jueves, 12 de abril de 2012

Átame a ti - capitulo- 63




Al segundo en que traspasaron la puerta, Eliza tenía los ojos vivarachos y estaba rebosante de energía. Cuando se hizo evidente que la bebé no tenía intenciones de tomar una siesta, miley se escabulló para terminar el papeleo en la planta manufacturera.
Nick había notado algunas cosas en la parte de afuera de la casa de Miley que necesitaban arreglarse. Ató un sombrero en la cabeza de Eliza, y la vistió con un traje que le cubría completamente su piel blanca como la nieve. Le tomó algún tiempo para descifrar cómo funcionaba la mochila para bebé. Una vez que la tuvo atada a su barriga, el rostro hacia adelante para que ella pudiera ver el mundo, sus piernas pataleaban como una rana.
Te gusta estar afuera. Apostaría a que vas a ser una machona. ―Se ajustó la gorra con visera y vagó hacia el viejo granero de madera. El edificio se inclinaba hacia la derecha de mala manera, presentando un serio peligro. Podría colapsar en cualquier momento. Le había hablado a Miley de derribarlo antes de la primera nevada.
Un gran granero de metal prefabricado estaba en diagonal de la casa. No estaba en tan mala forma, pero estaba apiñado con toda clase de trastos viejos… maquinaria antigua, herramientas, latas de pintura oxidadas y sacos vacíos para el pienso. Sogas. Montones de sogas.
Desenganchó un trozo de soga que no era ni demasiado gruesa ni demasiado delgada. Sacudió una sección de treinta centímetros de largo entre sus manos. Era suficiente. La podría destinar para bastantes cosas. Podría ser útil.
Un destello de inspiración lo sacudió. Sabía exactamente cómo sacar partido de la soga. La enrolló sobre su hombro.
Nick siempre hacía las cosas con propósito, así que él estaba contento sólo con merodear, sin ninguna finalidad ni ningún plan en mente, hablándole a Eliza mientras se deleitaban con una tarde ociosa. Le complació que Miley no hubiera cultivado el típico césped suburbano, sino que haya dejado que prevaleciera el paisaje natural. Escabroso. Un telón de fondo con largos pastos dorados y marrones, corto y grueso matorral del color de la canela, la artemisa, y el amarillo ocasional de las margaritas que estaban asomando, todo fundido armónicamente pasando la valla de alambrado y a través del pastizal.
Un roble con ramas nudosas crecía en medio del patio trasero. Usualmente sólo los robles achaparrados sobrevivían y nunca alcanzaban ese tamaño. Se detuvo debajo de la sombra y miró hacia arriba. Una rama maciza emergía del grueso tronco.
―¿Qué piensas, Eliza? Agradable y tranquilo este lugar. Con sombra. Sería un lugar perfecto para hacer un columpio con un neumático, ¿verdad? ¿Podríamos usar una de las grandes llantas del tractor?
Ella gruñó.
¿No? ¿Preferirías tener un columpio de madera para no ensuciar tus hermosas ropas rosadas con el caucho negro? Sus pies se movieron. nick se rió y envolvió las manos alrededor de sus pantorrillas regordetas. De madera entonces, aunque pasarán algunos años antes de que te permita mecerte en eso, cariño.
Si todavía estás cerca de ella.
Se rehusó a considerar que podría no estar viviendo aquí en el futuro. Estaba haciendo progresos con Miley, lentamente, pero todavía era un progreso. Si ella lo admitiría era completamente otra historia. No obstante, hoy, ella había admitido que lo deseaba. Y había estado dispuesta a lanzar la cautela al viento para tenerlo. Hacía una semana él no se hubiese imaginado tener sexo con Miley en una casa extraña, con desconocidos alrededor, y con la posibilidad de ser descubiertos.
Hombre. Eso había sido caliente como el infierno, alzándola contra la pared. Sintiendo la caliente y apretada caricia de su coño alrededor de su polla sin una capa de látex. Miley le había correspondido empuje por empuje, movimiento por movimiento, beso por beso. Esos ruidos que había hecho en su boca cuando se corrió… maldición.
La Miley segura de sí misma escondiéndose en el cuarto de baño de la planta superior de su tía y de su tío lo había dejado estupefacto. Cuando había extendido la mano, tocándolo tan dulcemente, hablándole, y demostrándole que lo necesitaba a un nivel emocional tanto como físico, él había estado tentado de largarle “Bebé, te amo”, en ese mismísimo momento.
Afortunadamente se había refrenado. Hablando de asustar a la mujer. India podría ser del pensamiento de el que no arriesga no gana, pero por estos días, Nick estaba más inclinado de seguir el viejo dicho lento pero seguro.
Nick rodeó el perímetro desde la casa hacia los graneros, para el silo y el galpón de las maquinarias. Él había estado encantado de encontrar el gallinero en forma relativamente decente. Apoyó la bota sobre el escalón más bajo de la cerca, escudriñando el campo. Estudió los parches verdes de pasto alto, notando que ni ganado ni caballos habían pastado en él durante varios años. Se veía provechoso. ¿Cuánta tierra poseía Miley? Exprimió su cerebro tratando de recordar lo que ella había dicho.
Bebé, ¿cuántos acres tiene tu mamá?
Eliza gruñó.
―Ya sé, nunca le preguntes a una vaquera el tamaño de sus tierras. Si pudiera separar con una cerca este área, sería un lugar perfecto para tu pony. ¿Todavía quieres uno blanco?
Ella gruñó otra vez. Entonces nick de dio cuenta de por qué había estado gruñendo.
Uf, eres la Srta. Bragas Hediondas. Vamos adentro y te cambiaré.
Como una pequeña cosa como la caca podía embotarle la mente. Para cuando la había bañado y vestido, se había cambiado su ropa y la había alimentado, ambos estaban bostezando. Nick se extendió en el sofá. Eliza dormía como un tronco sobre su pecho y él no tenía energías para moverse. La verdad sea dicha, no quería moverse. Era una forma ideal de pasar una tarde, en casa con su familia.
Plegó la manta alrededor de ella, le besó su perfumada cabeza y se durmió.


Así fue como Miley los encontró. Padre e hija acurrucados juntos como si fuera la cosa más natural del mundo.
Lo es. Él tiene su sitio junto a ella. Él tiene su sitio aquí. Él podría tener su sitio junto a ti.
¿Pero lo haría él? A pesar que le dijo que había escrito eso en la carta que se había perdido, parte de ella creía que Nick no estaría aquí, con ella, si no fuera por Eliza. Otra parte creía que la razón por la que él se había vuelto tan sexualmente exigente se debía no a obligarla a abrirse a nuevas experiencias sexuales, o a que le diera a él el control de su placer, sino a que ella voluntariamente le permitiera la suficiente variedad sexual como para que si aceptara su propuesta de matrimonio, él no estaría tentado a buscar en cualquier otro sitio la clase de desenfreno que necesitaba en la cama.

1 comentario:

amorciegoniley dijo...

esta ree buenisisisma siguela prontoooooo