sábado, 28 de abril de 2012

at dusk niley- capitulo 16


—Pero  para  ti  fue  importante.  —Nuestras  miradas  se  encontraron
apenas un instante—. También lo  fue para mí, pero no me había dado
cuenta de que... Bueno, creía que solo me había pasado a mí. 
¿Nick no se había dado cuenta de que a mí también me gustaba él?
Nunca en la vida conseguiría comprender a los hombres.
 —Pero si me acerqué a hablar contigo el primer día de clase...
—Sí, y justo antes de eso andabas paseando y charlando con Patrice 
Devereaux, que no puede ser más de aquí. Los de su clase y los de la
mía... Admitámoslo, no se mezclan. —Pareció disgustado unos segundos—.
Me dijiste que apenas hablabas con extraños, por eso pensé que debíais
de ser muy amigas.
—Es mi compañera de cuarto. Más me vale ser capaz de comunicarme
con ella si quiero ir tirando.
—Vale, me equivoqué. Lo siento.
Tuve la sensación de que no era del todo sincero conmigo, pero nick 
parecía  verdaderamente  arrepentido  de  haber  sacado  conclusiones
precipitadas  y  con  eso  me bastaba.  Mi  protector  no  había  dejado  de
preocuparse por mí, aunque yo no lo supiera, y esa certeza me hizo sentir
cálidamente reconfortada, como si  me hubieran echado un abrigo sobre
los hombros para resguardarme del frío.
El silencio se instaló entre nosotros, aunque no fue incómodo. A veces
encuentras gente con la que puedes estar callada sin tener la sensación
de que necesitas rellenar el silencio con charlas insustanciales. Solo me
había sentido así  de a gusto con un par de personas,  en mi pueblo, y
siempre había pensado que se necesitaban años para llegar a compartir
esa complicidad. Sin embargo, ya me ocurría con nick.
Recordé el  descaro de Courtney y decidí  que yo también podía ser,
como mínimo, la mitad de lanzada que ella. Aunque nunca se me había
dado bien entablar conversación, lo intenté:
—¿Te llevas bien con tu compañero de habitación?
—¿Con Vic?  —nick esbozó una ligera sonrisa—. No está mal, como 
compañero de habitación al menos. Un poco inconsciente. Un payaso. Pero
es un tío legal.
La palabra «payaso» me hizo pensar que sabía a quién se refería.
—Vic es el chico que lleva camisas hawaianas, ¿verdad?
—Ese mismo.
—No hemos hablado, pero parece simpático.
—Lo es. Igual podríamos salir un día todos juntos.
El corazón me dio un vuelco.
—No estaría  mal,  pero...  Preferiría  pasar  más  tiempo  contigo  —me 
lancé.

Nuestras miradas se encontraron y tuve la sensación de que habíamoscruzado algún tipo de línea. ¿Eso era bueno o era malo?
—Podríamos... Pero...  —¿Por qué vacilaba nick?— Miley, espero queseamos amigos. Me gustas, pero no es buena idea que pases demasiadotiempo  conmigo.  Ya  has  visto  que  no  soy  precisamente  el  chico  máspopular del campus. No estoy aquí para hacer amigos.
—¿Y estás para hacer enemigos? Por cómo os peleáis Erich y tú, a veceso parece.
—¿Preferirías que fuera amigo de Erich?
Erich era un imbécil de marca mayor y ambos lo sabíamos.
—No, claro que no. Solo es que a veces parece que, no sé, que vayas
buscando pelea. Es decir, ¿de verdad los odias tanto? No es que a mí megusten, pero es que a ti... Es como si ni siquiera pudieras soportar respirarel mismo aire.
—Confío en mi instinto.
No iba a discutírselo.
—Es mejor no tenerlos en contra si puedes evitarlo.
—miley, si tú y yo... Si nosotros...
Si  nosotros ¿qué? Imaginé miles de respuestas a esa pregunta y me
gustaron casi  todas.  Nuestras miradas se entrelazaron con tanta fuerzaque parecía imposible desprenderlas. Si la pasión de nick era arrolladoraincluso cuando no iba dirigida hacia mí, cuando yo era su objetivo —comen esos momentos, mientras estudiaba hasta el último centímetro de micara, sopesando sus palabras antes  de pronunciarlas  en voz alta— mecortaba la respiración.
—No podría soportar que te hicieran la vida imposible por mi culpa —
consiguió decir al fin nick—. Y habrían acabado haciéndolo.
¿Estaba  protegiéndome?  De  no  haber  sido  una  soberana  estupidez,habría resultado enternecedor.
—¿Sabes? No creo que tenga ninguna credibilidad social  que puedasechar por tierra.
—No estés tan segura.
—No seas tan tozudo.
Nos quedamos unos instantes en silencio.  La luz de la luna se colab
entre las  hojas  de la enredadera. Nick estaba lo  bastante  cerca parapoder reconocer su fragancia, algo que me recordó a cedro y pino, como elbosque que nos envolvía, como si de algún modo él formara parte de esoscuro lugar.
—Lo he enredado todo, ¿verdad? —nick parecía casi tan azorado comyo—. No estoy acostumbrado.
—¿A hablar con chicas? —pregunté, enarcando una ceja.

Con  el  aspecto  que  tenía  nick,  me  costaba  mucho  creerle.  Sin
embargo, no cabía duda de su sinceridad cuando asintió con la cabeza. El
brillo travieso había desaparecido de su mirada.
—He pasado muchos años yendo de aquí para allá, viajando de un lugar
a otro. Siempre que le cogía cariño a alguien, desaparecía de mi lado de
repente. Creo que he aprendido a mantener las distancias con la gente.
—Me hiciste sentir como una imbécil por haber confiado en ti.
—No te sientas así.  El problema es mío y no soportaría que también 
fuera tuyo.
Siempre había creído que el hecho de haber pasado toda mi vida en un 
pueblecito  había contribuido a no saber cómo comportarme delante de
extraños.  Sin  embargo,  después  de  oír  a  nick  comprendí  que  una
existencia  ambulante podía  tener  el  mismo efecto:  el  aislamiento  y la
introversión  que convertían  la  comunicación con los  demás  en lo  más
difícil del mundo.
Tal vez su rabia se pareciera a mi timidez. Era una señal que ambos nos
sintiéramos  tan solos,  y quizá no tuviéramos por  qué seguir  estándolo
demasiado tiempo.
—¿No estás cansado de esconderte? —pregunté, en voz baja—. Yo sí.
—Yo  no  me  escondo—repuso  nick,  pero  enseguida  se  quedó  en 
silencio, meditando—. Bueno, mierda.
—Podría equivocarme.
—No te equivocas. —nick siguió mirándome, y justo cuando empecé a 
pensar que no tendría que haber sido tan franca, añadió—: No debería
hacer esto.
—¿El qué?
Sentí que el corazón empezaba a latirme con fuerza. Nick sacudió la 
cabeza y sonrió. La mirada picara había regresado a sus ojos.
—Cuando la cosa se complique, no digas que no te avisé.
—Tal vez la complicada sea yo.
El comentario ensanchó su sonrisa.
—Ya veo que esto va a llevarnos un rato. —Me quedé atontada cuando 
me sonrió como lo hizo y deseé que el tiempo no pasara en el cenador. Sin
embargo, en ese momento nick ladeó la cabeza—. ¿Has oído eso?
—¿El qué? —Entonces lo oí: la puerta de entrada de la escuela se abría
y se cerraba repetidamente a lo lejos y hubo pasos en el camino principal
—. ¡Van a hacer una redada en la fiesta!
—No  me  gustaría  ser  Courtney  —dijo  Nick—.  Esto  nos  da  la
oportunidad de volver dentro.

Atravesamos el césped a la carrera, atentos a las voces que procedían
del lugar de la fiesta, e intercambiamos una amplia sonrisa al cruzar la
puerta principal sin que nos pillaran.
—Hasta pronto —me susurró Nick cuando me soltó el brazo y se dirigió
a su pasillo.
Esa palabra siguió resonando en mis oídos de camino a mi habitación y
a mi cama: pronto.



at dusk niley- capitulo 15


—Lo que significa que saldrá en el examen.
—Exacto.
Volvió a reír. Tenía un hoyuelo en la barbilla que le daba un aire travieso. 
Fijarme  en  lo  guapo  que  estaba  Balthazar  casi  me  hizo  sentir  que
traicionaba a Nick, pero es que saltaba a la vista. Después del modo en
que Nick me había ignorado durante toda la semana, no estaba segura
de seguir debiéndole lealtad. Además, no estaba nada mal que un chico
guapísimo se interesara por una.
Balthazar se acercó un poco más.
—Veo que no voy a arrepentirme de habernos conocido.
Le devolví la sonrisa y durante tres segundos, ni uno más ni uno menos, 
tuve la sensación de que la fiesta iba a estar bien... Hasta que Courtney
hizo acto de presencia. Llevaba una falda negra muy, muy corta y una
camisa blanca abierta casi hasta el ombligo. No tenía muchas curvas, pero
o  compensaba  pasando  del  sostén,  algo  bastante  obvio  en  esos
momentos.
—Balthazar, me alegro de que tengamos la oportunidad de ponernos al
día.
—Ya estamos al día.
Balthazar  parecía  aún  menos  entusiasmado  que  yo  de  verla;  sin 
embargo, Courtney no pareció darse cuenta o al menos eso fingió.
—Parece que hayan pasado siglos desde que salíamos juntos. Bueno, ha 
pasado demasiado tiempo. La última vez que nos vimos fue en Londres,
¿no?
—San Petersburgo —la corrigió.
Balthazar dijo el nombre de la ciudad como quien no quiere la cosa. Por 
o visto era lo bastante audaz y experimentado para cruzar el océano sin
pensárselo dos veces.
Courtney  deslizó  las  manos  con  suavidad  sobre  la  chaqueta  de
Balthazar, perfilando su poderoso físico con el movimiento de los dedos.
La envidié. No por su aspecto de estrella, ni por sus viajes continentales,
sino por su descaro. Si en el bosque hubiera sido la mitad de lanzada con
nick, si lo hubiera tocado o utilizado el comentario sobre la «niña buena»
para  tontear  con él,  tal  vez  no se comportaría  como si  fuéramos dos
extraños. La voz de Courtney se abrió paso entre mis fantasías.
—No estás haciendo nada, ¿no, Balthazar?
—Estoy hablando con miley.
Courtney se volvió para mirarme. El largo cabello rubio, que suelto le 
llegaba a la cintura, se onduló al ladear la cabeza.
—¿Tienes algo interesante que compartir, miley?
—Yo... —¿Qué se suponía que debía decir? Aunque cualquier cosa habría 
sido mejor que lo que dije—: Pues no.





—Entonces no te importará que me lo lleve un rato, ¿verdad?
Empezó a tirar de él sin esperar una respuesta. Balthazar me miró con 
intención  y  comprendí  que  si  yo  decía  algo,  aunque  fuera  una  sola
palabra, él se detendría. Sin embargo, me quedé allí  plantada como un
pasmarote viendo cómo se iban.
Un par de personas ahogaron una risita. Miré a un lado y vi a Erich, y a
pesar  de las  sombras  vacilantes  que proyectaba la luz  de la  hoguera,
pondría la mano en el fuego que estaba señalándome.
Me aparté  de  allí  con  la  intención  de  desaparecer  del  mapa hasta
encontrar  a  Patrice  o  a  alguien  que  pudiera  considerar  mínimamente
cordial. Sin embargo, cada paso que me alejaba de los demás me hacía
sentir mejor y, antes de darme cuenta, ya me había ido de la fiesta.
Si  no  me  hubiera  escabullido  después  del  toque  de  queda,  habría
corrido hasta la puerta y habría subido al dormitorio, pero me detuve a
tiempo al recordar que en esos momentos estaba fuera de la ley. Así que
me  dirigí  al  cenador,  al  oeste  de  los  terrenos  del  internado,  para
tranquilizarme y planear la entrada.
Estaba subiendo los escalones cuando vi a alguien, aunque al principio
no reconocí quién era. Fuera quien fuese, tenía unos binoculares colocados
delante  de  la  cara.  Lo  identifiqué  cuando  la  luna  iluminó  su  cabello
cobrizo.
—¿nick?
—Eh,  hola,  miley.  —Todavía  tardó  unos  segundos  en  apartar  los 
binoculares y sonreírme—. Bonita noche para una fiesta.
Me quedé mirando los prismáticos.
—¿Qué haces?
—¿Tú qué crees? Estoy espiando a los de la fiesta —me espetó casi con 
la misma brusquedad que en el pasillo, hasta que me miró a la cara. Debí
de parecerle muy desolada, porque me preguntó con mayor suavidad—:
¿Estás bien?
—Sí, no pasa nada. Soy una pringada, pero estoy bien.
 nick se echó a reír.
—Ya he visto  que te  ha faltado  tiempo para  irte.  ¿Te ha molestado 
alguien?
—No, la verdad es que no, pero es que estaba un poco... agobiada. Ya 
sabes lo que me pasa con los extraños.
—Pues has hecho bien, no pegas con ellos.
—No me digas. —Me quedé mirando los prismáticos. Solo alguien con 
una  visión  nocturna  excelente  podía  utilizarlos  para  ver  algo,  aunque
supuse  que  la  luz  de  la  hoguera  ayudaría  un  poco—.  ¿Por  qué  estás
vigilando la fiesta?

—Estoy controlando que nadie se emborrache, se ponga tontorrón o le
dé por ir a pasear al bosque.
—¿Es que ahora eres el monitor de pasillo de la señora Bethany o qué?
—Ni de coña. —nick bajó los prismáticos. Iba vestido para confundirse 
con las sombras: pantalones negros y una camiseta de manga larga que
hacía  resaltar  sus  brazos  y  su  pecho  musculosos.  Era  más  delgado  y
estaba más fibrado que Balthazar, pero también era más bajo. Había algo
casi agresivamente masculino en él—. Me preguntaba qué narices hacían
esos tíos cuando no están metiéndose con los demás, pavoneándose o
haciéndole la pelota a alguien. —Me lanzó una mirada curiosa—. Parece
que te gustan.
—¡¿Qué?!
Se encogió de hombros.
—Siempre andas con esa gente.
—¡Eso es mentira! Patrice es mi compañera de habitación, por eso paso 
tiempo con ella,  y sus amigos vienen a visitarla  cada dos por  tres,  no
puedo ignorarlos. Es decir, hay un par que se salvan, pero a los demás les
tengo pavor.
—No se salva ni uno, créeme.
Se me ocurrió que podría romper una lanza a favor de Balthazar, pero 
en esos momentos no me apetecía hablar de él. También me di cuenta de
que nick me había hecho poner a la defensiva y de que no tenía derecho
a hacerlo.
—Un momento, ¿por eso te has mostrado tan frío conmigo? ¿Por qué te
comportas como si no nos conociéramos?
—No quería quedarme a ver cómo caías en las garras de esa gente, una
chica tan dulce como tú. Sobre todo sin poder hacer nada al respecto. —
Me sorprendió el sentimiento con que lo dijo. Todavía nos separaban unos
cuantos metros, pero nunca había tenido la sensación de estar tan cerca
de alguien—. Cuando te vi salir corriendo, comprendí que no todo estaba
perdido.
—Créeme,  no  formo  parte  de  ese  grupo  —insistí—.  Creo  que  me
invitaron a la fiesta  solo para reírse de mí. Únicamente he ido porque,
bueno, porque digo yo que tarde o temprano tendré que conocer gente. Tú
eras el único amigo que tenía y creía que te había perdido.
nick  unió las  manos alrededor de uno de los  adornos en forma de
volutas del cenador y yo hice otro tanto, de modo que quedamos el uno al
lado del otro. Nos enroscábamos con las volutas, como la enredadera.
—He herido tus sentimientos, ¿verdad?
—Más o menos —admití con un hilo de voz—. Es decir... Ya sé que solo 
hemos hablado una vez...




sex and more niley -cap -31


Desearía ser el viento, y pasar desapercibido por sus muslos, rosar sus labios, y acariciar sus delicados hombros, terminando con un dulce beso encantador. Es hermosa, esa mujer es hermosa, piensa Nick, y enseguida la alcanza. Les falta poco para llegar a los manzanos, así que Nick, oprime las botas sobre el caballo, y este corre más.  De pronto, miley ve como Nick la rebasa, feliz y despreocupado. Ahora, ella es la que se encuentra completamente excitada. Y un montón de imágenes pornográficas se le pasan por la mente casi formando una película al pensar en Nick en la cama… si así monta…
-      ¡Gane!--grita Nick desde lejos.
Ella, distraída, detiene el paso y sigue montando hasta los manzanos. Nick se  baja de su caballo y lo enlaza a algún árbol cerca, mientras espera a miley llegar. Unos segundos después, llega ella.
-      Te gane, muñeca--dice mientras miley detiene su yegua a un lado de la de Nick
-      Suerte de novato.
Nick ríe y se acerca a miley para ayudarle a bajar, la toma de la cintura, y la carga hasta dejarla a su altura.
-      Ya sé que quiero de premio…--Dice coqueto mirando los labios de miley.
-      Nick, no dejare que…
Y Nick, atrapa las palabras de miley en un beso. Las guarda para él y la besa con ternura, prueba sus labios como si estuviese hablando de un exquisito manjar. Y eso era para él. Ella aferra sus piernas a las caderas de Nick, para sostenerse con mayor precisión y él la toma de la cintura. Se siguen besando, ella acaricia sus rulos, y él sus piernas. Nick entromete su lengua en la boca de ella, probando su dulzura y haciendo del beso más excitante, sus labios juegan un sensual beso de pasión.
-      Así me gusta ganar--susurra a centímetros.
miley sonríe y se zafa de los brazos de Nick, cayendo al suelo. Enseguida, enlaza a Nubia, junto a Zar.
-      Regresemos--dice Nick.
-      No, tienes algo que decirme.
-      ¿no se te olvida, verdad?
Ella niega sonriente. Nick toma una bocanada de aire, tarde o temprano, la verdad tenía que salir al aire.
-      ¿quieres caminar?--pregunta un poco tímido.
-      Por supuesto.


Ellos caminaban juntos, sobre aquel frondoso valle de manzanos. Nick no decía aun nada, así que ella decidió tomar la iniciativa.
-      ¿Nick?
-      Dime--dice un poco sobresaltado. Su reacción, hiso que miley entrecerrara un poco la mirada, pues le indicaba que Nick ni siquiera se había molestado en pensar cómo abordar el tema, estaba perdido. O tal vez, solo pensaba.
-      Me gustaría saber lo que pasó ¿Por qué estas condenado?
Nick tomo un respiro. Jamás se había abierto así a alguien, ni siquiera había mencionado la maldición, pues Hera casi lo tenía amenazado.
-      ¿Nick? ¿Nick?
-      Lo siento, perdóname.
-      ¿me estas poniendo atención? ¿Nick?
-      Si, miley... si te estoy poniendo atención--dice arrogante.
-      Pues no parece--dice mientras se detiene.
Nick sigue caminando, pero al ver que ella no lo sigue, regresa.
-      ¿Qué pasa?
-      Pues, prometiste contarme.
-      Y lo hare.
Ella lo mira  ingenua.
-      Enserio, pero caminemos.

miley suelta un suspiro y lo acompaña en su caminar. Mas Nick, vuelve a guardar silencio. Ella lo mira, esperando a que él diga algo.
-      Yo estaba enamorado.
Ella entrecierra un poco la mirada, al escuchar la declaración de Nick.
-      Enamorado de Hebe, una diosa hermosa, bellísima…la amaba con toda mi vida--miley siente una punzada de celos al escucharlo hablar así de aquella extraña mujer--la diosa de la juventud, mi amante, mi prometida, la hija de Hera.
-      ¿La hija de Hera?
Nick Asiente.
-      Si. Hera siempre fue muy celosa y vengativa contra las amantes y la descendencia de Zeus, pero sobre todo con sus hijos.
-      ¿Y estaba celosa de que Hebe estuviera contigo?--pregunta sin entender.
-      Algo así. Siempre quiso controlar los sentimientos de sus hijos, casarlos con lo que ella desease… muchas veces perturbo las mentes de sus hijas, pero con Hebe fue imposible.
-      Que horrible.
-      Si, entonces Hera quería separarme de Hebe. Me odiaba, como al mismo Heracles. O peor.
-      ¿Por qué? ¿Hiciste algo malo?
-      Nada. Cuando los dioses griegos se pelean, unos entre otros, el odio pasa hasta más de un millar de generaciones. Es tanto el odio que se tienen entre ellos, que es imposible dejarlo por la paz.
-      ¿Cómo? ¿Entonces el problema estuvo antes?

viernes, 27 de abril de 2012

Almost lover-capitulo-13 Final


—Le pedí que me diera algo de tiempo para pensarlo, y él accedió. Se marcó en viaje de negocios, y yo pensé que una visita a una empresa organizadora de bodas podría ayudarme a tomar una decisión —omitió la parte sobre la angustia que había experimentado nada más entrar en Divine Events—. Pero en vez de eso me encontré con un libro erótico titulado Sexcapadas, y arranqué una de sus páginas.
Finalmente se atrevió a mirarlo, y quiso llorar de alivio cuando no vio el menor atisbo de censura o crítica en su expresión. nick esperaba pacientemente a que continuara.
—Cuando leí la fantasía, lo primero que pensé fue que jamás podría interpretar un baile tan íntimo para Brent —dijo, dejando que nick sacara sus propias conclusiones—. Así que te pedí ayuda para que me enseñaras cómo excitar y complacer a un hombre, lo que les gusta y…
—… lo que los vuelve locos de deseo —concluyó él con una sonrisa irónica.
—Sí, eso también —murmuró ella.
nick se levantó y cruzó la cocina para dejar la taza en el fregadero.
—miley, nunca pongas en duda que eres una mujer muy atractiva y sensual.
«Quizá si estuviéramos juntos y tú sacaras lo mejor de mí», pensó ella, pero se guardó el comentario para sí misma.
nick se puso delante de ella y le acarició la mejilla con los nudillos, incapaz de resistir la tentación de tocarla. Se sentía desgarrado por dentro. Quería llevarse a miley a la cama y mantenerla allí para siempre, pero sabía que no tenía derecho a hacerlo.
—Dime una cosa —murmuró, bajando con la mano por la solapa de la bata hasta donde ésta se cruzaba sobre los pechos. Tuvo que reprimirse para no desnudarla allí mismo y hacerle el amor sobre la encimera de la cocina—. Después de este fin de semana, ¿tienes la seguridad en ti misma para interpretar la danza de los siete velos?
—Sí —susurró ella—. Sí, la tengo. Tú me has dado esa seguridad, y te agradezco todo lo que me has enseñado este fin de semana, especialmente a creer en mí misma y aceptar mi sensualidad innata.
Y ahora iba a mandarla de vuelta a Brent, armada con todas las tácticas de seducción que él le había enseñado. nick quería gritar de frustración por lo injusto que era todo. Pero él había tenido lo que había acordado, y ella había obtenido lo que había pedido. Santo Dios, ¿cuándo se había torcido todo?
—Tengo que irme —dijo bruscamente. Sentía un nudo en el pecho y la imperiosa necesidad de respirar aire puro. Tenía que salir de allí.
Se giró para marcharse, pero sólo llegó hasta el salón antes de que miley corriera tras él. Lo agarró del brazo y lo obligó a detenerse. Él vio la expresión esperanzada de sus ojos y el corazón le dio un vuelco.
—nick… —la voz se le quebró, pero la inseguridad de su tono era inconfundible, como si temiera expresar lo que pensaba.
—¿Sí? —la apremió él, con una voz tan grave y áspera como nunca le había salido.
—Yo…
nick esperó con la respiración contenida, y con una parte de él rezando por lo imposible.
—Gracias —dijo ella finalmente, con lo que pareció una sonrisa forzada—. Por todo.
—De nada… por todo —respondió él, y la besó por última vez en la sien antes de dirigirse hacia la puerta.
nick le dio otra vuelta forzada a la llave inglesa, haciendo que ésta se soltara del tornillo y que los nudillos se le desollaran al rozarse contra el borde del colector.
—Maldita sea —masculló, y arrojó la herramienta al banco. Se miró la mano y puso una mueca al ver cómo le sangraban los nudillos. Fue hacia el botiquín que había en la pared del fregadero y sacó lo necesario para desinfectar el corte.
Tras haberse marchado de casa de miley, varias horas antes, había ido directamente al taller para seguir trabajando en su Camaro. Normalmente, la reparación de los coches lo ayudaba a calmarse cuando estaba nervioso, pero nada podría aliviar el desasosiego que lo invadía.
No importaba lo que hiciera; no podía dejar de pensar en miley. No podía dejar de pensar en que iba a volver con Brent, en que iba a aceptar su proposición y en que iba a hacer un striptease para él, un refinado ejecutivo que no parecía apreciar a miley como la mujer que era. Y, sobre todo, no podía dejar de reprenderse a sí mismo por haber sido un idiot*a y haberse marchado de su casa. La había dejado por culpa de la promesa que le había hecho antes del fin de semana, y porque creía que era lo correcto.
Pero ya no estaba tan seguro.
Tomó el pequeño bote de antiséptico y apretó la mandíbula mientras se frotaba la herida, preguntándose cuándo se había vuelto tan cobarde. Estaba tan obsesionado con la idea de que miley se merecía algo mejor que un mecánico cubierto de grasa, que no podía obviar la posibilidad de que tal vez, sólo tal vez, ella lo aceptara como… Pero no había hecho nada, absolutamente nada, para que se decidiera a correr el riesgo con él.
Pasó la vista por el garaje, contemplando todo lo que había conseguido a lo largo de los años, y se dio cuenta de que era él quien tenía un problema con los complejos. Y eso significaba que iba a tener que dar un paso de gigante y superar los traumas que lo habían acosado desde la infancia. Tal vez no fuera un elegante ejecutivo, pero tenía su propio negocio y un estilo de vida más que desahogado. Ya era hora de que tuviera más fe en sí mismo. Si iba a haber un hombre en la vida de miley, ése iba a ser él.
Porque de ningún modo podía ser Brent.
Se cubrió los nudillos con una tirita, preparándose mentalmente para luchar por miley y mandando al infierno las consecuencias que tuviera que sufrir con sus padres y su hermano. Ya se ocuparía de ellos más tarde. Los convencería de que él jamás le haría daño a miley, de que le era demasiado preciosa y que haría lo que estuviera en su mano para hacerla feliz.
Pero antes tenía que impedir que cometiera el mayor error de su vida. Y mientras cerraba la puerta del taller, rezó porque no fuera demasiado tarde.
Había acabado con Brent, y miley se sentía más aliviada de lo que nunca hubiera creído posible. También estaba muy agradecida de que Brent se hubiera tomado tan bien la ruptura, aunque su apática reacción corroboraba la sospecha de que no había invertido mucho en la relación, ni emocional ni físicamente.
Sí, se había llevado una decepción, pero le había deseado todo lo mejor y había parecido sincero. El encuentro había sido inquietante, porque ella había visto con toda claridad que no habría sido más que una esposa de conveniencia para él. Acabar la relación era lo mejor que podía hacer, sin duda.
Y tenía que agradecérselo a nick. Porque él la había hecho darse cuenta de que no podía conformarse con menos de lo que merecía. Ahora, mientras se miraba al espejo del tocador, en ropa interior y pañuelos diáfanos de colores, era un manojo de nervios. Estaba mucho más nerviosa que al romper el compromiso con Brent. Se le había hecho un nudo en el estómago y el corazón le latía desbocado. Y todo porque se había propuesto seducir a nick para que volviera a su vida de forma permanente. Él era quien le había enseñado hasta donde podía llegar el poder y la sensualidad de una mujer, y no había mejor manera de devolverle el favor que demostrarle la alumna tan aventajada que había sido… interpretando la danza de los siete velos sólo para sus ojos.
Aquella noche, no sólo le entregaría su cuerpo, sino también su corazón y su alma.
Unos golpes en la puerta la sobresaltaron, ya que no esperaba a nadie. Sacó rápidamente una gabardina del armario y se anudó el cinturón. Al escudriñar por la mirilla vio a nick esperando al otro lado de la puerta.
Sorprendida por la inesperada visita, abrió y se encontró con su fiera expresión. Tenía el pelo alborotado, como si hubiera estado agitándoselo con las manos, y su cuerpo irradiaba una intensa energía varonil.
—nick —lo saludó con voz débil e insegura—. Estaba a punto de ir a verte.
—Bien, en ese caso te he ahorrado el viaje —replicó él, y entró sin esperar a ser invitado, aunque nunca le hubiera hecho falta invitación para entrar en la vida de miley.
—Sí, me lo has ahorrado —dijo ella. Cerró la puerta y se apoyó contra la hoja de madera, intentando imaginarse por qué había vuelto nick. Ninguna respuesta parecía tener sentido, de modo que se lo preguntó directamente—. ¿Qué haces aquí?
Él apoyó las manos en las caderas, adoptando una postura inflexible.
—No puedes casarte con Brent.
Aquello era lo último que miley esperaba oír, pero el tono posesivo de su orden la dejó aturdida y con el pulso acelerado. Sin embargo, antes de sacar a nick de su error, necesitaba oír qué razones tenía para exigirle algo semejante.
—¿Por qué no?
—Porque desde que puedo recordar no he dejado de desearte, y después de este fin de semana no puedo permitir que te cases con otro hombre, y menos con uno que no te valora como mereces.
A Miley se le hizo un nudo en la garganta que le impidió hablar. Pero él parecía tener mucho que decir, así que permaneció inmóvil contra la puerta y se limitó a escuchar.
—He huido de cualquier compromiso emocional desde que era un crío, en primer lugar por el abandono de mi padre, y luego por el rechazo de mi madre. No creía que tuviera lo que hacía falta para entregarme a una persona. Era mucho más fácil permanecer soltero y solo que permitir que nadie se acercara —dio un paso hacia ella, impregnando el aire con su embriagador olor a naranja—. Pero tú siempre has estado ahí —murmuró suavemente—, incluso cuando no me daba cuenta de lo mucho que te necesitaba en mi vida.
miley sintió que se derretía al oír aquellas palabras.
—Para eso están los amigos.
—Sí, eres mi amiga, pero siempre me has atraído, miley, y durante años he estado luchando contra el deseo que sentía por ti.
Ella lo miró con ojos muy abiertos.
—¿En serio?
—Más de lo que puedas imaginar —apoyó un brazo en la puerta y agachó la cabeza para rozarle el cuello con los labios, haciéndola estremecerse por el delicado e íntimo contacto—. Tú comprendes quién soy y de dónde vengo y aceptas la persona en que me he convertido… y lo hiciste incluso antes que yo. A cambio quiero aprender a dar, a ser la clase de hombre que quieres en tu vida. Sólo te pido una oportunidad.
—La oportunidad es tuya, nick —dijo ella, y le tomó el rostro en las manos para mirarlo directamente a los ojos—. Yo soy tuya.
Él presionó la frente contra la suya.
—Entonces dile a Brent que no te casarás con él —le pidió con voz desesperada.
Ella sonrió y lo besó en los labios.
—Ya se lo he dicho. Tenía dudas antes de pasar este fin de semana contigo, pero ahora sé que nunca podría casarme con Brent.
nick se estremeció de alivio.
—Gracias a Dios —murmuró, pero enseguida volvieron a asaltarlo otras dudas—. Tu familia siempre se ha portado muy bien conmigo, y no quiero decepcionarlos por esto.
—Oh, nick… es imposible que los decepciones. Ellos te quieren tanto como yo, y ya formas parte de la familia.
Él se retiró y le tomó la barbilla en los dedos, clavándole su intensa mirada.
—¿Tú me quieres?
Ella asintió con vehemencia, sintiendo cómo se le henchía el corazón.
—Siempre te he querido.
—Y yo a ti —respondió él con una radiante sonrisa, y le tiró del cinturón del abrigo, aflojándoselo—. Creo que hemos perdido demasiado tiempo siendo amigos, ¿no te parece?
Un deseo ardiente recorrió las venas de miley.
—No puedo estar más de acuerdo contigo —dijo, y sintió cómo el aire fresco le acariciaba la piel desnuda cuando nick le abrió el abrigo.
Él se quedó boquiabierto al ver su atuendo.
—Por Dios, miley, ¿adonde ibas vestida así?
—A verte. A bailar y desnudarme para ti. A ser tu fantasía. A provocarte y seducirte con todo lo que me has enseñado este fin de semana —lo agarró de la mano y lo llevó al salón, donde lo hizo sentarse en la butaca. Luego, atenuó las luces y encendió el equipo de música, que aún contenía el CD de Enya—. Pero ya que has venido tú a mí, tendré que improvisar.
La música suave y armoniosa llenó la habitación y miley dejó que el ritmo la imbuyera de sensualidad y estimulara la seguridad que nick le había infundido. Y entonces empezó a moverse lentamente, girando con exquisita elegancia, asimilando la evocadora cadencia de las notas.
Mientras se perdía en la música y en los ojos ardientes de nick, se quitó uno de los pañuelos de seda que se había prendido al sujetador de encaje y lo ondeó vaporosamente sobre sus curvas, sobre el vientre y los muslos antes de dejarlo caer al suelo. Entonces volvió a iniciar el proceso, sin dejar de moverse en círculos provocadores, creando un aura de sexualidad con cada pañuelo que se quitaba.
Se quitó también la ropa interior, y sonrió cuando él se despojó de la camisa y los vaqueros para quedarse tan desnudo como ella. Su deseo masculino era perfectamente visible, y miley fue hacia él sin dudarlo. Se sentó a horcadas sobre sus caderas y hundió el sexo erguido en su interior. Los dos gimieron a la vez, dejando que el placer los barriera poco a poco. Unos maravillosos minutos más tarde, miley se desplomó sobre su pecho y apoyó la mejilla contra su hombro, exhausta y feliz, deleitándose con los latidos acompasados de sus corazones.
—Ha sido estupendo —murmuró nick mientras le acariciaba la espalda—.Veo que te he enseñado muy bien.
Ella se echó a reír.
—Desde luego que sí.
Él deslizó los dedos entre los cabellos de su nuca y le hizo apartar la cabeza para mirarla a los ojos.
—¿Qué pasa? —preguntó ella al ver su expresión seria y escrutadora.
nick exhaló un profundo suspiro.
—Creo que como amigos ya sabemos todo lo que podríamos saber el uno del otro, ¿no crees?
—Seguro que nos encontramos con muchas sorpresas por el camino —dijo ella con una sonrisa—. Y me encantan las sorpresas.
—A mí también —afirmó él, y entonces le dio la mayor sorpresa de todas—. Cásate conmigo, miley. Te quiero, y te juro que haré todo lo que esté en mi mano para hacerte feliz. Quiero tener hijos contigo, quiero formar mi propia familia, quiero…
Ella le cubrió la boca con la mano para poder responderle.
—Sí, nick—dijo, maravillada del cambio que había dado su futuro gracias a la fantasía erótica de un libro—. Sí, me casaré contigo.
Y cuando él volvió a besarla con pasión, miley supo que las lecciones no habían acabado. Tan sólo habían empezado. Estaba segura de que les llevaría una vida entera enseñarse mutuamente todo el placer que tenían para dar… en la cama, en la vida y en el amor. Y ella estaba más que dispuesta a vivir esa aventura.


Fin
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ESPERO que les haya gustado la nove el final dedicado a una personita que en poco tiempo hahaha ya hasta conoce mi casa haha te Quiero amix ceci dedicado a ti 
y Gracias  A todas en su apoyo con esta nove las adoro

Almost lover-capitulo-12


La emoción de lo prohibido era irresistible, y lo miró por encima del hombro para hacerle saber que confiaba en él, que le entregaba su cuerpo, su corazón y su alma.


Con un rugido casi animal, nick la agarró por la cintura y la penetró de una sola embestida, haciendo que miley echara la cabeza hacia atrás con un fuerte gemido. Y entonces comenzó una delirante escalada de placer, fricción y calor, en la que él empujaba cada vez más fuerte y rápido y ella giraba sinuosamente las caderas, apretándose contra él por instinto y siguiendo el ritmo frenético de sus acometidas.
Él se inclinó sobre ella, cubriéndola por detrás, y le hincó los dientes en el cuello para añadir un dolor exquisito a la espiral de sensaciones eróticas que se arremolinaba en su interior. Los movimientos se hicieron más rápidos y apremiantes. nick llevó las manos hasta sus pechos, amasándolos y deslizando los pezones entre los dedos, y luego bajó hasta su vientre y más abajo, donde sus cuerpos se unían.
Una embestida más, una caricia más, y el orgasmo golpeó de lleno a miley, haciéndola contraerse alrededor del miembro de nick. Las convulsiones y el prolongado gemido que le cortó la respiración barrieron los restos de resistencia de nick, cuyo cuerpo se puso rígido por unos segundos y luego se estremeció violentamente al sucumbir a su propio orgasmo.
Se derrumbó sobre ella, exhausto y tembloroso. Sin sacar su sexo, le acarició el cuello con los labios y la besó en la mejilla.
—No puedo creer que te haya tomado como un animal.
Ella lo miró por encima del hombro y vio su expresión de arrepentimiento. Intuyó que estaba a punto de suplicarle su perdón, por lo que se apresuró a negarle la oportunidad.
—No te atrevas a disculparte por el mejor sexo que he tenido en mi vida —le dijo con toda la firmeza que pudo.
nick se echó a reír, agradecido de que miley se abriera a la improvisación sexual.
—De acuerdo. No pediré disculpas, porque para mí también ha sido la mejor experiencia que puedo recordar.
Eso quería decir mucho de la mujer que estaba con él. Había tenido buenas experiencias con anterioridad, pero nunca había perdido el control como le había pasado con miley. Y aunque acababa de tener un orgasmo, no estaba ni mucho menos saciado. Temí a que le haría falta toda una vida para saciarse de ella.
Por desgracia, sólo le quedaba aquella noche para satisfacer todo el deseo que sentía por miley. Y no quería desaprovechar ni un minuto.
A pesar de que miley le asegurara que no le importaba ver su lado más agresivo en lo referente al sexo, él no quería dejarla con una impresión tan basta de sí mismo.
—Al menos permíteme que te haga el amor en una cama, en vez de estar arrodillado en el suelo de tu salón.
Ella suspiró y le dedicó una sonrisa tan íntima como un beso.
—Ésa es una oferta que no puedo rechazar. Las rodillas están empezando a escocerme.
Minutos más tarde, después de que miley hubiera apagado todas las velas y él hubiera hecho una rápida visita al cuarto de baño, se encontraron en el dormitorio. Ella lo esperaba en la cama, desnuda y con el pelo alborotado. Con un brillo sensual en los ojos, se acarició el vientre con la punta de los dedos y subió hasta los pechos, excitándose a sí misma con suaves caricias.
Fascinado, nick se acercó a los pies de la cama. La lámpara de la mesilla le permitía contemplar cada curva, cada línea, cada ondulación de su cuerpo. Y sólo de mirarla los músculos se le tensaron dolorosamente, desde el pecho hacia abajo.
—Pareces muy contento de verme —dijo ella, bajando la mirada hasta su erección, que casi transcurría paralela a su estómago.
—Eres preciosa —murmuró él, grabando aquel momento en su mente para las largas y solitarias noches venideras.
—Y tú también —respondió ella con el mismo tono reverencial.
nick había llevado consigo el resto de preservativos que guardaba en el bolsillo de sus vaqueros, y los arrojó todos menos uno sobre la almohada, junto a miley, sabiendo que los habría usado todos antes de que acabara la noche.
Se enfundó el miembro y se subió a la cama. Empezando por los tobillos de miley, fue subiendo centímetro a centímetro, usando la boca y las manos para aumentar lentamente la excitación. Le separó las piernas y le acarició el interior del muslo con los labios y el aliento, y la lamió suavemente antes de seguir avanzando. Deslizó las palmas sobre las caderas mientras la besaba en el vientre, antes de rendir pleitesía a los pechos y sorber de sus abultados pezones. Y al ver cómo se retorcía supo que estaba preparada para recibirlo.
Se colocó sobre ella, posicionándose entre sus muslos, y gimió cuando ella le rodeó la cintura con las piernas y tiró de él. Una sola embestida lo separaba de introducirse en la fuente de su pasión. La deseaba desesperadamente, mucho más que la necesidad física, y la intensidad de aquel deseo hizo que por primera vez en su vida su alma se viera desnuda ante la realidad.
La amaba.
Colocó los brazos a ambos lados de su cabeza y la miró fijamente a los ojos. El corazón le latía desbocado mientras asimilaba aquella certeza. De todo lo que le había enseñado a miley, aquella unión sería la más profunda, y quería que ella también lo supiera.
—Así es como tiene que ser entre un hombre y una mujer —murmuró. Mágico. Sublime. Emotivo.
Muy lentamente, se introdujo en su calor femenino y ella se aferró a él, entregándose por completo.
—Oh, nick —susurró, y él creyó ver cómo las lágrimas afluían a sus ojos, antes de que ella fundiera su boca con la suya en un beso febril.
En esa ocasión, nick le hizo el amor con calma y ternura, incrementando poco a poco el placer. Ella llegó antes al orgasmo, y sólo entonces él se permitió perderse en el éxtasis más absoluto, arrobado por la incomparable emoción de ser una parte intrínseca de miley.

Miley supo nada más despertar a la mañana siguiente que de ninguna manera podría aceptar la proposición de Brent. No cuando había pasado la noche más gloriosa de su vida con otro hombre. nick le había enseñado lo que era la verdadera pasión entre un hombre y una mujer, y la había hecho sentirse como una mujer deseable e irresistible. Sólo de pensar en cómo le había hecho el amor la noche anterior, y otra vez aquella mañana, un intenso hormigueo le recorría el cuerpo con renovado calor.
Se giró en la cama y descubrió que estaba sola, pero los ruidos que procedían de la cocina y el olor a café recién hecho le confirmaron que nick seguía allí. La consoló saber que no se había marchado, aunque temía enfrentarse a él aquella mañana sabiendo que la aventura había terminado.
Igual que había terminado su relación con Brent. En cuanto su novio formal volviera de su viaje de negocios por la tarde, no sólo le diría que no podía casarse con él, sino que también le explicaría que su relación carecía de lo más importante para mantener un matrimonio. Y no sólo se refería al sexo, sino al vínculo emocional que faltaba entre ellos… esa conexión íntima que había experimentado con nick la noche anterior, cuando él se hundió profundamente en su interior y cuando la abrazó mientras ella dormía.
Quería a Brent, y ahora podía ver que le había hecho un gran favor al no mantener relaciones sexuales con ella. Si se hubieran acostado juntos, nunca habría acudido a nick y nunca habría vivido aquella inolvidable experiencia. Y, seguramente, habría aceptado casarse con Brent por las razones equivocadas, ya que él le ofrecía todo lo que ella quería de la vida.
Sí, quería casarse y formar una familia. Sus sueños no habían cambiado. Pero como persona había evolucionado gracias a la confianza que nick demostraba tener en ella, y le gustaba la mujer sensual y segura de sí misma en que se había transformado. Una mujer que no estaba dispuesta a conformarse con lo que no fuera un amor incondicional y una pasión mutua, que era precisamente lo que sentía por nick.
Aquella certeza hizo que el corazón se le encogiera de dolor, porque nick era el único hombre con el que desearía pasar el resto de su vida y al que nunca podría tener. Le había dado lo que ella le había pedido… lecciones para excitar a un hombre y dos noches de pasión increíble. No le había prometido nada que trascendiera de aquel fin de semana, y ella había sabido desde el principio que nick no tenía el menor interés en una relación duradera, por lo que no sería ella quien rompiera las reglas establecidas y lo presionara para aceptar algo más de lo que habían acordado. Su amistad era demasiado importante para arriesgarse, y tendría que conseguir que el paso de ser amantes a volver a ser amigos fuera lo más fácil posible para ambos.
Con un suspiro melancólico, se apretó la almohada contra el pecho y hundió la cara en la suave textura para inhalar el olor masculino de nick. Cerró los ojos e intentó sofocar la tristeza que amenazaba con salir a la superficie. Tenía que reunir las fuerzas necesarias para enfrentarse a nick y no delatar sus sentimientos hacia él.
Oh, Señor, nunca había imaginado que su plan original pudiera dejarla tan afligida, desolada y sintiéndose más sola que en toda su vida.
Pero no podría posponer el encuentro para siempre, así que se levantó de la cama, se puso su bata favorita, se cepilló los dientes e intentó arreglarse un poco el pelo. Al entrar en la cocina se encontró a nick sentado junto a la mesa, tomando una taza de café mientras examinaba con el ceño fruncido un trozo de papel que tenía en la mano.
miley se llevó una decepción al comprobar que se había puesto los vaqueros, la camiseta y los zapatos, como si lo de la noche anterior no hubiera sucedido y no tuviera intención de permanecer allí mucho tiempo. Era obvio que no existía la menor intimidad entre ellos por la mañana, y se reprendió a sí misma por desear unos momentos más con él, cuando no tenía derecho a esperar más de lo que ya le había dado.
—Buenos días —lo saludó con voz suave. Él levantó la mirada y sonrió.
—Hola.
Miley creyó ver un destello de anhelo en sus ojos, pero fue rápidamente enmascarado con una expresión de fría cautela que le hizo un nudo en el estómago. Odiaba que una parte de nick se distanciara de ella, pero no podía culparlo por ser prudente y querer acabar con aquella aventura de la forma más seca y cortante posible.
Ella debería hacer lo mismo, aunque sólo fuera por preservar la amistad, y eso significaba reprimir sus emociones hasta que nick se hubiera marchado.
—¿Qué es esto? —le preguntó él, y le mostró el papel que tenía en la mano.
Era la fantasía que había arrancado del libro de las «sexcapadas» dos días antes. La danza de los siete velos. Había dejado la hoja en la mesa, sobre un montón de revistas y cartas, sin pensar que él pudiera encontrarla.
Se mordió el labio, recordando su incapacidad para llevar a cabo la fantasía con Brent. Ahora podía agradecer no haberlo hecho, pues se había dado cuenta de que no era el hombre adecuado para ella. En cambio, habría estado más que dispuesta a interpretar la danza para nick si hubiera tenido ocasión. Él le había dado la seguridad necesaria y la había animado a abrazar su lado más desinhibido y a disfrutar de los placeres que su cuerpo podía ofrecer.
—Es una fantasía erótica que tomé de un libro que encontré el viernes pasado en una tienda organizadora de bodas —explicó, acercándose a la encimera para servirse una taza de café.
—¿Qué estabas haciendo en una tienda organizadora de bodas? —preguntó él con voz tensa mientras ella se llenaba la taza.
De espaldas a él, vertió la crema y el azúcar en el café y respiró hondo. nick merecía saber la verdad. Toda la verdad. Sobre ella y Brent, sobre la fantasía del libro y sobre el papel que él había jugado en todo ello. Se lo debía.
Tomó la taza con las dos manos y se dio la vuelta.
—Estaba allí porque Brent me pidió que me casara con él.
nick la miró, absolutamente perplejo.
—¿En serio?
Ella asintió y tomó un sorbo de café, incapaz de mirarlo a los ojos. Temía ver en ellos una expresión hostil.