lunes, 2 de julio de 2012

at dusk niley- capitulo 32


—Ya sabes que tengo problemas de ansiedad, ¿no? A veces como que
se me va la olla. Cuando nos conocimos por primera vez, estaba en medio
de uno de esos ataques. ¡Uno de los de verdad! Incluso hay partes del día
de mi espectacular fuga que apenas recuerdo. Seguramente volví a tener
uno de esos  ataques cuando te  golpeaste  en la  cabeza. Vaya,  podrías
haber muerto. —Al menos esa parte se acercaba bastante a la verdad—.
No me extraña que tuviera miedo.
—No  me  ha  salido  ningún  chichón  en  la  cabeza.  Solo  tengo  una
magulladura, como si me hubiera caído o algo así.
—Te pusimos un paquete de hielo. Te atendimos enseguida.
—Sigue sin tener demasiado sentido —insistió, poco convencido.
—No sé por qué sigues dándole vueltas. —Aunque no dijera nada más, 
eso solo volvía a convertirme en una mentirosa, y mucho peor que antes.
Tenía que ceñirme a la historia por su propia seguridad, porque si en algún
momento la señora Bethany descubría que Nick sospechaba algo, ella
podría... Podría... No sabía qué podría hacer, pero me temía que no sería
nada bueno. Sin embargo, decirle a Nick que sus dudas eran infundadas,
que  sus  preguntas  sensatas  acerca  de  Medianoche  y  su  amnesia
transitoria  no eran más  que tonterías,  eso era peor.  Eso era pedirle  a
Nick que dudara de él mismo y no quería hacerle algo así. Ahora sabía lo
mal que uno se sentía cuando se dudaba de sí mismo—. Por favor, Nick ,
déjalo.
Nick asintió lentamente.
—Ya hablaremos de ello en otro momento.
Cuando se olvidaba del tema y dejaba de preocuparse por la noche del 
Baile de otoño, no había nada mejor que estar juntos. Era casi perfecto.
Estudiábamos en la biblioteca o en el aula de mi madre, y a veces nos
acompañaban  Vic  o  Raquel.  Comíamos  en  los  prados:  envolvíamos
nuestros  sándwiches  en  bolsas  marrones  y  nos  los  metíamos  en  los
bolsillos del abrigo. En clase, soñaba despierta con él y me despertaba de
mi feliz ensoñación única y exclusivamente cuando no me quedaba más
remedio  que  prestar  atención  para  no  suspender.  Cuando  teníamos
Química, entrábamos y salíamos del aula de Iwerebon sin despegarnos.
Los demás días venía a buscarme en cuanto acababan las clases, como si
hubiera estado pensando en mí incluso más de lo que yo había estado
pensando en él.
—Asúmelo, no sé nada de arte —me susurró Nick un domingo por la
tarde que lo había invitado al apartamento de mis padres.
Ellos nos habían saludado con mucha diplomacia y luego nos habían
dejado estar en mi habitación el resto del día. Nos habíamos tumbado en
el suelo, sin tocarnos, pero juntos, y estábamos contemplando el póster de
Klimt.
—No tienes  que saber  nada,  solo  tienes  que mirarlo  y decir  qué te
transmite.

—No se me da muy bien lo de transmitir.
—Sí, ya lo he notado. Inténtalo, ¿vale?
—Vale,  bien.  —Estuvo  pensando un rato,  muy concentrado,  mirando 
fijamente El beso—. Creo que... Creo que me gusta cómo le sujeta la cara
entre las manos. Como si ella fuera lo único en el mundo que le hiciera
feliz, lo único que fuera realmente suyo.
—¿De verdad ves eso en la lámina? A mí él me parece... Fuerte, creo.
Creía que el hombre de El beso tenía el control de la situación y parecía 
que a la mujer desfalleciente le gustaba que así fuera, al  menos por el
momento.
Nick se volvió hacia mí y yo incliné la cabeza hacia un lado para estar
cara a cara. El modo en que me miró, la intensidad, la seriedad, el deseo,
me cortó la respiración.
—Créeme, sé que tengo razón —se limitó a decir.
Nos besamos y mi padre escogió ese preciso momento para llamarnos a 
cenar. La sincronización paterna es asombrosa.
Disfrutaron  al  máximo de  la  cena,  incluso  comieron  alimentos  y  se 
comportaron como si les gustara.
Estar cerca de Nick significaba tener menos tiempo para compartir con 
mis otros amigos, por  mucho que deseara que no fuera así.  Balthazar
seguía mostrándose tan amable como siempre, me saludaba con la mano
por los pasillos y con un gesto de cabeza a Nick , como si fuera un amigo
de toda la vida y no alguien que había estado a punto de abalanzarse
sobre él la noche del Baile de otoño. Sin embargo, tenía una mirada triste
y sabía que estaba resentido por haberle negado una oportunidad.
Raquel  también  se  sentía  sola.  Aunque  la  invitábamos  a  estudiar
algunas  noches,  nunca más  volvimos  a compartir  la  comida.  Tampoco
había hecho más amigos, que yo supiera. Nick y yo tuvimos la genial
idea  de emparejarla  con Vic,  pero no hubo nada que hacer,  ellos  dos
sencillamente no conectaban. Salían con nosotros y se lo pasaban bien,
pero eso era todo.
Me disculpé por pasar menos tiempo con ella, pero Raquel no pareció
darle importancia.
—Estás enamorada y eso te convierte en un muermo para la gente que
no lo está. Ya sabes, para los que no están chalados.
—No soy un muermo —protesté—, al menos no más que antes.
Raquel respondió juntando las manos y alzando la vista al techo de la 
biblioteca  con  la  mirada  ligeramente  desenfocada,  en  un  gesto  que
pretendía ser desdeñoso.
—¿Sabías que a Nick le gusta la luz del sol? ¡Uy, le  encanta! Y las
flores y también los conejitos. Y ahora voy a hablarte de los fascinantes
lazos que Nick se hace en sus fascinantes zapatos.

—Cállate. —Le di un manotazo en el hombro y se echó a reír. Aun así,
sentí la extraña distancia que se había establecido entre nosotras—. No
quiero dejarte sola.
—No pasa nada. Seguimos siendo amigas.
Raquel abrió su libro de texto de biología, decidida a olvidar el tema.
—Parece que Nick te cae bien —dije, con sumo cuidado.
Se encogió de hombros y no levantó la vista del libro.
—Claro, ¿por qué no iba a caerme bien?
—Bueno... Por algunas de las cosas de las que habíamos hablado... No 
va a pasar nada, en serio. —Raquel había estado muy segura de que Nick 
podía atacarme, sin saber que era al  revés—. Me gustaría que supieras
cómo es de verdad.
—Un tipo fabuloso y maravilloso al que le gusta la luz del sol y vomita
rosas...  —Raquel  bromeaba,  aunque  no  del  todo.  Cuando  por  fin  se
encontraron nuestras miradas, suspiró—. Sí, me cae bien.
Sabía que no debía presionarla más ese día, así que cambié de tema.
Aunque a mi mejor  amiga en Medianoche no le  emocionaba lo  más 
mínimo que estuviera con Nick , muchos de mis peores enemigos creían
que era una idea estupenda. De hecho, se relamían de gusto de que le
hubiera mordido.
—Sabía que tarde o temprano te pondrías al día con el programa —me
dijo Courtney en Tecnología moderna, la única clase de la que habían sido
excluidos  los  alumnos  humanos—.  Naciste  siendo  vampiro.  Es  como
superraro y poderoso y eso, ¿no? Era imposible que siguieras siendo una
pardilla el resto de tu vida.
—Vaya,  gracias,  Courtney  —contesté  de  manera  inexpresiva—.
¿Podríamos hablar de otra cosa?
—No sé por qué te comportas de una forma tan rara. —Erich me lanzó
una sonrisa  zalamera mientras jugueteaba con los  deberes del día:  un
mp3—. Es decir, supongo que un tipo tan empalagoso como Nick Ross
debe de dejar regusto, pero, eh, la sangre fresca es sangre fresca.
—Todos  deberíamos  tomar un  refrigerio de vez  en cuando  —insistió
Gwen—. Hay que ver,  esta escuela viene completa  con buffet andante
incluido y ¿nadie le puede dar ni un mordisquito?
Se oyó un murmullo de aprobación.
—A ver, atención todo el mundo —pidió el señor Yee, nuestro profesor—. 
Ya habéis tenido los mp3 unos minutos, ¿preguntas?
Igual  que el  resto  de profesores de Medianoche,  era  un vampiro de 
grandes poderes, alguien que llevaba mucho tiempo formando parte de
este mundo y aun así  seguía conservando una posición aventajada.  El
señor Yee no era excesivamente mayor; nos había dicho que había muerto
por la década de 1880, pero desprendía una fuerza y una autoridad casi 

tan  imponentes  como las  de la  señora  Bethany.  Por  eso  los  alumnos,
incluso los  que le  sacaban varios siglos,  lo respetaban. A sus  órdenes,
todos guardamos silencio.
Patrice fue la primera en levantar la mano.
—Ha  dicho  que  la  mayoría  de  los  aparatos  electrónicos  pueden 
establecer conexiones inalámbricas, pero este no parece que pueda.
—Muy buena  observación,  Patrice.  —Cuando  el  señor  Yee  la  alabó, 
Patrice  me lanzó  una  sonrisa  de  agradecimiento.  Habíamos  discutido
varias veces sobre el concepto de las comunicaciones inalámbricas—. Esta
limitación es uno de los fallos de diseño del mp3. Los modelos posteriores
seguramente  incorporarán  algún  tipo  de  conexión  inalámbrica  y,  por
descontado, también existe el teléfono de última generación, que veremos
a continuación.
—Si  la  información  que  contiene  el  mp3  recrea  la  canción  —dijo
Balthazar, meditabundo—, entonces la calidad del sonido dependerá por
completo del tipo de altavoces o auriculares que se utilicen, ¿no es así?
—En gran parte,  sí.  Existen  formatos de grabación mejores,  pero un
oyente  normal  y  corriente,  incluso  un  oído  experto,  no  conseguiría
distinguir la diferencia ya que el mp3 se conectó a un sistema de audio
superior. ¿Alguien más? —El señor Yee miró a su alrededor y suspiró—. ¿Sí,
Ranulf?
—¿Qué espíritus le dan vida a esta caja?
—Eso ya lo hemos discutido. —El señor Yee puso las manos en el pupitre 
de  Ranulf  y  le  habló  con  suma  calma—:  Los  espíritus  no  dan  vida  a
ninguno  de  los  aparatos  que  hayamos  estudiado  en  clase  o  que
estudiaremos más adelante. De hecho, los espíritus no dan vida a ningún
aparato. ¿Está claro de una vez por todas?
Ranulf  asintió  lentamente, aunque no parecía  convencido.  Llevaba el
pelo castaño cortado a lo paje y tenía un rostro de expresión sincera e
inocente.
—¿Y qué me dice de los espíritus del metal del que está hecha esta
caja? —se aventuró a preguntar al cabo de unos segundos.
El señor Yee bajó la cabeza, como si se diera por vencido.
—¿Hay alguien por aquí de la época medieval que pudiera echarle una 
mano a Ranulf con la transición?
Genevieve asintió y se puso a su lado.
—Dios, no es tan difícil, es como, no sé, como un walkman con turbo o 
algo así.
Courtney le lanzó a Ranulf una mirada desdeñosa y fastidiada.
Era una de las  pocas  alumnas  de Medianoche que no parecía  haber 
perdido  el  contacto  con  el  mundo  moderno.  Por  lo  que  había  visto,
Courtney había ido allí  básicamente a socializar.  Por desgracia para los
demás. Suspiré y volví a dedicarme a crear una lista de reproducción de 

mis canciones favoritas para Nick . Tecnología moderna era muy fácil para
mí.






6 comentarios:

amorciegoniley dijo...

que quue? o.0 no lo creo

melani dijo...

AHHH hermosoo hermoso hermosoo

jessi dijo...

amo cuando subes prima me haces felis hahaha love you te extraño

jessi dijo...

amo cuando subes prima me haces felis hahaha love you te extraño

Anónimo dijo...

siguela pronto!

melina dijo...

ahh ais me dejastes chica ahh