miércoles, 16 de febrero de 2011

~Soy Tu Amante???~ tenia razon mandy-capitulo 7

Miley siempre se arreglaba para nick. Mientras miraba en su armario, lo dividió mentalmente en tres colecciones de ropa: de las tres, sólo podía ponerse una en cualquier momento. La primera había disfrutado de un breve período de vida después de una dieta rigurosa, la segunda era la que había comprado cuando volvió a engordar. La tercera era ropa ancha, que podía ponerse en cualquier ocasión sin temor a parecer demasiado «gordita».
Mientras sacaba un vestido de la percha la cabeza empezó a darle vueltas y tuvo que agarrarse a la puerta del armario para no perder el equilibrio. No era la primera vez que le pasaba, pero pensó que era debido a un resfriado que había sufrido unos meses antes y que no había podido curarse del todo. Sin duda era eso y no le apetecía perder el tiempo yendo al médico.
En una hora, nick estaría de nuevo con ella y se negaba a atormentarse con los comentarios de mandy. Su amiga sólo había querido ponerla en guardia porque estaba preocupada, pero miley sabía que mandy había tenido varias relaciones fallidas y que desconfiaba de los hombres en general. Además, ella no conocía a nick, no sabía lo maravilloso que era.
Nick intentaba alejarse de cierto tipo de prensa y hacía todo lo posible por mantener su vida privada en secreto. No era fácil que miley se enfadara, pero lo había hecho al leer artículos que utilizaban viejas fotos y viejas historias para seguir describiendo a nicolas jonas como un mujeriego frío y sin corazón que, además, se mostraba inhumano en los negocios. ¿Habría leído mandy esos artículos?
Mientras se cepillaba el pelo, pensaba en el hombre que ella conocía: generoso, fuerte, apasionado... todo lo que había soñado siempre.
Aunque no le gustaba en absoluto, la llevaba de merienda porque a miley le encantaba. Los viajes turísticos lo aburrían y, sin embargo, la había llevado a Roma, a París y a un montón de ciudades fabulosas para que pudiera explorar su pasión por la historia en su compañía. Cuando se sentía desanimada, asustada o deprimida, él estaba a su lado. Lo amaba con toda su alma por muchas razones. ¿Y su lado malo? No, no quería pensar en eso. No quería arruinar su felicidad.
nick la llamó desde el aeropuerto.
-Estoy contando los segundos -le dijo miley.
La llamó desde la limusina cuando se quedó retenido en un atasco.
-No puedo soportarlo más...
-¿Sabes cuánto te he echado de menos? -preguntó nick en su última llamada mientras entraba en el ascensor para subir al ático.
Para entonces, miley estaba nerviosa. La puerta se abrió y, al verlo... dejó de pensar. Le temblaban tanto las rodillas, que se apoyó en la pared para estabilizarse. Todo en nick la emocionaba. Desde el ángulo orgulloso de su cabeza hasta la anchura de sus hombros, sus zancadas, todo en él era espectacularmente masculino.
Era guapísimo y sólo tenía que entrar por la puerta para que su corazón amenazase con detenerse.
Nick cerró la puerta con el pie y la tomó entre sus brazos. Por un segundo, miley se perdió en la felicidad de tocarlo, de olerlo.
-nick......
-Si pudieras viajar conmigo, pasaríamos más tiempo juntos -dijo él, con voz ronca-. Piénsalo. Podrías dejar tus tareas artísticas aparcadas durante un tiempo.
Y perder su independencia... eso estaba fuera de la cuestión.
-No puedo.
Contento de haber plantado otra semilla, nickaplastó contra la pared. Ella sucumbió al atractivo de su boca con el mismo fervor que habría empleado en una situación de vida o muerte. Sabía de maravilla, como algo adictivo sin lo que no podría vivir. Él la tomó por la cintura, levantándola para apretarla descaradamente contra su erección.
-Oh... -gimió miley-derritiéndose como la miel al calor del sol.
Aplastada contra el cuerpo masculino, apartó la cara para buscar oxígeno cuando recordó que había olvidado recordarle un ritual importante.
-El móvil...
nick se puso tenso.
-O el móvil o yo -le recordó ella.
Con una mano, nick sacó el móvil de la chaqueta y lo tiró sobre la mesa del pasillo. Luego, volvió a buscar su boca con ansia devoradora.
-Por una vez, no vamos a hacerlo en el pasillo.
Mareada por la pasión, miley sólo pudo asentir.
Decidido, nick, la tomó de la mano para llevarla al dormitorio.
-Yo he dejado el móvil, así que tendrás que compensarme adecuadamente, pedi mu.
Ella tenía las piernas temblorosas. El brillo sexual en sus ojos la aprisionaba como una cadena. Una cegadora ola de deseo la recorrió entera.
Nick la miró con ardiente satisfacción mientras bajaba la cremallera del vestido azul turquesa, dejando al descubierto el sujetador y la braguita de encaje.
-Eres soberbia -murmuró, con voz ronca de pasión.

Luego, tomándola en brazos, la depositó sobre la cama, su carismática sonrisa iluminando un rostro por lo general serio.
-No te muevas.
-No pienso ir a ningún sitio -musitó miley, sus ojos clavados en él como si tuviera un imán mientras se quitaba la chaqueta.
Era un hombre fuera de serie. Pelo castaño, alto, fuerte e increíblemente guapo, emanaba la fuerza y la sensualidad de un predador. Miley sentía como si tuviera mariposas en el estómago... y, sin embargo, a la vez, debía luchar contra la vergüenza de estar tumbada en una cama, en ropa interior, delante de él.
No la habían educado de una forma liberal, pero cuando nick llegó a su vida no sólo había tirado el libro de las reglas, lo había quemado.
¿Era importante para él?, se preguntó. ¿O era algo temporal, algo que abandonaría sin mirar atrás cuando se cansara?
-¿Piensas en mí cuando estás fuera de Londres? -le preguntó.
Nickse tumbó a su lado mientras desabrochaba su camisa.
-¿Después de dos semanas sin sexo? Esta semana he pensado en ti al menos una vez por minuto -contestó él, riendo.
Miley se puso colorada. Pero el comentario no le gustó en absoluto.
-No me refería a eso.
Él la apretó contra su pecho, con típica arrogancia masculina.
-No le hagas a un griego preguntas de ese tipo. Eres mi amante, claro que pienso en ti.
Cuando empezó a besarla, todas las dudas desaparecieron. Se desató un incendio entre sus piernas y una ola de deseo la consumió al sentir el peso de su cuerpo. Dos semanas sin nick eran como toda una vida. Aunque dudaba de su amor por ella, no podía evitar refugiarse en su pasión. Sus expertas caricias la hacían gemir y, cuando utilizó los dientes y la lengua, empezó a apretarse contra él sin pensar en nada más.
Su corazón latía a toda velocidad, el aire apenas llegaba a sus pulmones. La elemental masculinidad de nick era irresistible. Él sabía perfectamente lo que la excitaba y, cuando encontró el capullo escondido entre sus rizos, con sus dedos expertos la llevó a unas cimas de deseo aún más desesperadas.
-Así es como te imagino -murmuró, con cruda satisfacción-. Enloquecida por el placer que te doy.
Se enterró en ella con fuerza y, delirante de deseo, miley lo recibió, contrayendo los músculos para no dejarlo ir. Su necesidad de él era dolorosamente intensa. Su pasión la enloquecía hasta el límite, pero luego empezó a caer, a caer... hasta llegar a un estado de agitación que no tenía nada que ver con la sensación de felicidad que experimentaba otras veces. Su cuerpo estaba satisfecho, pero sus emociones no. Sin darse cuenta, sus ojos se habían llenado de lágrimas.
Nick apartó el pelo de su cara.
-¿Qué te pasa?
-Nada -contestó miley-. No sé por qué estoy llorando.
Él la acarició, pensativo. Si tenía paciencia, le contaría qué pasaba. miley era incapaz de guardarle un secreto.
-Lo siento... supongo que me he puesto emotiva pensando en nuestro aniversario -murmuró ella poco después.
-¿Qué aniversario?
-¿No sabes que dentro de unos días hará dos años que estamos juntos? -sonrió miley, levantando la cabeza-. Quiero que lo celebremos.
¿Dos años? nick intentó disimular su reacción ante la noticia. ¿Tanto tiempo llevaba con miley? ¿Dos años? Algunos matrimonios no duraban tanto. ¿Cuándo se había convertido en algo permanente? Se había metido en la rutina de su vida sin que se diera cuenta...
La vida de miley estaba tan imbricada en la suya como las hojas de hiedra en un árbol. No era una analogía muy inspirada, pero... ¿Cuándo fue la última vez que se acostó con otra mujer? Dos años. Le había sido completamente fiel. Reconocer eso hizo que apretase los dientes. Inexplicablemente, se había infiltrado en su libertad como un ejército invisible, condicionando su vida de una forma que le resultaba completamente ajena. La sorpresa lo enfrió, como si estuviera en presencia del enemigo.
-No me gusta celebrar mis aniversarios con mujeres -dijo con los ojos brillantes-. No me gustan esas cosas sentimentales.
miley se quedó sin respiración. No quería creer que mandy había tenido razón, pero...
-Para mí es especial que hayas sido parte de mi vida durante tanto tiempo.

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