sábado, 4 de febrero de 2012

Átame a ti - capitulo- 10


Estupendo. Un vistazo a su hija recién nacida de casi siete kilos y el gran y rudo vaquero se había desmayado. miley mecía a Eliza de un lado al otro, esperando que nick volviera en sí por él mismo. Le daba un poco de miedo animarlo porque podría levantarse balanceándose, como se rumoreaba que hacían los Jonascuando los arrinconan.
Finalmente, gruñó.
¿Qué pasó?
Te desmayaste.
nick se levantó sobre sus rodillas.
¿Puedes culparme? No cada maldito día un hombre se entera de que es papá.
¡Vaya! Ninguna postura machista. Ninguna excusa para su desmayo. Eso la sorprendió.
¿Estás bien?
Supongo. Es una buena cosa que tenga la cabeza dura. Rodó sobre sus pies y se quitó el sombrero. ¿Cómo se llama?
Eliza.
¿Eliza qué?
Eliza Belle.
No. ¿Cuál es su apellido?
Ellison.
―Como el infierno. Esa es la primera cosa que va a cambiar.
nick…
Dame un segundo para pensar.
Mientras más tiempo nick deambulaba y mascullaba para sí mismo, más nerviosa miley se ponía.
Repentinamente él se detuvo y estaba justo en su cara.
Estupendo. Tenemos un bebé. Puedes cambiar su nombre al mismo tiempo que cambias el tuyo. Nos casaremos.
¡Qué!
Casarnos. Como tú y ello formulando los votos tan pronto como sea posible. ―Miró hacia abajo al rostro de Eliza y la dura línea de su suave boca. Ella necesita una madre y un padre y afortunadamente los tiene a ambos.
Eso no significa que vayamos a casarnos, Jonas.
¿Por qué no? nick levantó esos ojos azules, esos ojos idénticos a los de su hija. Su oscura mirada parecía perforar un hueco en su determinación.
Porque tú no puedes irrumpir aquí y formular demandas. Puede funcionar tratar sin contemplaciones al ganado y a los caballos pero eso no surtirá efecto conmigo. Ni siquiera nos conocemos.
Infierno que no.
Piensa en eso. ¿Qué tuvimos? ¿Una docena de citas? No nos hemos visto durante un año. Básicamente somos extraños.
¿Extraños? Engendramos a un bebé juntos. Eso nos convierte en muchísimo más que extraños.
No estoy de acuerdo.
Me importa un carajo si estás de acuerdo o no. Esta pequeña niña señaló con un grueso dedo la oscura cabeza de Eliza, no va a ser una extraña para durante más tiempo. Esa tórrida mirada azul conectó con la de ella otra vez. Puede que tengas razón. No me conoces. Así que déjame decirte algo. No voy a alejarme de ella. Nunca. Cuido lo que es mío. Punto.
¿Qué se supone que significa eso?
―¿No quieres que nos casemos? Bien. Vamos a llegar a conocernos mejor en primer lugar, ya que eso es lo que te tiene preocupada, pensar que somos extraños hizo una pausa. De hecho, va a ser mejor de todos modos.
¿Qué?
―Simplemente me mudaré contigo. Veremos cómo nos llevamos primero.
Campanadas de alerta sonaron en su cabeza.
Oh, no. Absolutamente no.
Silencio.
nick suspiró.
Mira. Sé razonable. No se trata de tú y yo, de lo que fuimos o no, ni de lo que seremos en el futuro. Se trata de ella. Sé que no es fácil ser un padre soltero. Vi a mi primo Cord apañárselas con eso. Tú has tenido que pasar por el embarazo y por todas estas cosas del bebé por tu cuenta y por eso estoy realmente apenado, miley. No puedo cambiar el pasado. Pero estoy aquí ahora. Seré un padre a tiempo completo, no para echarte una mano, sino porque quiero estar en la vida de mi hija todo el tiempo, no sólo como un papá de fin de semana. Así que, por ahora, sería mejor si no la estamos pasando de ida y vuelta entre nosotros, hasta que yo conozca a Eliza donde tú y ella se sientan cómodas. Y eso es en tu casa, bajo tu atenta mirada, para que no pueda hacer algo estúpido o equivocado. Él sonrió con timidez. ¿Para ser realmente honesto? No sé nada sobre chicas. Especialmente sobre bebés.
Cuando nick la miró así, recordó cómo había terminado embarazada en primer lugar. El hombre rezumaba una ardiente sexualidad que aún tenía un poder increíble. Evidentemente, el tiempo lejos de sus intensos ojos y de su diabólica sonrisa no la había hecho inmune a sus considerables encantos porque se encontró aceptando.
Está bien.
Eliza se retorció y emitió un grito de descontento.
En lugar de alejarse de su chillido, nick tiernamente tocó la regordeta mejilla de Eliza.
Ey, niñita hermosa. ¿Por qué te quejas? ¿Tienes hambre?
miley se derritió un poquito ante su inmediata aceptación e interés por su hija.
Siempre tiene hambre cuando se despierta.
Me lo imagino. Siguió acariciando el rostro de Eliza, mirándola con una expresión parecida al asombro.
―¿Quieres sostenerla?
Ni te lo imaginas.
―¿Has sostenido a un bebé antes, verdad?
No por mucho tiempo. Y nunca la mía.
miley se desplazó hacia un lado y suavemente colocó a Eliza en sus brazos.
nick se puso rígido.
Relájate.
¿Lo estoy haciendo bien? Su mirada aterrada buscó la de ella. ¿O la estoy apretando demasiado?
Lo estás haciendo muy bien, papá. Sólo asegúrate de sostenerle la cabeza. miley jugueteó con la manta de Eliza y murmuró: le gusta estar acurrucada cerca de tu cuerpo.
―¿Así?
Síp. Estudió su rostro absorto, boquiabierta por la cruda emoción que no se molestaba en ocultar. Ten cuidado. Se está retorciendo.
No pesa mucho, ¿verdad?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

ohh me encanto seguila

butblop dijo...

te quedo estupendo seguila

eliz_cyrus_miller_jonas dijo...

lo ame te qudoestupendo encerioo

jessi dijo...

te quedo genealisiimo seguila

melani dijo...

seguila ya saris por fas

melina dijo...

seguila niña te amo