miércoles, 23 de enero de 2013

What A Feeling- Capitulo 33




Debían de ser  las tres o las cuatro de la mañana cuando Miley se
despertó sobresaltada. Nick se movía nervioso y hablaba en sueños. En
realidad no hablaba, pensó Miley, discutía, gritaba.
—Papá, te he dicho que no bebas. ¿Hasta cuándo vas a seguir así? —
Tenía la respiración entrecortada—. ¡Deja esa botella! Si tengo que pegarte
para que lo hagas, lo haré.
Miley se levantó y se acercó a él.  La cara de rabia de Nick  le
destrozó el corazón. ¿De qué estaba hablando? ¿Qué lo atormentaba tanto?
—Nick, es sólo un sueño.
Estaba ya a su lado cuando Nick, completamente dormido, la apartó
sin querer y ella se cayó encima de la mesilla que había junto a la cama. El
dolor casi  la dejó inconsciente durante unos segundos.  Seguro que al  día
siguiente tendría el ojo morado, pero ahora tenía que encontrar la manera
de tranquilizarlo a él antes de que se hiciera daño. Así que se levantó y se
colocó encima de su estómago.
—Nick,  estate quieto,  es sólo una pesadilla,  tranquilo.  —Él  seguía
respirando entrecortadamente,  pero el  peso de Miley sobre él  le impedía
moverse tanto—. Nick, despacio, tranquilo.
Pero entonces volvió a acelerarse.
—Papá, ¡es que no lo entiendes! No te quiere, ni a mí tampoco. Nunca
nos ha querido.
Miley notó cómo volvían a tensarse los músculos de él y, para evitar
otro ataque, lo besó. No es que fuera muy buena idea, pero fue lo único que
se le ocurrió. Primero sólo tenía intención de colocarse encima de él, pero
cuando vio la cara de angustia de Nick no pudo evitarlo. Pensó que él no
respondería, y así  fue durante unos segundos,  pero cuando sus labios se
entreabrieron, la besó como si ella fuera la única medicina que necesitaba
para curarse. Sus manos ardientes por la fiebre la atraparon, le resiguieron
toda la espalda hasta meterse por dentro del pantalón del pijama. Y una vez
allí, la apretaron fuerte contra su erección. Miley le devolvió el beso con la
misma pasión,  pero con más dulzura.  Quería tranquilizarlo,  que él  notara
que alguien lo quería,  y ella ya estaba harta de negar lo que sentía.  Le
acarició  la  nuca,  y  poco  a  poco,  Nick  fue relajando los  brazos.  Ella
continuó  besándolo;  posó  sus  labios  en  sus  párpados,  que  parecían
húmedos de lágrimas, en la frente, en la nariz, y Nick  fue relajando el
ritmo  de  su  respiración.  Por  fin  se  tranquilizó.  Parecía  ya  totalmente
dormido, de modo que Miley intentó levantarse para volver a la silla, pero
al notar que se movía, los brazos de Nick volvieron a apresarla, esta vez
sin tanta fuerza. La abrazó como si no quisiera que ella se apartara de él.
—Bueno, supongo que después de esto, puedo perfectamente dormir
en tu cama.  Aunque dudo que seas consciente de nada.  Seguro que ni
siquiera sabes que soy yo a quien besabas.
Le dio un pequeño beso en el hombro y se acurrucó a su lado. Aunque
sólo fueran unas horas, tenía que descansar, si no, al día siguiente no daría
una en el trabajo. Ya estaba casi dormida cuando Nick la abrazó un poco
más fuerte y susurró:
—Miley.
Al  oírlo,  ella se dio cuenta de que ya no había vuelta atrás;  estaba
enamorándose como nunca había creído posible.
Nick fue el primero en despertarse. Le dolía todo el cuerpo como si
le hubieran dado una paliza, pero no había sido el dolor de la espalda lo que
lo había despertado,  sino notar la mano de Miley en su abdomen y sus
labios  en  el  hombro.  ¿Habían  dormido  juntos  y  no  se  acordaba?  Era
imposible.  Si  uno de sus sueños se hacía realidad,  tenía que acordarse.
Además, era imposible que él hubiese podido hacer nada. Por mucho que
deseara a Miley,  y la deseaba mucho,  estaba demasiado enfermo como
para hacerle el  amor.  ¿O no? Iba a volverse loco.  Tenía que saberlo,  y el
único modo era preguntárselo al duende que tenía pegado a su costado.
—Miley, despierta. —Ella se acurrucó aún más. Él  estaba encantado,
pero entonces notó que ella desplazaba la mano que tenía descansando en
su cintura más  abajo.  Peligro.  Si  bajaba un centímetro  más,  notaría  lo
recuperado que estaba. Le cogió la mano e insistió—. Mils, despierta.
Lentamente,  ella abrió los  ojos  y se desperezó.  Cuando su cerebro
conectó todos los cables y se dio cuenta de dónde estaba, se despertó del
todo, y se incorporó sobresaltada.
—¿Cómo te encuentras? ¿Tienes fiebre? —Le tocó la frente, que ahora
ya estaba fría—. Voy a buscarte las pastillas.  —Iba a levantarse cuando
Nick la detuvo.
—Estoy bien.  —Le cogió la muñeca y,  por  algún extraño motivo,  no
quería soltarla—. ¿Qué haces en mi cama? —preguntó él un poco sonrojado.
Miley  pensó  que  era  fantástico  ver  que  él  también  podía  sentir
vergüenza.
—¿No te acuerdas? —Miley se apartó el cabello de la cara. Siempre se
levantaba hecha un desastre, y en ese instante Nick vio el morado que le
estaba apareciendo en la mejilla izquierda.
—¿Qué te ha pasado? —Le acarició la cara preocupado—. ¿Cómo te
has hecho esto?
Al  principio,  Miley  no sabía de qué hablaba,  pero cuando notó  la
punzada de dolor  debajo del  ojo se acordó del  golpe que se había dado
contra la mesilla al caer.
—No es nada. Voy a la cocina a por tus medicamentos. —Él seguía sin
soltarla. Había algo raro en Miley aquella mañana—. Nick, ahora vuelvo.
—Se liberó de la mano que le agarraba la muñeca.
«Gracias a Dios», suspiró Miley. Ya no podía más. Si llega a estar dos
minutos más sentada en la cama con Nick mirándola con aquellos ojos y
con la camisa del pijama desabrochada, se muere o se lo come a besos. Por
desgracia,  ninguna  de las  dos  opciones  era  posible,  así  que tenía  que
recomponerse y seguir con su vida.  Tardaría unos mil  o dos mil  años en
olvidar a aquel hombre, pero lo lograría. Mientras, lo mejor que podía hacer
era disfrutar de su amistad y sacar el máximo provecho de su experiencia
británica. Ya lo había decidido, ahora sólo tenía que creérselo y llevarlo a la
práctica. Bebió un vaso de agua y preparó otro para su enfermo, cogió las
pastillas,  compuso su mejor cara de «sólo somos amigos» y regresó a la
habitación.
Cuando entró, vio que Nick se había abrochado la camisa del pijama
y estaba sentado en la cama. Tenía la mirada ausente.
—¿Te  sientes  mal?  Tienes  que  tomarte  estas  pastillas  —dijo  ella,
acercándole el vaso de agua.
—Gracias.  —Se tomó las pastillas,  cerró los ojos,  como si  intentara
pensar, y cuando volvió a abrirlos buscó con la mirada a Miley—. ¿Cómo te
diste ese golpe en la mejilla?
—Me caí y me golpeé con la mesita de noche. No es nada —respondió
ella sonrojada.
—Ya. Miley, te lo preguntaré directamente, ¿te lo hice yo? No sé qué
me pasa,  no puedo acordarme de nada.  —Nick  estaba nervioso y no
dejaba de tocarse el  pelo—. Lo último que recuerdo es que te pedí  que
llevaras los artículos a Sam, ¿lo hiciste? Vaya tontería, seguro que sí. Esto
ya me pasó una vez de pequeño,  la fiebre se me disparó y...  no sé,  mi
abuela dice que no paré de hablar, pero yo nunca logré acordarme de nada.
Miley, por favor, dime si te lo hice yo antes de que me vuelva loco. —La
miró directamente, esperando la respuesta.
—Claro que no, tú eres incapaz de hacerle daño a nadie.
Estaba tan preocupado que Miley decidió no contarle nada de sus
pesadillas. Ya encontraría la manera de ayudarlo más tarde.
—Ya sabes que soy torpe; tropecé al salir de la habitación con las luces
apagadas. No te preocupes, ahora lo más importante es que te pongas bien.
Anoche estabas ardiendo de fiebre, casi  me muero del  susto, por eso me
quedé aquí. —Miley no podía dejar de tocarle la frente, necesitaba saber
que ya estaba bien, y a Nick parecía no importarle—. Ahora descansa, yo
voy a ducharme para ir a trabajar y, antes de que lo intentes, no, tú no vas
a ir a trabajar, te vas a quedar aquí recuperándote, ¿de acuerdo?
Dicho esto, se levantó y le acarició el pelo por última vez.
—De  acuerdo.  —Nick  la  miraba  hipnotizado.  Realmente  era
preciosa. ¿Cómo había sido capaz de estar tantos días sin apenas verla y sin
tocarla? Debía de estar loco. No había escuchado nada de lo que le había
dicho, sólo estaba concentrado en que no paraba de acariciarlo, le tocaba la
frente,  el  pelo,  como si  no pudiera evitarlo.  Cuando ella se levantó de la
cama,  reaccionó y le cogió la mano—. Miley,  gracias por cuidarme.  —Le
besó el interior de la muñeca.
—De nada. —Y salió ruborizada de la habitación.
A partir de ese momento,  la relación entre Miley y Nick  cambió;
dejaron de evitarse y  volvieron a pasar  más  ratos  juntos.  Miley  había
perdido la oportunidad de alquilar el piso, pero ahora que las cosas volvían
a estar bien, estaba encantada de que hubiera sido así. Nick  tuvo que
quedarse en cama un par de días,  pero al  empezar la semana siguiente
volvió a incorporarse a la revista como si nada hubiera pasado. Seguía muy
preocupado por los robos de los artículos,  pero ya no utilizaba el  trabajo
como excusa para llegar tarde a su casa. Le encantaba cenar con Miley,
hablar con ella, contarle cómo le había ido el día y que ella le contara sus aventuras.  Le  encantaba  oírla  hablar  de  la  nueva  tienda  que  había
descubierto, del último chisme que su hermana Helena le había contado o,
sencillamente,  mirar la tele con ella.  El  único problema era que cada día
tenía más ganas de tocarla, y debía hacer esfuerzos para recordarse que él
no era el  hombre que ella necesitaba.  Miley era dulce,  romántica y se
merecía un hombre capaz de amarla con locura. Y si algo había aprendido
de su padre, era que él nunca iba a amar de ese modo. Con lo que tenía
resuelto; Miley y él sólo serían amigos.

No hay comentarios: