viernes, 10 de agosto de 2012

Lost Of Love - Capitulo 20


Capitulo 20
Los días para Nick se volvían inmensamente desesperantes, porque la mayor parte del tiempo se la pasaba pensando en todo lo que ocurría la noche anterior con su castaña. Los negocios ya no le importaban, su intención de humillarla y dejarla en ridículo quedaban en la nada, cada vez que llegaba a su casa, y se encontraba con esa mirada brillante, esa mirada que le hacia pensar que ella tal vez… sacudía su cabeza, tratando de convencerse que eso era solo una ilusión. Era casi imposible que ella se enamorara de él. Sabia que no estaba haciendo las cosas bien. Tenía esa necesidad de hacerle entender que la amaba, pero estaba esa parte siniestra, dolida, que clamaba por sangre. Por otro lado, estaba aun latente, las palabras de Remus "¿Que pasaría cuando Liam y ella se encontraran?" Trataba en vano no pensar en eso. Si ella se fuera con ese infeliz hurón… respiraba entrecortadamente cada vez que esa imagen venía a su mente. Sentía que cada célula de su cuerpo, se revolucionaba, de solo imaginar que esa piel tan suave, que olía a jazmines, pueda ser tocada por las inmundas manos de ese mortífago. Sentía que si eso sucedía, si ella se entregaba al sexo con Hemsworth , la perdería para siempre, y eso terminaría por sepultarlo. No soportaría la vida pensarla y verla con su peor enemigo. Y por esta razón, durante la jornada laboral, se convencía de que era tiempo que el frío y maldito Nick Jonas regresara. Era su coraza, su mecanismo de defensa. Pero cada noche, cuando pasaba por la puerta del cuarto de su mujer, sentía que un imán, lo llevaba hacia el pomo de la puerta, y lo obligaba a abrirla, y allí, todo pensamiento, toda intención se iba por el caño. Sucedía siempre, cada vez que entraba a esa habitación… solo ver ese cuerpo delgado y frágil… esa silueta casi etérea, esperándolo. Porque el estaba seguro que ella deseaba que él entrara a su habitación e hiciera lo que tenia que hacer. Ella no se quejaba, y él, se maldecía por ser tan vulnerable ante esa mujer.
Miley vivía en un mundo de absoluta confusión. Se sentía viva, cada vez que estaba entre sus brazos… pero también se sentía como si estuviera faltándole a sus convicciones, revolcándose con el causante de todo su dolor. Se obligaba a recordar el cuerpo sin vida de su hermano en la cocina de su casa, y la cara de dolor de su hermano Joe , al darle la noticia de que sus padres… y luego recordaba esos ojos cafes que la miraban con compasión… la rabia que afloró por sus venas al verlo tan cínico, dándole el pésame, haciéndose el dolido por la situación, cuando el era el culpable de todo. Se maldecía a si misma, por no recordar eso cuando estaban en una de sus apasionadas sesiones. El tenía ese poder. La hacia olvidar de todo y de todos cuando estaban juntos. El la confundía tanto… No podía odiarlo… ya no sentía ese sentimiento por él, solo sentía la imperiosa necesidad de entregarse, de tenerlo así, aunque sea ese instante, solo para ella. En ocasiones, cuando Nick llegaba demasiado tarde, la rabia la carcomía de pensar que estaba con su amante favorita, Nicole Anderson . Rogaba a todos los magos conocidos, que llegara temprano a casa… y cuando lo veía cerrar la puerta de entrada, se sentía aliviada, y lo miraba fijamente, mientras en su interior sonreía como tonta… esa noche, como todas las noches, ella sería su amante favorita…
Una mañana semanas antes de la Navidad, Miley despertó y como tenía el día libre en su trabajo, decidió que esa jornada sería especial para realizar las compras de Navidad. Bajó hacia la sala y allí se encontró con su cuñada, que con una sonrisa, la miraba de arriba abajo, sorprendida. Llegó hasta el sofá y acomodando su bolso, la miró sin entender por qué su amiga no le quitaba la vista de encima.
- Parece que esta mañana te comió la lengua el gato – dijo Miley mirándola divertida.
- Es que… - Demi bufó - si no viera el cambio que has tenido en estos meses¡no creería que fueras tu!! – Miley sonrió
- ¿Por que lo dices?
- ¡Mira como estas vestida!! – dijo rodeándola, y riendo – Te ves tan…
- Vamos, no es para tanto – Tenía puesta una blusa blanca, un suéter verde y falda algo arriba de las rodillas, con tablas, y botas largas, negras de cuero, que estilizaban mas sus piernas. – Es la misma ropa que suelo usar siempre…
- ¡Pero estás mas – sonrió – mujer!!
- ¡Ey! – le dio un golpe – como si antes fuera un… ¡troll!
- Bueno, eras una chica… ¡ahora eres una mujer!!
- Deja esa estupidez – dijo colorada – ¿tienes que ir a trabajar?
- No… tengo el día libre.
- ¿Te gustaría que hiciéramos las compras de Navidad?
- ¿Para qué crees que vine?
- Bien – se levantó y buscó un largo abrigo - ¿nos vamos?
- ¿Y Nick?
- El tuvo que ir a trabajar temprano…
- Bueno… vamos. Tienes que regresar…
- Antes de las seis.
- ¡Bien!! Entonces tenemos todo el día para nosotras – agregó Demi, abrazando a su amiga.
- No todo el día…. – dijo mirándola – quiero ver a mis padres, también.
- Pero no tendremos que estar con maridos molestos… - dijo divertida.
- ¡En eso tienes razón!! – salieron de la casa y desaparecieron en el parque, para luego aparecerse en un rincón del callejón Diagon. Recorrieron los doscientos metros que las separaban del Banco de Gringots. Al entrar una ola de calor las hizo olvidar del gélido aire otoñal. Suspiraron aliviadas y se acercaron contentas hasta el escritorio de uno de los gnomos que estaba desocupado.
- Buenas días, mi nombre es Ragnok¿en qué puedo ayudarlas señoritas?
- Buenos días – dijo Demi- mi nombre es Demi Lovato y vengo a retirar dinero de mi cámara…
- ¿Tiene la llave?
- Si, aquí la tiene – dijo, entregándole la pequeña llave dorada.
- Bien…. Enseguida uno de nosotros la llevará a su cámara
- Gracias.
- Bueno, el mismo duende puede llevarme hasta mi cámara, así saco el dinero que tengo allí – agregó Miley sonriente.
- ¿Nombre?
- Ginevra Weasley… - el duende buscó en un enorme libro el nombre y número de la cámara – tengo la llave, y el número es…
- Déme la llave por favor – dijo rudamente el duende, interrumpiéndola. Demi miró a Miley, no entendiendo por que le pedían la llave… Ella solo se encogió de hombros, y sin decir nada mas, extendió la llave y se la entregó.
- ¿Para que quiere la llave de mi cámara?
- Porque esta cámara ya no le pertenece…
- ¿Qué!!!? – dijo sorprendida – ¿como que no es mas mi cámara¡Esto es un atropello! – el duende la miró – Sabe usted, señor Ragnok, que dentro de esa cámara, tengo 70 galeones, que son míos y que tengo derecho a sacarlos… y usted no puede… - El duende, le hizo señas para que lo acompañaran. Miley, apretó su bolso con rabia y con pasos seguros fue detrás. Demi, miraba de reojo a su amiga. Si no le daban el dinero, se armaría un revuelo, que aparecería en todos los periódicos. Miley iba absorta en sus pensamientos. Bill ya le había comentado que los duendes a veces se apropiaban de las cuentas de algunos magos. Por supuesto, estaba dispuesta a voltear el mundo para que esas criaturas, no se quedaran con lo poco que tenía. Ragnok, se detuvo frente a una puerta de madera, con aldabas doradas, y les pidió que pasaran. Sin ser cortés, ni invitarlas a tomar asiento se acercó a un inmenso escritorio, y se sentó parsimoniosamente. Miley, que estaba a punto de echar chispas, esperó que el duende le diera una explicación. Este se tomó varios minutos, cuando levantó la vista de unos pergaminos, la miró con aire de superioridad.
- Lo siento señora Jonas… - ella arqueó una ceja al escuchar que Ragnok, la llamaba por su apellido de casada.- pero el contenido de su cámara pasó a una de las tantas cámaras que tiene su esposo, el señor…
- Sé quien es mi esposo, - dijo Miley, ofuscada. Demi la miró sorprendida. Era la primera vez que escuchaba que su amiga no renegaba de su apellido. - ¡pero no por eso se tiene que quedar con mi dinero¡Es mío!! Y es mi cámara, no puede…
- Señora… - dijo el duende casi perdiendo la paciencia – Si ha estudiado un poco la legislación mágica, debe saber que, cuando usted contrae matrimonio en el mundo mágico, las cuentas se unifican… - Miley sintió sus mejillas ruborizarse, al recordar la maldita legislación mágica, sobre los bienes mancomunados- su cámara queda anulada, y el dinero que hubiere allí, pasa a las cámaras a nombre de su esposo…
- Pero que idiotez – soltó – ¿y por qué no pasa su dinero a mi cámara? – Demi bufó, y el duende rodó los ojos.
- Así es la ley… no es a mi, a quien debe quejarse, por el machismo explicito en las leyes creadas por los magos, señora…
- Entonces, si eso sucede, quiero sacar mis 70 galeones de la cámara de mi marido.
- ¿De cual de las veinte? – dijo Ragnok, escribiendo en un pergamino.
- ¿Qué, no eran quince? – dijo Demi, aturdida. Miley abrió los ojos
- ¡De cualquiera!!- chilló - ¡Solo quiero mis 70 galeones!!
- ¿Tiene la llave de alguna?
- ¡Aghhh!!! Le juro que de esto se enterarán sus superiores…
- Es la ley. Si no tiene llave, no puede disponer de su dinero… - Miley lo dejó con la palabra en la boca y salió furiosa.
- Miley espera… ¿dónde vas?
- ¿Dónde crees? – dijo colorada – jamás pensé estar en esta situación…- se frenó en seco – ¡Nick tiene hasta mi dinero!! – dijo histérica – ¡estoy completamente en sus manos¿No te das cuenta¡No puedo disponer de lo mío, si no pasa por su conocimiento!!
- ¡Pero, es la ley mágica!! – trató de serenarla Demi, aunque no lo logró.
- Si, pero yo no quiero que eso suceda… - se encaminó hacia la entrada del Caldero Chorreante – voy a aclarar eso con mi esposo…
- ¿Vas a ver a Nick?
- Demi, a veces pienso que la idiotez de mi hermano se te pegó de alguna manera… ¿Acaso tengo otro marido?
- Vas a enfrentarlo…
- ¡Claro!! Voy a exigirle que me devuelva mi cámara, y mi dinero… ¡no se quedara con lo que es mío, lo que me corresponde!! – Apenas le dio tiempo a la pared para que se abriera, y pasó rápidamente, seguida por una sofocada Demi.
Nick, tenía una mañana demasiada complicada. A las doce y media tenía una reunión con Sam Bradsford… eran las ocho y treinta y aun no tenía, en sus manos el informe del presupuesto, con el monto total de dinero que la empresa Jacobs y asociados, estipulaba utilizar, para decorar cada una de las cabañas del Resort. Su secretaria, iba y venía, de un lado a otro del edificio tratando de llamar al encargado de planificación de la firma, para dar con el bendito informe. Nick estaba a punto de perder el control cuando Kate, con la cara colorada y con sudor en la frente, le entregaba en manos la bendita carpeta. El solo sonrió y la tomó, y le pidió que lo dejara a solas. La secretaria salió, pero a los pocos minutos, entró, diciéndole que alguien lo buscaba. El sin prestarle mucha atención, le pidió que dejara pasar al visitante.
- Pero señor – dijo ella insistente – ¿está usted seguro que… quiere dejarla pasar?
- ¿Eh?
- A la persona que lo busca… ¿la dejo entrar?
- Ah, si claro… deja pasar a…
- ¿La señorita  Nicole Anderson ?
- ¿Ella está aquí? – dijo volviendo a la realidad. La señora Rowling asintió – entonces dile que estoy…
- Demasiado tarde cariño – dijo Nicole entrando. Nick debía ser honesto y aceptar que esa mujer era hermosa. Tenía un ajustado vestido de diseñador francés, color rojo, que le sentaba bien con el cabello negro, y el tapado de piel de zorro blanco, y los tacones rojos. Suspiró resignado – tu, puedes retirarte... – dijo autoritaria, mirando a la secretaria. Ella miró a su jefe que asintió dejando la carpeta en el escritorio.
- ¿Desea tomar algo?
- No Rowling – dijo Nick – ella se marchará enseguida – la secretaria se fue, dejándolos solos – ¿a que viniste Nicole ?
- Bueno… - dijo quitándose el abrigo – si la montaña no va a Mahoma… – sonrió libidinosamente. Nick sonrió. Le causaba gracia la forma en que ella se regalaba – quería saber que te tiene tan ocupado, que no vienes a visitarme…
- Te lo dije¿no lo recuerdas? – dijo él, sin moverse de su sillón – Ya tengo una mujer que me satisface mejor…
- Pero no creo que ninguna te dé lo que yo puedo – dijo acercándose, como una serpiente, contoneando su cuerpo, dejando visible cada uno de sus atributos.
- Nicole … - dijo él con un tono pausado – No me gusta que vengas aquí…
- ¿Por que no? – dijo acercándose y agachándose para que Nick pudiera ver, lo que el generoso escote del vestido, no podía ocultar. El suspiró – ¿acaso tengo prohibido hacerte una visita de cortesía?
- No quiero que vengas aquí… - dijo serio. Ella comenzó a acariciar el cabello y a aflojarle la corbata.
- Tu quieres que este aquí… puedo verlo, por la manera que me miras.
- No voy a negar que eres una mujer muy hermosa... pero… - ella sin ningún pudor se sentó a horcajadas, en las piernas de Nick. El se puso serio – quítate
- No…. – dijo y comenzó a besarle el cuello.
- Quítate- dijo dándole un empujón y sacándola de encima – ¿que quieres?
- Te quiero a ti - Nick lanzó una carcajada desdeñosa.
- Nicole … ¿crees que soy idiota? Dime a que viniste, para librarme lo más rápido de ti.
- Cariño – dijo tratando de besarlo en los labios, Nick apartó su boca a tiempo y el beso carmín, se estampó en la mejilla – nunca te libras rápido de mi… te encanta estar en mi cama.
- No delires… -dijo él, pasando su mano por la cara y limpiándose el labial – que quieres…
- Necesito dinero… - dijo ofuscada.
- Bien… - abrió su billetera.
- No quiero monedas… quiero lo que tenía antes… y te quiero a ti – dijo abrazándose al cuerpo del joven. Y sin que Nick pudiera frenarla, lo besó. El trató de quitársela de encima, pero ella era demasiado insistente… se refregaba vulgarmente a su cuerpo, pero Nick no tenía ganas de hacerse de ese cuerpo. La noche anterior Miley se había mostrado demasiado activa y entusiasmada, y él estaba muy agotado para aguantar los vulgares embates de Nicole . Ella, en cambio, estaba dispuesta a todo con tal de salirse con la suya…
- No tengo tiempo para estas estupideces Nicole – Ella sin embargo, ponía empeño, pero Nick no podía concentrarse en otra cosa que no sea el ruido de unas voces que discutían en la sala de espera.
- ¡Me importa poco que él este ocupado, quiero verlo, y voy a pasar ahora! – dijo una voz demasiada ofuscada mientras abría la puerta y quedaba de piedra. – Vaya¡Perdón la interrupción, de tan ardua jornada de trabajo!
- Miley – dijo Nick empujando a Nicole , quien protestó, por el brusco movimiento.
- ¿Qué, acaso no te enseñaron a tocar la puerta? – dijo esta acomodándose el vestido. Miley tenía un pelotón de lágrimas a punto de asaltar su rostro, cuando miró a su esposo, tratando de limpiarse el color rojo que esa mujer le había dejado en sus labios. Luego lanzó una furibunda mirada a Nicole .
- ¿Y a ti no te enseñaron a ser menos zorra? – espetó con furia. No quería volver su mirada hacia Nick.
- Miley… déjame que te explique… - solo dijo. Ella levantó la mano, imponiendo silencio, y haciendo que las siguientes palabras que iba a decir Nick, quedaran en un intento de explicación. Luego lo miró, tan fríamente que Nick deseó que lo tragara la tierra...
- ¿Qué hace esta zorra aquí? – preguntó.
- Eh…
- Creo que si hablamos de zorras, no deberías acusar… no sea que el calificativo te vaya a ti, mejor que a mi – saltó la morena.
- Como te atreves… - dijo acercándose a Nicole , dispuesta a sacarle los pelos.
- Miley... Nicole ya se va – dijo Nick, tratando apaciguar los ánimos.
- No cariño – dijo Nicole , con una voz melosa, que hizo a Miley dar arcadas – necesito hablar de algo contigo.
- ¿Que no escuchaste? – dijo Miley roja de odio - parece que no entiendes… ¿o quieres que yo te haga entender de otra manera? – Nick la miró. Y sonrió. Las pecas habían desaparecido, a causa del color escarlata, que teñía su rostro.
- Hola Nick… - dijo una temerosa voz desde la puerta. – ¿no interrumpimos nada, no?
- Hola Demi – se acercó hacia su amiga y le dio un beso- Creo que debo decir, que mas oportuna no han sido. – esta lo miró con reproche, y él le guiñó el ojo divertido.
- Será mejor que no la contradigas en nada – dijo Demi en un susurro – hoy no es uno de sus mejores días – Nick rió.
- Esperame afuera Demi – dijo Miley. Demi salió presurosa, junto con la secretaria.
- Miley…
- Y bien Nick – dijo Miley cruzando sus brazos – ¿sacarás la basura afuera?
- ¡No te permito!! - dijo Nicole – si hablamos de basura, mírate tu… pareces andrajosa – Miley cerró los puños y contó hasta diez, si no lo hacia le partía la cara – ¿no te casaste, con un millonario¿Por que no te llena de oro¿O caso no lo satisfaces, como se merece?
- ¿Quien diablos crees que eres para decirme como soy, o como debo comportarme con mi marido¡Si de algo estoy segura, es que no ando revolcándome con los hombres, para que me tiren una moneda para vivir!! – Nicole se puso roja. Nick miraba la escena divertido – Si mi marido no me da dinero, para vestirme tan elegantemente como tu, es porque yo no tengo interés en esos trajes tan costosos… ¿de qué te sirve vestirte con ropa de marca, si tu eres una…
- Bien... basta gatas… - dijo Nick, tratando de que la pelea no se salga de control.
- ¡Dile a esta zorra que se vaya ahora!! – exigió Miley – quiero hablar contigo.
- ¿Quien te crees que eres, para decirle a mi Nick lo que tiene que hacer? – dijo Nicole . Miley sintió un chorro de sangre caliente subir a su cerebro, y una punzada nunca antes sentida, en su cuerpo, que le contrajo los músculos de la espalda.
- ¿Tu Nick? – dijo con la cara roja – Y desde cuando es tu Nick…
- Siempre lo ha sido.
- ¿Acaso eres su novia, su prometida, su mujer…?
- Yo… - titubeó Nicole , Y Miley sonrió.
- Exacto… no puedes decir nada, porque no tienes ningún derecho… solo tienes el derecho de amante… o sea nada – Nick la miro. Miley estaba siendo demasiado hiriente.
- Y tu, qué derecho tienes…
- Vamos… ¿acaso Nick no te lo dijo? – dijo caminando con una sonrisa de triunfo, luego miró al joven – ¿No se lo has dicho?
- Nicole …
- Nick – dijo la morena – quiero que saques a esta insulsa, tenemos que hablar
- No puedo – dijo él y se sentó.
- Pero…
- Exacto… no puede y ¿sabes por que? Porque YO SOY SU ESPOSA – y le mostró el enorme anillo de brillantes, casi refregándoselo en la cara. Nicole se puso blanca enseguida y se sostuvo del escritorio para no caer – así que haz el favor de irte, que necesito hablar con mi marido.
- ¿Nick… es cierto?
- Si…- dijo mirándola – Miley es mi mujer… Ahora par de gatas, no tengo tiempo para ataques de celos, así que Nicole – dijo mirando a la muchacha, que aun no se recuperaba – será mejor que te vayas… y tu – dijo mirando a Miley – a que debo la sorpresa de esta visita?
- ¿Acaso necesito tener una excusa para visitarte en tu trabajo? – Nick la miró sorprendido. – Necesito hablar algo importante contigo… - dijo aplacando su respiración. Nicole tomó su abrigo de piel y su bolso, y pasó cerca de Miley. La miró a los ojos.
- Puedes haber ganado esta batalla, pero no estés tan segura de ganar esta guerra.
- Querida, conmigo en la pelea, eres historia – dijo Miley en un susurro, que nadie más que Nicole escuchó.
- Disfruta de portar su apellido, puede que no te dure mucho… mírate… él te dejara pronto – Miley la miró – eres tan poca cosa… muy pronto se le acabara el entusiasmo, y vendrá a mi…- Miley miró hacia la ventana, y Nicole salió dando un portazo.
- Bien… - dijo Nick – ¿a que viniste?
- ¿Que hacia esa zorra aquí¿Como te atreves… acaso por esto saliste temprano de casa, para verte con esa perra? No tienes cara!! Es que acaso no…
- ¡Calmate y cállate!! – le dijo – ¡No estoy de humor para aguantar tus ataques de celos!!
- ¡No tengo ningún ataque de celos!! – dijo histérica, tirando su bolso al suelo. Nick la miró asombrado – ¡es que vengo del maldito banco, porque quería sacar mi dinero y ahí me entero que unificaron nuestras cuentas… quiero mi dinero y ahora resulta que no solo dependen mis padres de ti, sino que yo también, porque por el solo hecho de casarme contigo mi dinero pasa a tu cuenta… entro y te encuentro revolcándote con esa asquerosa zorra!! Tu no tienes vergüenza!! Y encima tengo que darle explicaciones de por que tengo mas derechos de entrar a tu oficina que ella¿Es que acaso no pudiste decirle que estabas casado¡Claro porque tu eres igual de cínico que esa infeliz, prostituta de alto vuelo!!
- Serénate, quieres… vas a explotar – dijo riendo.
- ¡No me digas que me serene!! Tengo que aguantar que esa ridícula me insulte y tu te diviertes… eres un… - bufo - necesito que agilices la cuenta... ¡quiero mi cámara, y mi dinero, ahora!
- ¿Para que quieres…?
- ¿Para que¡yo quiero mi independencia económica!! – chilló- ¡No quiero tener que venirte a pedir dinero! quiero ir a comprar los regalos de Navidad… ¡yo tenia mi cámara y mi dinero y ahora resulta que no tengo nada!! – dijo casi sin respirar.
- No te quejes… - dijo divertido. Le parecía gracioso verla, allí, toda desencajada, con la cara colorada. – ¿Acaso el duende no te dijo que mi dinero también es tuyo?
- ¡Yo no quiero tu maldito dinero¡quiero el mío!! Quiero mi cámara – dijo acercándose, enardecida.
- ¡Bien! – dijo levantando las manos y burlándose de ella – no me mates!! – rio – ¿cuánto dinero tenías en tu grandiosa cámara?
- Setenta galeones – Nick la miró un segundo, y luego lanzó una carcajada.
- ¿Y haces ese escándalo por esa estupida suma?
- ¡No te burles!! – dijo casi al borde de las lágrimas – ¡es mi dinero, y lo quiero!! – él no paraba de reírse – te dije que dejaras de burlarte! - gritó, y en un descuido de Nick, levantó la mano para darle un golpe. El rápidamente le tomó la mano, y la pasó por su espalda, dejándola atrapada entre sus fuertes brazos.
- Quieta leona.. – dijo acercándola a su cuerpo- parece que voy a tener que tranquilizarte un poco. Ella lo miró a los ojos. El sonrió – ¿Sabes a lo que me refiero, no?
- ¿Qué sucede… - dijo ella furiosa – acaso tu antigua perra te dejó con las ganas? – El la miró serio.
- No… Esa nunca me deja con las ganas… solo que te vi tan furiosa, que creo que necesitas exteriorizar la rabia de otra manera… de la manera que a mi me gusta - Abrió el abrigo, y jadeó… - miren como se vino vestida la señora.- Ella trato de cerrar el abrigo, pero el no la dejó. La sentó en el escritorio, mientras le quitaba el tapado. Ella lo miró con rabia… aunque en su interior, estaba ardiendo de ganas de estar con él. Nick metió la mano por debajo de la falda suave, pero decidido a darle placer, mientras sus labios buscaban el cuello. La tomó de la nuca, y la besó con violencia. Ella enroscó sus piernas en la cintura de Nick y lo atrajo mas a su cuerpo – ¿quieres el dinero?
- Es mi dinero – decía ella perdida entre las caricias. Abrió su camisa, desesperada por sentir la piel masculina. El fue desabotonando mansamente la blusa, mientras su mano le prodigaba caricias, en la entrepierna. Con destreza le quitó las bragas, y desesperado tiró todo lo que había en el escritorio, recostando, en la superficie libre de objetos molestos, a su mujer. Recorrió sensualmente con la lengua, la pierna de Miley, quien se retorcía de placer, cuando Nick comenzó su actividad favorita, saborearla. Todo su cuerpo… su parte mas sensible, y mas húmeda. El sabía perfectamente que eso le encantaba, la volvía loca… y no escatimó en besos, su lengua ávida, provocaba las más indescriptibles sensaciones… Mientras lo hacía, se desabrochaba el pantalón.
- ¿Quieres tu dinero?- susurró, No pudiendo contener mas las ganas de sentirla. Ella asintió, entonces él la enderezó – trabaja por él – le dijo totalmente excitado y en un movimiento brusco la penetró. Los movimientos eran vehementes, rápidos… Miley acariciaba la espalda de Nick por debajo de la camisa, que con el fragor del momento, no había logrado caer al suelo. El serenaba un poco la excitación, provocando gemidos en su mujer, cuando abandonaba la violencia, y se dedicaba a entrar y salir de su cuerpo en suaves vaivenes, que la llevaban a la desesperación. Aunque no la dejaba acostumbrarse a esa suave caricia, porque volvía a la vehemencia y al descontrol. El ordenador cayó al suelo en la última sacudida… la más violenta, la más placentera. Nick descansó apoyando su cabeza en el hombro de Miley, que jadeando trataba de serenar la respiración. El besó su piel, desde los hombros hasta el cuello, subiendo por el mentón, e introduciendo la lengua en su boca. Ella se separó un segundo y lo miró.
- Nick… - dijo. El la miró. Su respiración, jadeante y el rostro bañado en sudor. Miley se dio cuenta que su marido era tremendamente irresistible, aun después de una agotadora sesión de sexo… en realidad se dio cuenta que él era mas irresistible después de un momento de pasión… – Nick… no quiero ser una de tus perras… - El la miro a los ojos. la besó dulcemente, mientras le quitaba la blusa y la falda... y la alzaba.
- No eres una mas de mis perras – ella lo miró, mientras él la llevaba al sofá – eres mi perra favorita… - y la recostó en el sofá dispuesto a seguir con lo que empezaron en el escritorio.
Media hora después, Nick buscaba cada prenda, esparcida por su oficina, mientras su mujer se vestía, sentada en el sofá. El la miraba de reojo. Había tenido sexo en su oficina…en su escritorio. Ahogó una carcajada, cuando vió el ordenador hecho trizas en el suelo… la agenda, y la hojas del informe a presentar desperdigados por la alfombra, alrededor de su sillón. Pensó que antes de ordenar debía vestirse. Cuando levantó la vista, ella ya se acomodaba la falda, y trataba de peinarse… él sonrió. ¿Cuándo su relación con esa mujer se había tornado tan incontrolable¿Cuando una mujer lo habia hecho perder la cabeza así, y en un segundo, convertir esa oficina, para él su santuario, en un sitio para una tremenda sesión de sexo… Ella estaba colorada. Sonrió.- solo ella podría lograr convertirme en un animal de instintos… Pensó.
- Nick… - él terminaba de abotonarse el pantalón y se colocaba la camisa, aunque la dejaba desprendida.- yo, lamento este desorden…
- Descuida – dijo mirando el desastre – ya veré como lo acomodo.
- Quiero mi dinero – dijo ella colorada. El sonrió.
- Bueno – saco la billetera. Ella reacciono
- ¡No quiero tu dinero, quiero el mío!
- Que diferencia hay, en que te dé el dinero de una cámara o de mi billetera… - bufó – Merlín! acabamos de tener la follada del siglo y ahora te pones…
- No seas grosero… -dijo apenada –solo quiero disponer de una cámara, con mi dinero…
- Bien… - dijo ya cansado de discutir. Abrió un cajón del escritorio y de una pequeña caja sacó una llave – esta es la cámara que tenía cuando estaba en la escuela… toma de allí lo tuyo, y desde hoy será tu cámara… dispone de ella como quieras. Y de lo que haya.
- Solo quiero…
- Si ya sé – dijo – tus setenta galeones… que pesada te pones…
- ¿En verdad, no quieres que te ayude a ordenar? – él sonrió.
- No, descuida… - ella se levantó y se colocó el abrigo.
- Me voy… quiero comprar los regalos de Navidad… - Caminaba hacia a la puerta, cuando Nick pensó que no podía perder la oportunidad de saborear esos labios otra vez. En dos trancos llegó a la puerta y la atajó.
- No, merezco otro premio… - la atrajo a su cuerpo y la besó. Ella pasó los brazos alrededor del cuello intensificando el beso.
- No quiero volver a ver a esa zorra… - le dijo seria.
- Descuida… es la última vez…
- Espero – lo besó de nuevo, para hacerle entender lo que podía perderse, si no cumplía el trato. Fue cuando la puerta se abrió, y Remus vio a Nick, con la camisa abierta, acariciando con vehemencia el trasero de su mujer.
- Oh, disculpen…
- Descuida Remus, – dijo ella - ya me iba… - y cerrando su abrigo salió.
- Que sucedió aquí… - dijo Remus al entrar y ver el desastre…- Demi me contó que se juntaron tus dos mujeres… ¿ellas se pelearon a tal punto?
- No… - dijo sonriente - ¿podrías arreglar este desastre?
¿Qué sucedió?
- El fragor del sexo, mi amigo…
- Con cual… - dijo exasperado
- Con la única que podría hacer este desastre, mi mujer… - rio- vengo en media hora.
- ¿Donde vas?
- ¡A mi casa¿O crees que voy a recibir a Bradsford todo sudado?
- Nick… - pero no pudo decir nada mas, porque había desaparecido, dejándolo con la palabra en la boca, y completamente anonadado.

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