que era un niño.
Ella inclinó la cabeza, rozándose el hombro con sus mechones rubios.
—Hola —respondió, batiendo las pestañas de un modo que denotaba falta de práctica y sensualidad al mismo tiempo. Añadido al sugerente acento sureño, el gesto disparó el deseo de Logan.
Bajó la mirada hasta sus manos, que descansaban sobre sus muslos. No llevaba anillo en ningún dedo, sólo una marca intrigante en el dedo anular de la mano izquierda. Todos los indicios hacían suponer que estaba soltera.
Uno a cero para él, pensó Logan.
—¿Qué hace una chica tan guapa como tú en un lugar como éste? —preguntó, escogiendo la vía de acercamiento más obvia que se le ocurrió.
Tal y como esperaba, ella puso los ojos en blanco y se echó a reír. Su risa tenía una ligera entonación de coquetería que a logan le encantó.
—¿Dama de honor o estás planeando tu boda? —siguió él al no recibir respuesta.
Ella dejó escapar un largo suspiro.
—Intento cancelar una.
—¿Una boda?
—La mía —respondió ella, apartando la mirada.
Aquello lo pilló desprevenido. Ahora se explicaba el atisbo de tristeza en sus ojos.
—Estoy seguro de que ha sido decisión tuya —le dijo. ¿Qué hombre en sus cabales dejaría a una mujer como aquélla?
—Creo que me tomaré eso como un cumplido —dijo ella.
—Lo es.
Ella lo miró entonces a los ojos, y por primera vez su sonrisa iluminó todo su rostro. No había ni rastro de dolor, tristeza ni debilidad. Tan sólo una mujer seductora.
Siguiendo un impulso, logan le tomó la mano y entrelazó los dedos con los suyos. La mujer abrió los labios en una mueca de sorpresa y batió las largas pestañas de sus ojos grandes y, si logan no se equivocaba, ansiosos. Recuperada del shock inicial, era obvio que le gustaba el tacto de su mano tanto como a él le gustaba el suyo.
Porque a logan verdaderamente le gustaba. La piel de la mujer era tan suave como su voz y tan cálida como el deseo que lo obligaba a permanecer junto a ella.
—¿Fue idea tuya o de él? De anular la boda, me refiero.
—Suya —respondió ella encogiéndose de hombros. Incluso aquel gesto cotidiano estaba impregnado de una delicadeza exquisita—. Pero nos ha hecho un favor a los dos. Aunque sea un mentiroso beep —masculló en voz baja.
—A mí me parece que estás mejor sin él.
—Dime algo que no sepa —replicó ella irónicamente, volviéndose hacia él—. ¿Y qué hace un hombre como tú en un sitio como éste? —una extraña sonrisa curvó sus labios—. ¿Eres el novio, el padrino o el ujier?
—El padrino.
Ella lo recorrió descaradamente con la mirada, desde la punta de los zapatos hasta lo alto de la cabeza.
—Eso sí que me lo creo.
—Creo que me lo tomaré como un cumplido.
Ella se echó a reír.
—Lo es. Y creo que deberías decirme lo que estás buscando —le dijo, bajando la mirada a sus manos entrelazadas.
Una vez más lo dejaba perplejo. Acostumbrado a llevar la iniciativa, Logan no supo cómo responder. Se sentía atraído por ella. La deseaba sexualmente. Ése había sido el comienzo. Pero ahora se daba cuenta de que esa mujer estaba herida y, aunque su reacción lo desconcertara, quería aliviarle su dolor y oír otra vez su risa. Quería volver a casa el domingo sabiendo que la había dejado con un recuerdo feliz.
Pero la única manera de describir su deseo era una aventura sin compromiso. Su cuerpo estaba dispuesto y preparado desde que la vio. El único problema radicaba en que el estado de esa mujer era muy vulnerable y él no quería causarle más dolor. La decisión tenía que ser de ella.
______ clavó la mirada en los ojos de aquel guapo desconocido de pelo negro y sintió que se derretía como el chocolate al sol. Su cara necesitaba un afeitado y sus ojos verdes ardían de deseo. Era exactamente el tipo de hombre con el que ella fantaseaba para ejercer su independencia.