lunes, 9 de julio de 2012

at dusk niley- capitulo 37


Nunca antes había sentido nada comparable a esa ira ciega y recé para
no volver a sentirla jamás. A pesar de lo lúgubre y mezquino que pudiera
resultar  Medianoche,  tenía  la  sensación  de  haberme  enfrentado  a  la
verdadera maldad por primera vez.
Raquel me había preguntado en una ocasión si creía en el Mal y yo le
había dicho que sí,  pero hasta  ese momento no sabía  qué cara tenía.
Temblorosa, hice una par de profundas inspiraciones intentando recuperar
la  compostura.  Tenía  que  pensar  detenidamente  sobre  lo  que  había
ocurrido, pero esa noche lo único que quería era irme de allí cuanto antes.
Avancé un par de pasos y me dejé resbalar por la pendiente del extremo
del tejado para echar un vistazo al lugar en que Erich había aterrizado.
Quería  asegurarme de  que  se  había  ido  de  verdad.  Sin  embargo,  al
empezar  a  bajar,  vi  otra  figura  en  la  oscuridad,  como  una  sombra
agazapada al abrigo de las olas. Tal vez Erich no estaba solo.
—¡Quieto! —dije—. ¿Quién anda ahí?
La figura se enderezó lentamente, asomando a la luz de la luna. Era 
Nick.
—¿Nick ? ¿Qué haces aquí?
Enseguida comprendí  que había preguntado una tontería. Nickhabía 
ido hasta allí por la misma razón que yo, para comprobar si Erich estaba
acosando a Raquel. No respondió.  Me miraba fijamente, como si no me
conociera y retrocedió un paso.
—¿Nick?
Al principio no comprendí por qué me rehuía, pero entonces caí en la 
cuenta:  los  colmillos  todavía  no  se  habían  retraído  y  tenía  la  boca
manchada de sangre. Dependiendo del tiempo que llevara allí agazapado,
me habría visto hablar con Erich... y me habría visto morderle...
«Nick sabe que soy un vampiro.»
La mayoría de la gente ya no cree en vampiros y tampoco lo creería por 
mucho que uno se esforzara en convencerla,  pero Nick no necesitaba
que nadie lo convenciera, sobre todo cuando tenía delante a un vampiro
de colmillos largos con sangre en los labios. Me miraba como si fuera una
extraña... No, como si fuera de otro planeta.
Acababan de desvelarse los secretos que toda mí vida había luchado
por proteger.
 spera —le supliqué. Todavía tenía los labios húmedos a causa de la
sangre—. No te vayas. ¡Puedo explicártelo!E
—No te acerques a mí.
Nick estaba blanco como la nieve.
—Nick ... Por favor...
—Eres un ¡vampiro!
¿Qué podía decir? Mis nuevas aptitudes como maestra del engaño no 
me  servían  de  nada.  Nick sabía  la  verdad  y  ya  no  podía  seguir
ocultándoselo.
Continuó retrocediendo y tropezando con las tejas de pizarra, agitando
los brazos para mantener el equilibrio.  El estupor entorpecía sus pasos.
Nick , cuyos movimientos siempre eran precisos y calculados. Era como si
anduviese a ciegas.
Sentí el impulso de ir tras él para evitar que perdiera el equilibrio y se
cayera,  pero  sobre  todo  necesitaba  explicarme,  con  absoluta
desesperación. Sin embargo, Nick no iba a dejar que le ayudara. Ya no. Si
lo seguía, el pánico se apoderaría de él y huiría. Huiría de mí.
Temblorosa,  me senté  en  el  tejado  y  vi  cómo  Nick   se  alejaba.  Ni
siquiera se dignó a mirar atrás hasta que apenas le quedaban unos pasos
para  llegar  a  la  torre  norte  y  a  las  habitaciones  de  los  chicos.  Para
entonces,  yo  había  pasado  los  brazos  alrededor  de  las  rodillas  y  las
lágrimas rodaban por mis mejillas. Nunca en mi vida me había sentido tan
asustada y avergonzada, ni siquiera cuando le había mordido.
¿Habría adivinado lo que había sucedido en realidad la noche del Baile
de otoño y que había sido yo quien le había hecho la herida del cuello?
Estaba segura de que no tardaría mucho en atar cabos, si  no lo había
hecho ya.
¿Qué  debía  hacer?  ¿Decírselo  a  mis  padres  sin  perder  tiempo?  Se
enfadarían conmigo...  Además de tener que tomar medidas respecto a
Nick . Ignoraba qué le reservaban los vampiros al humano que descubría
el secreto de Medianoche, pero sospechaba que no era nada bueno. ¿Y si
se lo contaba a la señora Bethany? Ni hablar. Podía intentar despertar a
Patrice para pedirle consejo, pero seguramente se encogería de hombros,
se  daría  unos  retoques  en  su  sombra  de  ojos  y  volvería  a  quedarse
dormida.

Ahora que el secreto había dejado de serlo, toda esa gente estaba en
peligro. Era probable que Nick no se lo dijera a nadie por temor a que lo
llamaran  chiflado.  Y  aunque  se  lo  contara  a  alguien,  era  muy  poco
probable que lo  creyeran. Sin embargo, me atormentaba el  riesgo, por
pequeño que fuera, de que nos viéramos expuestos. Y todo por mi culpa.
Tenía que haber algún modo de poder arreglarlo, tenía que hacer algo.
«Hablaré con Nick . Será lo primero que haga por la mañana. No, que 
tiene  examen.  —Era  muy  extraño  tener  que  pensar  en  cosas  tan
mundanas como un examen en medio de todo aquello—. Iré a buscarlo
después. No querrá hablar conmigo, pero no va a ponerse a gritar en el
pasillo sobre vampiros. Tendré que aprovechar esa oportunidad, siempre
que se me ocurra qué decirle...»
Y luego, ¿qué? Le había mentido. Le había hecho daño. Tal vez lo mejor
era que se alejara de mí todo lo que pudiera.
Sin embargo, sabía que debía intentarlo, aunque me arriesgara a perder
a  Nick para  siempre.  Si  era  así,  haría  lo  que  fuera  por  recuperarlo:
suplicar,  llorar  o  revelarle  todos  mis  secretos;  pero  si  de  algo  estaba
segura era de que le debía una explicación.
Tras una larga noche en vela, me levanté, me puse el jersey y la falda
negros y bajé la escalera a toda prisa. Pensaba que había llegado justo a
tiempo de que acabara el examen de Nick, pero según me contó uno de
sus compañeros habían dejado salir a los alumnos a medida que acababan
la prueba, y Nick había terminado de los primeros. Eso significaba que
probablemente volvía a estar en su dormitorio. Reuní todo mi valor y me
colé  en la  zona  de  dormitorios  de los  chicos.  Vic  y  Nick me habían
señalado su ventana desde los jardines, así que no tendría problemas en
encontrar la habitación, si no me pescaban antes, claro.
¿Le aterraría verme aparecer de pronto en su habitación? Tal vez. Tenía
que  arriesgarme,  ya  no  lo  soportaba  más.  El  suspense  me  estaba
torturando, me estaba volviendo loca. Aunque Nick acabara diciéndome
que no quería que volviera a acercarme a él nunca más, al menos tenía
que saberlo. La incertidumbre era peor que nada.
Supe que había llegado a mi destino cuando me topé con una puerta
decorada con dos pósters: uno de Vértigo, la película de Alfred Hitchcock,
y otro de algo llamado Faster, Pussycat! Kill! Kill!
No respondieron cuando llamé, así que la abrí, insegura. No había nadie.
La habitación de Nick olía a él: a especias y a bosque, casi era como
estar  entre  los  árboles.  La  mitad  de la  habitación  estaba  cubierta  de
pósters  de  películas  de  acción,  armas  y  mujeres  colocados  en  todas
direcciones. La mitad que contenía la cama con una colcha estampada con
nudos. Es decir, la mitad de Vic. La otra mitad, la de Nick, estaba casi
vacía. No había pósters ni láminas colgadas en las paredes desnudas, y en
el pequeño tablero de anuncios, que pendía encima de todas las camas 

del internado, solo había pinchado su horario de clases y una entrada de
cine: Sospecha, de nuestra primera cita. Una colcha de los excedentes del
ejército cubría la cama.
Por lo visto no me quedaba más remedio que esperar.  Sin saber qué
hacer, me acerqué a la ventana desde la que se divisaba un tramo del
camino  de  entrada  del  colegio,  cubierto  de  gravilla.  Había  aparcados
varios coches, casi todos pertenecientes a los padres que habían ido a
recoger a sus hijos el último día de exámenes para llevárselos a casa a
pasar la Navidad. Hijos humanos, claro. Vi a gente abrazándose, cargando
el maletero...  y a Nick saliendo por la puerta principal con su bolsa de
tela gruesa al hombro.
—Oh, no —musité.
Apreté las manos contra la ventana con tanta fuerza que temí que el 
cristal,  o yo, nos hiciéramos añicos, pero Nick continuó su camino sin
vacilar.  Se  dirigió  derecho  hacia  un  sedán  negro  con  las  ventanillas
tintadas. La puerta del sedán se abrió e intenté ver quién había dentro,
pero no lo conseguí. La mitad desnuda de la habitación empezó a cobrar
sentido  para  mí.  En  ese  momento  supe  que  Nick se  había  ido  de
Medianoche para pasar fuera las vacaciones de Navidad, sin despedirse, y
que seguramente no volvería jamás.
—Eh, ¿ahora las habitaciones van a ser mixtas? Qué pasóte. —Vic había
entrado  en  el  dormitorio.  Lo  saludé  con  una  débil  sonrisa  antes  de
volverme para ver alejarse el coche de Nick . El automóvil salió disparado,
como si tuviera prisa—. Qué buena eres colándote aquí. Vosotros dos solo
os habréis despedido, ¿no?
—Aja.
¿Qué otra cosa iba a decirle?
—No te pongas depre, ¿vale? —Vic me dio un suave empujoncito en el 
hombro—. Algunos tipos saben lo que hay que decirle a una chica cuando
está triste, pero no soy uno de esos.
—Estoy  bien,  de  verdad.  —Miré  a  Vic  detenidamente.  Era  la  única
persona de la escuela con la que Nick hubiera compartido sus sospechas
—. ¿Te ha parecido que Nick ... estaba bien?
—Rechazó mi invitación a Jamaica. —Vic se encogió de hombros—. Dijo
no sé qué de reunirse con amigos de la familia, pero me dio la impresión
de que no iban a hacer nada especial. ¿No preferirías pasar la Navidad
tumbada en la  playa en vez de ir  por ahí  con unos pesados que solo
conoce tu madre?
No era eso a lo que me refería. Sin embargo, si eso era lo único extraño
que Vic había visto, tal vez Nick se había guardado sus ideas sobre los
vampiros para él solo. Vic no era de los que podrían ocultar algo parecido.
Con  cierto  remordimiento,  me di  cuenta  de  que  Vic  era  una  persona
mucho más sincera que yo.


5 comentarios:

amorciegoniley dijo...

ahh nick nick ahhh me encanta esta novela sinceramente ahora si que subistes ehh uuf hacia tiempo que ya no subias ashi jfcnekxbjek

angela dijo...

ahhh ese viic ahhh me trauma ahaha

Ammi dijo...

jaja no se por que me rei en este pero hermosoo

melani dijo...

o.0 queee!! ash ya leo el otroo ahh ya ya yaaa

Anónimo dijo...

tu musica me relaja y el capitulo me prendio waOO